alerta sanitaria

La juventud, en el centro de todas las miradas

23.08.2020 | 02:00
Oier Sanzberro, Naiara Aramendia, Naroa Zalba y Uxua Aiestaran pasean con la mascarilla puesta por la calle San Antón de Pamplona

Los rebrotes de covid han puesto el foco en un colectivo que, ya de por sí, se siente criminalizado. Mientras, ellos achacan esta señalización a la necesidad de desviar el foco para evitar tratar los problemas que realmente les afectan.

la población joven está en el punto de mira. El repunte de casos de covid-19 vivido tras los no Sanfermines puso el foco en la juventud de un determinado barrio de Pamplona, pero esta estigmatización es un fenómeno que se ha dejado ver a lo largo y ancho de la geografía. Borrachos, irresponsables y poco comprometidos con la sociedad a la que pertenecen. Es una manera de ver a los jóvenes que, de forma más generalizada o menos, ha calado en las franjas de edad más elevadas.

Este periódico conversó con diversos jóvenes de distintas zonas de la Comarca de Pamplona sobre la pandemia de coronavirus. Aseguraron que este señalamiento se debe a la necesidad de desviar el foco de atención para no hablar de los verdaderos problemas que les afectan. La docencia on line ha resultado ser "tremendamente ineficiente", viven una situación económica precaria en la que encontrar trabajo se ha convertido en toda una odisea y se sienten ignorados por las instituciones.

Uxua Aiestaran, de Nuin, Naiara Aramendia, de Beriáin, Oier Sanzberro, de la Txantrea, y Naroa Zalba, del Casco Viejo de Pamplona, reconocieron que "es obvio que ha habido cierta irresponsabilidad" por parte de algunos jóvenes, pero recordaron que muchos rebrotes se han originado en bodas y comidas familiares, "organizadas por adultos". Admiten que "en general la gente se lo tomó en serio", aunque Sanfermines "fue un poco la excepción", pero Aramendia asegura que "visto lo ocurrido, la gente de nuestro entorno empezó a autoconfinarse. Hizo falta un susto para reaccionar ya totalmente". "Casi nadie por su propia salud, sino más por la gente que nos rodea", añade Sanzberro, camarero del Alegria, que indica que "los bares necesitábamos abrir, desde las instituciones se animó a consumir para no parar la economía, pero si luego hay rebrote la culpa es para los de siempre".

Lorea Aguirre, de Gorraiz, también se dedica a la hostelería en el Casco Viejo de la capital y cree que "ha habido algunos acontecimientos y a raíz de ellos se ha culpado a los jóvenes o al ocio nocturno. Culpa la tienes cuando haces algo mal a sabiendas que va a perjudicar". Aun así, matiza que "eso no significa que hayamos hecho las cosas mejor o peor. Todos hemos cometido errores". Asegura que no estaban prevenidos ni pudieron conocer bien el protocolo a seguir, porque "las normas eran muy cambiantes de semana a semana", y recuerda que, "como todos, hemos improvisado sobre la marcha. Por eso creo que no puedes culpabilizar ni a los clientes ni a nosotros, porque al final hemos hecho lo que hemos considerado que era lo correcto". Comenta que "en el primer momento se es inconsciente sin ningún tipo de maldad, y en el momento en el que se lo explicas, son muchos los primeros que se ponen en tu situación". "Hay de todo", zanjó.

En ese sentido, Irati Urrestarazu e Irune Ahechu, de Huarte, denuncian que "durante el confinamiento fuimos nosotros quienes nos movimos y creamos redes de ayuda para hacer la compra a los que no podían salir. Cuando nadie quería salir fuimos nosotros los que fuimos a ayudar a los que más lo necesitaban, pero eso ahora ya no importa". "Haces muchas cosas bien y una mal, y solo se quedan con la mala", sugiere Ahechu.

En general consideran que "sí que hay conciencia colectiva", que la criminalización de los jóvenes viene de "muchísimo antes" y que no es cosa de la covid. "Siempre se ha culpado de todo a los jóvenes", recuerda Sanzberro, mientras Aguirre explica que culpabilizar a la hostelería o a los jóvenes "es una forma de lavarse las manos" y que "es muy fácil hacerlo porque sabemos menos, tenemos menos experiencia y se cree que tomamos las decisiones sin pensar, pero la mayoría pensamos, y mucho. Igual que los jóvenes son más inconscientes los mayores se creen que lo saben todo y no te hacen ni caso. Los hay muchísimo más maleducados. Hay de todo en todas las edades". "Es lo fácil, y cuando tienen respuestas fáciles no tienen por qué complicarse la vida buscando soluciones", añade. Urrestarazu comenta que "creo que la mayoría, y más aquí, somos una juventud que se mueve para todo y está muy implicada en los temas sociales", y Aiestaran que "se nos echa la culpa a los jóvenes pero luego nadie se preocupa de nosotros. Hablan de botellones y fiestas, pero no del futuro laboral que nos espera".

economía y trabajo

De mal en peor

"No hay más opciones"

"Si nos criminalizan de esa forma ¿tú te crees que vamos a encontrar trabajo? La situación está muy complicada y, si ya lo tenemos difícil de por sí, nos lo están poniendo peor", recuerda Irati Urrestarazu, y añade que siempre se han aprovechado de que la gente joven no tiene experiencia para precarizar todavía más su situación. "Pero es que ahora es imposible encontrar el trabajo", dice. Los jóvenes entrevistados tienen claro que "quien consigue trabajo ahora es por enchufe". El verano suele ser la época de mayor trabajo para la juventud, que principalmente trabaja en puestos que no requieren experiencia previa: "Lo más accesible para encontrar trabajo suele ser la hostelería, que a veces también piden experiencia, y ahora está en una situación crítica", recuerda Aramendia.

