Caries, bruxismo y mala mordida: su impacto en músculos y lesiones deportivas
La salud bucodental puede llegar a provocar contracturas, así como afectar al equilibrio, a los músculos y a la recuperación de los deportistas
Hay deportistas que cuidan sus piernas como oro en paño, duermen todos los días sus ocho horas, acuden a sesiones de fisioterapia y controlan hasta el último gramo de proteína que consumen. Sin embargo, a veces descuidan su salud bucodental desconociendo que esta no solo tiene que ver con una sonrisa bonita, sino que también influye, y mucho, en el rendimiento físico y en la aparición delesiones musculares.
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La relación entre la boca y el resto del cuerpo ya no es solo una teoría extraña reservada a algunos especialistas. Cada vez más estudios apuntan a que las infecciones dentales, la mala oclusión o el bruxismo pueden alterar el equilibrio muscular, favorecer contracturas y dificultar la recuperación después del ejercicio. Es decir, que aunque parezca raro, una boca descuidada puede acabar pasándole factura a los músculos.
Bacterias e inflamación
Cuando pensamos en una lesión muscular solemos echarle la culpa al sobreesfuerzo, a un mal calentamiento o a una mala pisada, pero pocas veces miramos hacia la boca. Sin embargo, las bacterias que se acumulan en la boca por caries, gingivitis o periodontitis pueden pasar al torrente sanguíneo y generar inflamación en distintas partes del organismo, y si esa inflamación se mantiene, afectará también a músculos y articulaciones.
Los expertos relacionan estos procesos con una mayor fatiga muscular, más riesgo de contracturas, calambres o roturas fibrilares y recuperaciones más lentas. En deportistas, en los que el cuerpo trabaja muchas veces al límite, el impacto puede ser todavía mayor.
De hecho, ya en los Juegos Olímpicos de Londres de 2012 se encendieron todas las alarmas. Un estudio liderado por Ian Needleman reveló que el 55% de los atletas presentaba caries, el 76% gingivitis y el 15% periodontitis. Más del 40% de ellos reconoció además que sus problemas bucales habían afectado a su rendimiento deportivo y a su calidad de vida.
Una explicación lógica
Visto desde el otro extremo, el deporte de alta intensidad tampoco es precisamente amigo de la boca. El consumo frecuente de bebidas energéticas, geles ricos en azúcares, comidas continuas o el propio estrés competitivo favorecen la aparición de caries y el desgaste dental. A eso se suma el bruxismo, ese hábito inconsciente de apretar o rechinar los dientes, muy habitual en personas sometidas a tensión. El resultado es una sobrecarga de los músculos de la mandíbula, cuello y espalda que puede terminar en dolores de cabeza, cervicalgias o contracturas persistentes.
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También influye la forma en la que encajan los dientes. Una mala mordida o una mordida cruzada pueden alterar la articulación temporomandibular, la conocida ATM, que actúa como una especie de guía postural. Cuando esa articulación no trabaja bien, el cuerpo compensa y esas compensaciones acaban traduciéndose en desequilibrios musculares, molestias cervicales o problemas de estabilidad.
Hay incluso investigaciones que relacionan una oclusión defectuosa con alteraciones del equilibrio, algo que cobra especial importancia en deportes donde la coordinación y la estabilidad son fundamentales.
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La importancia de la prevención
La parte positiva de todo esto es que muchas de estas situaciones se pueden prevenir. Mantener una buena higiene oral, tratar las caries a tiempo, controlar la inflamación de las encías o corregir problemas de mordida no solo protege los dientes, sino que también ayuda a que el cuerpo funcione mejor.
Cepillarse bien los dientes, usar seda dental, reducir el consumo de bebidas azucaradas y acudir al dentista con regularidad son gestos sencillos que pueden evitar problemas mucho más complejos. Porque igual que nadie entendería entrenar una maratón con una lesión sin tratar, tampoco tiene demasiado sentido exigirle al cuerpo el máximo rendimiento mientras la boca acumula inflamación e infecciones.
Durante años, la salud oral ha sido la gran olvidada dentro del deporte. Se monitoriza el corazón, se mide el descanso y se miman los músculos, pero la boca sigue quedándose muchas veces fuera del objetivo. Y quizá ya va siendo hora de entender que una caries no siempre se queda solo en eso, sino que a veces también termina pasando factura en el gemelo, en el cuello o en la espalda.
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