Albert Calatrava / periodista de 'tv3' en madrid y uno de los tres autores del ensayo 'la armadura del rey'

"Parte de la armadura de Felipe VI consiste en desacreditar lo que ha hecho Juan Carlos I"

Albert Calatrava es autor, junto a Ana Pardo de Vera y Eider Hurtado, del libro 'La armadura del Rey', donde repasan la actual situación de la monarquía española

22.03.2021 | 00:54
"Parte de la armadura de Felipe VI consiste en desacreditar lo que ha hecho Juan Carlos I"

pamplona – Ya se puede encontrar en las librerías este ensayo, editado en castellano por Roca Editorial, que en dos días ha agotado su primera edición. Escrito por tres periodistas. Ana Pardo de Vera, Albert Calatrava y Eider Hurtado, analizan la armadura que protege a Zarzuela, metáfora que explica muchas claves del reinado de Juan Carlos I y que sigue siendo fundamental en el de su hijo Felipe VI. Por ejemplo, apunta Calatrava, corresponsal en Madrid de Catalunya Ràdio y de TV3, en lo que se refiere a las cuestión económica. "No habrá transparencia absoluta de Zarzuela hasta que por ejemplo se les pida a todos los miembros de la Casa Real que publiquen sus bienes. ¿Cómo puede ser que un alcalde de un ayuntamiento de una población pequeña lo tenga que hacer y los miembros de la Casa Real queden al margen de ello? Aún no sabemos cuánto se dedica de verdad del Presupuesto del Estado a la Casa Real. Los 8,4 millones de 2021 son ficticios, los cálculos a los que apuntamos son entre 50 y 60 millones".

"Muchos ciudadanos se preguntan cómo Juan Carlos de Borbón pudo actuar de tal manera sin que nada se supiera", escriben en la introducción.

–Cuando empezamos a construir el libro, con todas las informaciones surgidas sobre el rey, mucha gente se llevó las manos a la cabeza, como si fuera una cuestión que surge de ahora, como si al rey le hubiese dado de pronto por tener cuentas en paraísos fiscales. Esta armadura es un asunto labrado desde hace muchos años, desde el mundo jurídico, político, empresarial y también mediático, lo que nos ha llamado especialmente la atención como periodistas que somos. Lo curioso es que algunos de los que en su tiempo le reían las gracias a Juan Carlos I, ahora no sé si están haciendo una especie de ejercicio de catarsis, o de liberar ciertas responsabilidades ocultas personales, pero hablan. No todos quieren hacerlo públicamente, muchos lo hacen desde la confidencialidad para que su nombre no salga, pero reconocen que durante muchos años se miró hacia otro lado, cuando no se le protegió, para que el rey hiciera y deshiciera a su propio antojo.

Dicen que esto formaba parte de un "operativo de intereses". Ahora estos consisten en blindar a Felipe VI. Una mudanza de la armadura.

–Creo que parte de la construcción de la armadura de Felipe VI consiste en desacreditar lo que ha hecho Juan Carlos I y poner de relieve lo que ha hecho su hijo para marcar distancias con el padre. La clave de esta futura armadura es la Ley de la Corona que anunció Pedro Sánchez a finales del año pasado cuando más se ha cuestionado a la monarquía. El Gobierno español lanzó una especie de globo sonda que no se sabe muy bien dónde va a acabar, pues no se dan detalles. Durante décadas se nos ha dicho que España era juancarlista, pero ahora el concepto juancarlismo ha desaparecido y somos una monarquía con valores republicanos. No sé cómo se conjuga eso.

Ya lo intentó conjugar Zapatero en 2005. La cuadratura del círculo...

–El PSOE siempre ha tenido que navegar con esta contradicción, de ser una formación republicana y uno de los grandes baluartes de la monarquía. Si una cosa tuvo hábil Juan Carlos, es que supo que a la derecha y a la extrema derecha ya la tenía ganada, pero con esta supuesta campechanía quiso hacer un guiño al extracto social más de izquierda. Y ahí se ganó al Partido Socialista. Una de las figuras clave para entender cómo ha sobrevivido Juan Carlos I es Felipe González.

Dedican un capítulo al 23-F, que adelantamos en síntesis a nuestros lectores. Juan Carlos I sale muy mal parado.

