Maite Pérez Larumbe y Ana María Pérez Sota Presidenta y TÉCNICA DE PROYECTOS de la asociación Colectivo Alaiz

“Lo femenino sigue muy desprestigiado y mientras siga así no se estará educando en igualdad”

Maite Pérez Larumbe y Ana María Pérez Sota, presidenta y técnica de proyectos del Colectivo Alaiz, ponen el foco de la igualdad en la educación y en la autocrítica

08.02.2020 | 18:20
“Lo femenino sigue muy desprestigiado y mientras siga así no se estará educando en igualdad”

pamplona - Desde los años 60 y hasta el día de hoy, los centros de promoción de la mujer como el Colectivo Alaiz resultan clave en la evolución del papel de las mujeres en la sociedad, pasando de tener un único rol cuidadora a adoptar un papel activo en el contexto social. Así, muchas mujeres fueron protagonistas y lucharon por conseguir la igualdad entre sexos en las décadas siguientes. Esta es la senda en la que trabajan Maite Pérez Larumbe y Ana María Pérez Sota, presidenta y técnica de proyectos de Alaiz, respectivamente.

La asociación de la que forman parte ha sido galardonada en la segunda edición del Premio Berdinna. Esto deja patente vuestro peso en Navarra.

-Pues sí (ríen). Nos hemos puesto como objetivo no ser modestas. Nuestro perfil es de un trabajo poco visibilizado aunque resistente en el tiempo. Este reconocimiento premia a las cientos de personas que han colaborado durante más de 50 años por lograr la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres. En sus inicios, en 1962, cuando todavía no existía la palabra empoderamiento, Alaiz inició procesos para que las mujeres se empoderaran ellas mismas, lo que entonces se llamaba promoción femenina. La idea era otorgarles un valor personal y social a través de la formación en lo referente a la igualdad de oportunidades, las relaciones de pareja, la sexualidad o los anticonceptivos, entre otras cosas. Incluso, en muchas ocasiones, se les formaba para que pudieran acceder al graduado escolar.

¿En qué líneas trabajan para llegar a estos objetivos?

-Lo principal es el trabajo grupal centrado en la promoción y el desarrollo personal, a través de actividades dirigidas especialmente a mujeres, pero también a hombres. Asimismo, se facilitan herramientas para que de una manera autónoma adquieran una comprensión crítica de su entorno y les capacite para participar activamente. Nos vamos adaptando a las necesidades que demanda la propia sociedad o, incluso, las instituciones.

¿Todos los programas son mixtos?

-La mayoría sí, aunque tenemos dos proyectos dirigidos exclusivamente a mujeres: un programa de salud mental y otro de violencia de género. Además de tratar con adultos, durante 10 años hemos trabajado también en las escuelas con el alumnado, el profesorado y con las familias en los campos de la socialización, las relaciones igualitarias y la prevención de violencia.

¿Cuáles son las carencias de la educación en el campo de la igualdad?

-Durante este tiempo hemos visto que lo femenino sigue muy desprestigiado. Todavía hay profesorado que no cree en el lenguaje inclusivo y aún se usan libros de texto que no recogen la historia de las mujeres. La educación en las escuelas se centra en lo productivo y descuida la faceta del cultivo de las facultades personales y, mientras esto siga siendo así, no se estará educando en igualdad.

Ahora, con más de medio centenar de años de recorrido, ¿cómo ha sido la evolución del papel de la mujer en la sociedad y, en consecuencia, la respuesta de Alaiz?

-Ha habido unos cuantos pasos adelante, pero queda mucho por hacer. En horizontal, se ha extendido la conciencia de necesidad de igualdad a gran parte de la sociedad, pero es una extensión muchas veces únicamente reactiva. Nunca habíamos visto una participación y una respuesta social tan fuerte en lo que respecta a la igualdad, y eso es una oportunidad. El problema es que muchas veces protestamos pero no hacemos autocrítica.

Vemos la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio.

-Además de las exigencias al poder político, la igualdad también se juega en el nivel personal. La cuestión es saber si toda esta extensión en horizontal a la que llegamos tiene también una profundidad vertical en uno mismo. La lectura personal de cómo me encuentro ante la igualdad es mucho más difícil. Admitir que vivimos y vemos situaciones que rompen con la fantasía de una sociedad igualitaria exige mucho. ¿Por qué voy a cuestionar mi forma vital y mi funcionamiento en la sociedad si hasta ahora me ha funcionado?

Su lema desde los inicios era Aprender viviendo. Con lo aprendido hasta ahora, ¿cuáles son los pasos que quedan por tomar?

-Con que se aplicasen las leyes correctamente ganaríamos muchos. No habrá igualdad hasta que se acabe con la brecha salarial, hasta que la corresponsabilidad en el ámbito doméstico sea igual entre mujeres y hombres, hasta que no se deje de discriminar a la mujer... No hay que inventar nada nuevo, el feminismo tiene una historia larga llena de personas de prestigio que lo han estudiado. Simplemente habría que escucharlas.