Como trabajadora del sector hostelero, Aguirre asegura que "no se está trabajando. He pasado de 40 horas semanales el verano pasado a 5 o 6". "Tengo la suerte de trabajar, pero entre comillas, porque lo que estoy haciendo ahora no es trabajar. Desde la perspectiva económica veo muy difícil poder remontar la situación a corto plazo, sobre todo para los jóvenes, pero nos sacaremos las castañas del fuego como les ha tocado a todos los jóvenes", denuncia.

Los jóvenes entrevistados describen una realidad económica muy complicada. Creen que "la independencia económica cada vez se aleja más", ya que "cada vez hay que estudiar más para trabajar y cada vez se empieza más tarde. Es una rueda que no para nunca". Uxua Aiestaran señala que "antes se aspiraba a encontrar un trabajazo y cobrar bien. Ahora la gente piensa en ojalá encontrar un trabajo y que me dé para vivir". Aun así, "se dice que somos conformistas, pero no creo que lo seamos, es que no hay más opciones". Naroa Zalba insiste, en ese sentido, que "aceptas condiciones muchísimo peores porque por muy poco que te paguen ya va a ser más de lo que te dan de paga tus padres. Y no te queda otra".

educación

'On line' pero desatendidos

"Ha sido un desastre"

La vuelta a las aulas es uno de los mayores retos que se les plantea ahora a las instituciones. El confinamiento fue una especie de prueba piloto para probar en qué situación se encontraba el sistema respecto a la digitalización y la capacidad de impartir docencia on line, pero los testimonios recogidos por este periódico creen que no ha funcionado.

"La educación on line ha sido un descontrol total. El sistema educativo no estaba preparado para afrontar una situación así. La página se caía, no iba internet€", se queja Irune Ahechu: "Los estudiantes hemos estado desatendidos". Urrestarazu se le suma para decir que, al igual que los demás estudiantes de último año de FP, no pudo hacer las prácticas: "Tengo un título, tengo los conocimientos que he ido adquiriendo durante el curso, pero tengo cero experiencia. Voy a llegar a un trabajo el día que me cojan y no voy a saber ni por dónde empezar". Al igual que Oier Sanzberro, que tampoco pudo probar el oficio: "yo no sé si en mi título sale que no ha habido prácticas, porque si sale tengo muchas menos probabilidades de encontrar trabajo".

En la educación universitaria no tuvieron más suerte. Naiara Aramendia denuncia que "de cinco asignaturas solo un profesor dio clase diariamente siguiendo la rutina", y Zalba que "ha sido una locura". Se queja de que "han estado más atentos de que no copiemos que de que aprendamos" y Sanzberro se le suma para añadir que "no puedes dar por hecho que todo el mundo tiene acceso a ordenador o internet. Y aun teniéndolo pueden tenerlo ocupado los padres o los hermanos. No hay un ordenador por persona en las casas".

instituciones

Carencias en la comunicación

Piden honestidad

Las jóvenes entrevistadas creen que la comunicación institucional de los gobiernos tiene serias carencias a la hora de llegar al público joven y que su mensaje cale en la juventud, y no lo dicen solo por la confusión que han generado varias medidas aprobadas a raíz de la pandemia. "El gobierno no es capaz de llegar de ninguna forma a los jóvenes", considera Aiestaran, mientras Zalba recomienda a las instituciones "enfocar su estrategia comunicativa de una forma más amplia". "Al final son gente de una edad que no consigue conectar con la gente joven. Enfocan todo con perspectiva de padre, y la sensación que se te queda es: ¡qué pesado!", añade. Consideran fundamental que los gobiernos exploren distintos canales de publicidad a los habituales, "sin dejar éstos de lado", para poder llegar a la juventud. "Todos tenemos Twitter o Instagram, y al igual que nos salen anuncios de bolsos o zapatillas podrían saler indicaciones del Gobierno de Navarra sobre cómo actuar", recomienda Irune Ahechu.

Los testimonios creen que "juegan al despiste", sin dejar claras las normas: "Estuvimos llamando a las distintas policías cuando abrieron las bajeras, pero también cuando las cerraron, y no pudieron darnos una respuesta clara. Cuando ni los propios policías no se saben la norma, que cada agente las ha aplicado según su criterio, ¿cómo vamos a tenerlas claro nosotros?", se pregunta Sanzberro. En ese mismo sentido hablan Ahechu y Urrestarazu, que denuncian que se les cierre la bajera sin atreverse a suspender los alquileres. "No tenemos dinero y encima tenemos que pagar un local que no estamos utilizando", denuncia Irati. Y a Aramendia le resulta muy difícil asegurarse si tenía permitido ir a escalar al monte o no.

Pero estos problemas, principalmente comunicativos, no se deben solo a la pandemia. Reprochan a las instituciones estar muy alejadas de la "realidad joven", pero no solamente de ella. Aguirre comenta, desde su punto de vista de camarera, que "se deciden unas normas que se cree que van a servir pero si tú vienes aquí y ves la situación real incluso pueden ser contraproducentes. Es muy difícil tomar las medidas correctas si no estás dentro". Considera que con una mera explicación honesta las cosas se entenderían mucho mejor.

Partían de una situación laboral muy precarizada, pero la pandemia de covid ha resultado ser la gota que colma el vaso

Achacan a las instituciones estar "muy alejadas" de la realidad joven y les piden claridad y honestidad a la hora de comunicar decisiones

Consideran que la juventud tiene conciencia colectiva y que la criminalización de los jóvenes viene de mucho antes que la covid

Reconocen parte de la culpa por los rebrotes pero, visto lo ocurrido, dicen haber espabilado "más por la gente de alrededor"