–Planteamos las evidentes dudas que surgen, sobre el papel del general Armada, la relación que Juan Carlos tenía con él, y el encuentro que tuvieron en Baqueira Beret días antes del 23-F, una conversación que Armada evitó explicar en el juicio por el golpe de Estado. Contamos también cómo Adolfo Suárez la mañana tras el 23-F va a Zarzuela y acusa al rey Juan Carlos de que lo que había pasado era por su culpa, por haber dado pábulo y alas a los golpistas. También narramos cómo el antiguo jefe de la Casa del Rey contó que Juan Carlos cuando ve lo que está sucediendo en el Congreso dice: yo no esperaba que hubiese tiros, y le encuentra llorando. Nunca ha quedado muy claro el papel del rey. Es necesario de una vez que se desclasifiquen los documentos oficiales, ya no solo de esa jornada, sino de esos años, porque no es posible que estemos aún con una ley de Secretos Oficiales de la década de los sesenta.

También hablan de la relación que tiene Juan Carlos I con el dinero, en una aproximación biográfica.

–Es verdad que él en los inicios es un rey pobre. No viene de una familia acaudalada. Él cuenta a sus allegados y a su entorno que no tiene dinero, y se compara con otras monarquías. Pero rápidamente empieza a tejer esta red de amigos y empresarios que empiezan a facilitarle dinero. Y la pregunta es a cambio de qué. Contamos cómo se convierte en un comisionista importante, porque estos favores que hace a empresarios no son altruistas. Y explicamos una carta que envía en los setenta al sha de Persia pidiéndole 10 millones de dólares, con el argumento de que se tiene que ayudar al Gobierno de UCD, porque el Partido Socialista está entrando con fuerza. Luego Adolfo Suárez reconoció que de estos 10 millones que recibió el rey Juan Carlos, la UCD nunca supo más. Narramos también la experiencia de un consejero delegado de Campsa que fue a países de Oriente a hacer negocios petrolíferos; a la vuelta le dicen que no se meta, que esto lo tiene gestionar directamente el rey Juan Carlos y pasar por Zarzuela.

"González y el Borbón hicieron un tándem perfecto", escriben. "Felipe lo salvaguardaba del conocimiento público de sus amantes y negocios" al tiempo que "asuntos que implicaban el uso delictivo de herramientas del Estado contaron con el conocimiento y la supervisión del rey".

–Del GAL tocamos una conversación en la que Rafael Vera habla con el rey y le viene a decir que esto se les está yendo de las manos, y el rey le pone la mano en el hombro a Vera y le dice que deje las cosas como están. Es evidente que si un secretario de Estado te está comentando que terrorismo de Estado y cloacas policiales están detrás de esto, y el rey mira hacia otro lado, esto apunta a la gravedad. Felipe González y el rey se necesitaban mutuamente. González, para ocupar una centralidad política y también para apuntalar el régimen del 78. Y el rey vio que el secretario general de un partido socialista le podía ayudar a entrar en unas capas sociales que por origen a lo mejor era más complicado. Esta relación se mantuvo ya fuera del Gobierno. González es clave para entender la abdicación de 2014, porque es una de las personas que le da consejo y le da a entender que lo mejor es que abdique.

En el libro repasan también la relación con Aznar.

–Felipe le dejó moverse libremente, y la primera persona que le empieza a limitar un poco la presencia pública fue José María Aznar, porque recordemos que todos los actos del rey tienen que ser refrendados por el Gobierno. Ya pasó con Felipe VI en la famosa visita que quiso hacer a Barcelona, y Pedro Sánchez le dijo que no. Y con Aznar creo que era sobre todo una incompatibilidad de caracteres. Aznar no soportaba que en los consejos de ministros estos se tuteasen o se llamasen por su nombre de pila. Esto chocaba frontalmente con un rey que se saltaba todos los protocolos, y que incluso llegó a menospreciar físicamente a Aznar y se reía de él y hacía bromas. Esto llegó a oídos de Aznar, y por tanto la relación era bastante mala. Dice gente del entorno de Aznar que quizás no tan mala como se ha apuntado. Yo diría que después con Zapatero y con Rajoy fue una relación cordial sin mucho más fondo.

Por cierto, ¿cómo es la relación entre Pedro Sánchez y Felipe VI?

