La salida de Álvarez de Toledo pone fin a un año de intrigas

'Teo' García Egea siempre vio a la diputada como un lastre para la maniobrabilidad del PP

19.08.2020 | 00:01
Beltrán, número 3 del PP, con Cayetana Álvarez de Toledo. Foto: Efe

pamplona – La pelea en el PP por la dirección del grupo parlamentario en el Congreso ha terminado. El secretario general del partido, Teodoro García Egea, ha ganado el pulso a la destituida Cayetana Álvarez de Toledo y recupera el control para el líder, Pablo Casado.

Los recelos entre la mano derecha del presidente del PP y la diputada por Barcelona comenzaron prácticamente el día en que Álvarez de Toledo fue nombrada, a finales de julio de 2019. Poco más de un año ha durado en el cargo. Como recuerdan varias fuentes del PP consultadas por Efe, su designación creó suspicacias entre los diputados y entre numerosos dirigentes territoriales. Darle ese puesto suponía encumbrar a FAES y a José María Aznar, decían.

Apenas llevaba un mes cuando cuestionó sin tapujos la gestión de Alfonso Alonso al frente, entonces, del PP vasco. A finales de septiembre del 19 se disolvieron las Cortes y se convocaron elecciones. Volvió el runrún en el PP para que Casado acometiera cambios después de los comicios y las miradas se desviaron a la portavoz en el Congreso. El líder la mantuvo.

Sin embargo, la primera muestra de que algo chirriaba en la coordinación entre la dirección nacional (Génova) y el grupo parlamentario se percibió durante las negociaciones para la formación de las Mesas del Congreso y del Senado, noviembre de 2019. El que llevó las riendas fue García Egea, de manera que cuando los periodistas preguntaron a Álvarez de Toledo cuál era el estado de esas negociaciones, admitió que no podía decir nada.

Asegurada la legislatura al salir adelante la investidura de Pedro Sánchez, la portavoz del PP hizo ajustes en su equipo: puso como jefe de gabinete a Alfredo Timermans, próximo a FAES y a Aznar, y se rodeó de personalidades como las de Pilar Marcos o Gabriel Elorriaga.

Antes de que la pandemia del coronavirus congelara la actividad del Congreso, libró un duro debate con el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, por el encuentro con la ministra venezolana Delcy Rodríguez, y durante la pandemia echó un pulso a la presidenta de la Cámara, Meritxell Batet, por la suspensión de la actividad parlamentaria: "El Congreso no se cierra ni en una guerra", afirmó.

La segunda muestra de que la sintonía del grupo parlamentario con Génova no funcionaba llegó con la configuración de la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica tras la crisis del coronavirus. Ana Pastor fue la portavoz y la que encauzó las negociaciones.

Resultó extraño el apartamiento de Álvarez de Toledo si se repara en que los demás portavoces de los grupos lo fueron también en la Comisión. Se explica por la "pésima" relación entre García Egea y Álvarez de Toledo, en palabras de una fuente del partido.

Ella no cambió su estrategia. Continuó con una actitud muy incisiva en las reuniones de la Junta de Portavoces (ha tenido enfrentamientos muy ásperos con Lastra) y en los debates en el pleno en los que tomaba la palabra: el duelo con Pablo Iglesias en el que le llamó "hijo de terrorista" aún resuena. Igualmente, ha intentado este verano cerrar un equipo de asesores de su total confianza a pesar de las reticencias de Génova.

Desde este lunes no podrá hacerlo, ni seguir con los intensos cara a cara con la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, en las sesiones de control al Gobierno. Previsiblemente los haga a partir de ahora su relevo, la diputada riojana Cuca Gamarra, del ala más moderada del PP, y de la que destacan la lealtad. Algo que Casado ha echado en falta en Cayetana Álvarez de Toledo.