La crónica de la semana

Buenas noticias para Navarra, malas para UPN

06.06.2021 | 00:37
Javier Esparza (UPN), con Carlos Pérez-Nievas (Ciudadanos), en el Parlamento. Foto: Javier Bergasa

La derecha, que había apostado toda su estrategia política a una crisis dura y larga, no logra disimular su nerviosismo ante la mejora de la situación económica y sanitaria. La respuesta ha sido volver a la plaza de Colón

El Servicio Navarro de Salud pondrá esta semana cerca de 50.000 vacunas. El 41% de la población diana ha recibido al menos una dosis, lo que está permitiendo reducir la presión hospitalaria y mitigar el impacto del virus en la vida cotidiana. Casi un mes después del fin del estado de alarma no hay rebrotes ni el caos que anunció la oposición, y las perspectivas del verano empiezan a ser optimistas.

No es la única noticia positiva que deja la semana. Según los últimos datos de paro más de 3.000 personas han salido del desempleo solo en el último mes y la cifra de cotizantes es la más alta desde que hay registros. Los números tienen muchos matices, y no todos son positivos, pero se confirma una reactivación del mercado laboral, especialmente en sectores clave como la industria y los servicios. Europa ha confirmado además que tramitará los primeros fondos europeos en verano, y que las medidas de austeridad se aplazan al menos hasta 2023. Así que habrá dinero para financiar la recuperación económica, y no será necesario aplicar recortes presupuestarios al menos a corto plazo.

Un horizonte que Navarra afronta con la competencia de sanidad penitenciaria recién firmada. Que si bien tiene un peso menor en el conjunto del autogobierno, supone el primer avance en el cumplimiento del Amejoramiento en los últimos 20 años en medio de una potente inercia recentralizadora.

La crisis sanitaria no ha terminado, y todavía faltan por testar las consecuencias sociales y económicas que deja una situación tan excepcional como inesperada. Hay hastío social, incertidumbre económica y retos pendientes de solución en un contexto presupuestario atado a una deuda pública que no va a ser infinita. Pero en puertas del verano asoma ya la luz al final del túnel, y eso no parece ser una buena noticia para todo el mundo.

Con el pie cambiado Hubo un tiempo en el que UPN presumía de que lo que era bueno para el partido era bueno para Navarra. Pero hoy más bien da la impresión contraria. Es lógico, y hasta cierto punto comprensible, que a la oposición le incomoden las noticias que cree que pueden beneficiar los intereses electorales del Gobierno. El problema es que a la derecha en Navarra se le nota demasiado. No hay más que ver la reacción de sus dirigentes estos últimos días a los datos de empleo, al proceso de vacunación o a la competencia penitenciaria para observar el estado de ánimo que invade las filas de Navarra Suma.

Hay una preocupación evidente en la derecha, que había apostado toda su estrategia política a una crisis dura y larga. Una actitud de bronca permanente que ha crispado el debate parlamentario hasta niveles inusuales en la política navarra, y que no se entiende sin la dosis de frustración personal de quien aspiraba a dirigir una consejería y hoy ejerce un mero papel de oposición. Pero que no justifica algunas actitudes de estos últimos meses, en los que se ha buscado la confrontación política, social y territorial allí donde ha sido posible.

Es el triste epilogo que deja un curso político centrado en la pandemia, y que va condicionar la oposición de Navarra Suma en lo que resta de legislatura. Porque una vez alcanzado el nivel de crispación actual, resulta difícilmente reversible. Lo que aleja cualquier posibilidad de acuerdo con el Gobierno foral y vaticina una huida hacia adelante de la derecha en Navarra en los dos años que restan hasta las próximas elecciones autonomicas.

De momento, UPN ha optado por sumarse a la concentración contra los indultos del próximo domingo en Madrid. Una cita que evoca a la foto de Colón de 2019 y que volverá a dar un protagonismo central a la extrema derecha. Pero que pocos réditos políticos va a reportar a un partido cada vez más desdibujado en el conglomerado de la derecha española.

Porque ni la manifestación va a servir para que el PSOE cambie de aliados, ni va a frenar la irrupción de Vox en Navarra. Más bien al contrario. En un momento en el que los socios del Gobierno empiezan a mostrar discrepancias en materia fiscal o en política lingüística, la respuesta de UPN ha sido cerrar filas con la ultraderecha en Madrid. Por si alguien en la mayoría parlamentaria que sostiene hoy al Ejecutivo foral había olvidado cuál es hoy por hoy la única alternativa al Gobierno Chivite.

Quizá la apuesta sirva en el resto del Estado, donde el PP confía en recoger los escombros de Ciudadanos desde una confrontación identitaria que busca desmovilizar la base electoral del PSOE. Asumido que con las fuerzas periféricas no hay margen de acuerdo, y sostenido por los buenos resultados que le anuncian algunas encuestas tras la victoria de Ayuso en la capital, Casado parece haber apostado todas sus bazas a una mayoría absoluta con Vox. El PP como voto refugio de una derecha movilizada y sostenida por el señuelo xenófobo de Vox. Con elecciones en Andalucía como estación previa el próximo otoño.

Una estrategia de escaso recorrido en Navarra, donde la derecha nunca ha sumado mayoría absoluta, y que solo sirve para cohesionar al resto del arco parlamentario. Pero en la que la formación de Esparza parece insistir en una inercia cada vez más descontrolada sin que en medio de la apatía nadie levante la voz de alarma. Cuando alguien se atreva a hacerlo, será ya demasiado tarde.

La presencia de UPN en Madrid junto a la extrema derecha facilita la cohesión de la mayoría que sostiene al Gobierno de Navarra

En la actitud bronca de UPN hay parte de frustración personal de quien aspiraba

a dirigir una consejería

noticias de noticiasdenavarra