–Es complicada, porque Pedro Sánchez está en una presión, primero porque preside un gobierno de coalición y porque también tiene un espíritu de su partido que le aprieta, y que considera que con todo esto que está pasando en los últimos meses Felipe VI no se lo está poniendo fácil. Nos comentaba por ejemplo un miembro del Gobierno que al parecer Sánchez se estaba cansando de dar la cara siempre por la monarquía y recibir pocos gestos. Otros miembros advierten de que Felipe VI puede tener la tentación de mirar demasiado para su derecha y extrema derecha, que son los partidos que el están bailando el agua, cuando a lo mejor también tendría que mirar a su izquierda. Que no sea un rey de parte. Que aprenda de lo que sí hizo su padre, que intentó ser un rey más transversal.

Y también un testimonio mira a Letizia como contrapunto.

–La reina Letizia es muy inteligente. Las cosas como son. Y creo que tiene una obsesión personal: ver que su hija, la princesa Leonor, acabe reinando en España. Que sea la primera en democracia. Y eso pasa por que la institución se regenere y sea más transversal. Si Felipe VI no es hábil y no consigue serlo, a lo mejor se abre un melón preocupante para que no pueda reinar la princesa Leonor.

Corinna es clave para que el comportamiento de Juan Carlos se convirtiera en asunto de Estado.

–Juan Carlos quedó prendadamente enamorado de Corinna, e incluso de llegó a plantear el divorcio y casarse con ella, pero se encendieron todas las alarmas, porque Corinna no era una reina más. Era la amante del rey, pero también una empresaria que negociaba con el rey, poniendo en jaque sectores estratégicos de la economía española. Explicamos por ejemplo el momento en que el rey está convencido de que Lukoil, la petrolera rusa, tiene que entrar en Repsol, en contra de los intereses, ya no solo del Gobierno de Zapatero, sino incluso del líder de la oposición, Rajoy. Muchos resortes del Estado le dijeron claramente al rey que no se podía casar con Corinna, que era un peligro, que ponía en jaque al Estado. Por eso, creo que cuando se hizo oficial a nivel interno la ruptura, más de uno respiró. Algunos ya vieron el momento para que abdicara.

"Todo era tan excesivo que la armadura de Juan Carlos reventó por todas las costuras", escriben.

–Se acumularon muchos elementos, empiezan a salir a la luz pública algo de sus negocios, veníamos de Botsuana, del caso Nóos...

Dedican un capítulo a la "armadura mediática" de la mayoría de medios de comunicación.

–Las presiones para publicar sobre el rey aún existen, y es lo que intentamos sacar a la palestra. Existe la autocensura, que es casi peor que la censura. El rey Juan Carlos se hizo amigo de los directores de los medios de comunicación, participan en fiestas, les invita a actos, forman parte de su vida de ocio. Ese es el peligro porque al final implica a los medios en el sistema vigente. Y muchos medios y directores no quieren criticar al rey porque piensan que pueden poner en riesgo el sistema heredado del 78. Hablamos de los medios, pero a nivel general nos ha costado mucho hablar con gente, aún a día de hoy, de la figura del rey. Muchos, entre los cuales incluyo a medios de comunicación, no quieren hablar abiertamente. Eso es inconcebible en una democracia.

Y mientras, Felipe VI da forma a su propia armadura. Y la profesión tampoco sale bien parada. Los egos y la vanidad juegan a favor de la causa monárquica.

–Totalmente. Y eso sigue pasando, porque a los periodistas, y es una autocrítica que tenemos que hacer, nos gusta estar muy cerca del poder. Y a veces que nos pasen la mano por el hombro nos vuelve locos.

Difícilmente la institución va a hacer borrón y cuenta nueva cuando se cree en el derecho de ser defendida o halagada por esa cobertura mediática.

–Las cosas han cambiado en el sentido de que estamos poniendo en duda cosas que a lo mejor hace diez años eran impensables, de momento hay una especie de veda abierta con Juan Carlos, que a mí me parece que es una estrategia, pero sigue existiendo esta armadura con Felipe VI. Y pongo un ejemplo: creo que se habla poco de que en 2019 Felipe VI ya sabía que su padre era beneficiario de una cuenta offshore. y que él también aparece. Eso lo reconoció Zarzuela en 2020, pero hasta entonces en vez de salir públicamente y denunciarlo, se va a un notario y se blinda. Creo que los medios hemos sido poco críticos. Aún no hemos oído desde entonces a Felipe VI hablar de su padre. Ha pasado un año desde que estalló todo. Lo único que tenemos es un mensaje institucional en el que habla implícitamente y el aniversario del 23-F en el que Felipe VI elogia a su padre. Y aquí hay un déficit total de comunicación por parte de la Zarzuela, porque lo que ha hecho es cerrar la persiana. Su estrategia es no hablar, y los medios deberíamos ser más críticos con esta cuestión.

El PSOE es ahora el gran candado de la monarquía, por más que Felipe VI, según transmiten en su ensayo, no esté satisfecho con Sánchez.

–También a veces es una cuestión de egos. Felipe VI en el actual contexto donde quiere marcar distancias con su padre, querría tener una presencia pública más visible. Y aquí explicamos que ha chocado en algún caso con Pedro Sánchez. Pero al final los dos están condenados a entenderse. Pedro Sánchez no va a abrir ningún debate sobre la monarquía. Nunca va a ser el momento. Aunque sí que hay un pulso entre ellos dos sobre el papel que tienen que jugar, pero los dos saben, y en Moncloa lo tienen clarísimo, que Sánchez va a salir siempre al rescate de la institución, le gusten o no algunas cuestiones, como por ejemplo el choque que tuvieron el pasado agosto, cuando Pedro Sánchez se enfadó muchísimo con Felipe VI porque Zarzuela tardó un tiempo en decir dónde estaba Juan Carlos I. Y quien sufrió el desgaste no fue tanto Zarzuela, sino Pedro Sánchez con un gobierno con Unidas Podemos que le apretaba, porque la sociedad estaba escandalizada y se preguntaba cómo podía ser que un rey estuviese fugado y nadie diese explicaciones.

Habla del ego de Felipe VI. Pedir a un rey que no lo tenga, con los fundamentos sobre los que se basa la monarquía, es cuestión casi imposible.

–Pero creo que tiene que ver que ahora mismo su posición de fuerza en la institución cotiza a mínimos. Y a lo mejor él tiene que ser más inteligente. El problema es que un rey no está acostumbrado a que le digan qué tiene que hacer. Por eso Juan Carlos se tomó fatal cuando le dijeron que se tenía que irse de España. Para él fue una humillación. Felipe VI tiene que entender que su supervivencia pasa por un cambio de actitud. El riesgo que tiene es que se convierta en un rey de parte. Y aquí el papel que puede ser muy importante es el de la reina Letizia.

Si los medios de comunicación y una parte importante de la clase política reproducen con Felipe VI errores y comportamientos que tuvieron con su padre, es de suponer que pueda acabar ahondando en los errores que ha mostrado desde que llegó al trono?

–Creo que ahora mismo Felipe VI primero tiene que esperar a ver cómo acaba todo el tema judicial de su padre, y hasta que no se cierre esa etapa, él no puede abrir una nueva. Estoy convencido de que todo lo que está en el Supremo es para acabar en una vía muerta. No veo al Supremo sentando en un juicio a Juan Carlos. De hecho ni le ha citado a declarar la Fiscalía. Cosa que no nos pasaría al resto de los mortales. Hacemos dos regularizaciones millonarias y al minuto siguiente estaríamos citados a declarar. Si Felipe VI no sale salpicado por las corruptelas de su padre, puede tener la tentación de no cambiar de actitud. Pero si él consigue cerrar la etapa de su padre, el cambio radical sería abrir una nueva con una transparencia total de la Casa Real. Para mí es su supervivencia, y si no lo hace en los próximos meses, siempre existirá la sombra de duda sobre cuál es su patrimonio, y si Felipe VI también ha sido beneficiario de alguno de los negocios de su padre. Lo que hizo el 18 de marzo del año pasado con ese comunicado fue dejarlo caer. Vio que si no hacía eso, su hija posiblemente no reinaría nunca, y tomó una decisión. Pero creo que el paso definitivo es que no salga ningún elemento que pueda implicarle en alguna de las corruptelas o de los negocios de su padre.

"Juan Carlos I se convirtió en un comisionista importante, porque los favores que hacía a empresarios no eran altruistas"

"El rey miró hacia otro lado ante el terrorismo de Estado; él y Felipe González se necesitaban mutuamente"

"Hay un pulso entre Pedro Sánchez y Felipe VI sobre el papel que tienen que jugar, pero Sánchez va a salir siempre al rescate"