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El paso de Joselito por Pamplona

03.05.2020 | 01:22
Joselito, entre toro y toro en el callejón de la plaza vieja de Pamplona, el 7 de julio 1915.

Entre los varios centenarios de distinta índole que nos está tocando vivir últimamente, el próximo 16 de mayo se conmemora la muerte del torero Joselito, conocido también como Gallito. Este reportaje recoge sus actuaciones en la plaza de Pamplona

En la huerta llamada El Algarrobo, en la calle de la Fuente, en Gelves (Sevilla), nació, el 8 de mayo de 1895, José Gómez Ortega.

En abril de 1912 hace su presentación en Madrid. El 28 de septiembre su hermano Rafael mas conocido como El Gallo o el divino Calvo le da la alternativa en Sevilla. Ese mismo año torea 14 corridas de toros. En 1913 torea ochenta. Sigue los años posteriores su marcha ascendente toreando mas de cien corridas al año.

La temporada de 1920 la empezó el 4 de abril, en Sevilla. Unas semanas después, un toro de nombre Bailaor acabó, en Talavera de la Reina, con una de las figuras mas grande del toreo. Era el 16 de mayo de 1920; toreando con su hermano político Ignacio Sánchez Mejías reses de la viuda de Ortega, el quinto toro le cogió cuando José miraba la muleta para arreglarla o cambiar de mano. Recibió tan tremenda cornada en el vientre y dejó de existir a los pocos minutos de haber sido llevado a la enfermería.

Cuando a las nueve de la mañana del día 19 de mayo llegó a la estación de las Delicias de Sevilla el tren que conducía el cadáver de Joselito, un inmenso gentío ocupaba totalmente los andenes de la estación. Seguidamente, en un silencio impresionante, comenzó a moverse la comitiva con el féretro a hombros en dirección al centro de la ciudad. La llegada a la Alameda de Hércules fue un río de masas donde todos los balcones del gran paseo lucían colgaduras de luto y las columnas de los Hércules aparecían con crespones negros. El día anterior, el cortejo fúnebre ya había sido paseado en Madrid por la Puerta del Sol y proximidades de la Puerta de Alcalá ante un baño de multitudes.

Escritores, poetas, pintores y escultores hallaron fuentes de inspiración en su vida, en su arte y en su muerte.

gallistas y belmontistas Es en el año 1914 cuando empieza de verdad la rivalidad y la competencia entre gallistas y belmontistas. Anduvieron a golpes y discusiones defendiendo a sus ídolos taurinos en las plazas de toros y en las tertulias de café, dándose en muchas ocasiones el curioso caso en los graderíos de que, cuando toreaba Belmonte, los joselistas se volvían de espalda como despreciando su labor y viceversa cuando toreaba Joselito.

Joselito dominaba los toros como nadie, pero fue un torete de una ganadería medio anónima y en una oscura corrida provinciana el que atropelló y destruyó en un momento la maestría del torero, el llamado rey de los toreros, el mas sabio, al maestro, al fácil, al único.

debut pamplonés en 1915 La primera vez que se contrata a Joselito para torear en Pamplona es en el año 1914, pero se cayó del cartel pamplonés tan solo unos días antes por haber sido cogido por un toro en otra plaza y estar varias semanas convaleciente. Debutó al año siguiente, 1915, con tres tardes contratadas. Volvió el año 1917 toreando cuatro corridas más la del día 9 que fue de prueba.

En el año 1918 el programa de fiestas añadía cuatro corridas de toros y una de prueba y Joselito participó en cuatro tardes. En el año 1919 lo contrataron para las cinco corridas que se dieron ese año incluida la de prueba, llegando a torear en total dieciocho veces: 14 tardes mas cuatro corridas de las llamadas de prueba que por lo general estas se celebraban por la mañana del día 9 con un solo toro por torero.

Según cuenta Galo Vierge, "en España se respiraba la edad de oro del toreo, y el suave silencio de Pamplona de aquel 7 de julio de 1915 se rompió estrepitosamente a las seis de la mañana, a la hora del encierro, cuando dieron suelta desde el corralillo a los seis toros navarros de la ganadería de Alaiza, que iban a ser lidiados por la tarde por los diestros, Francisco Posada, Saleri II y José Gómez Joselito, que hacía su presentación. El acontecimiento taurino fue extraordinario. A Pamplona acudieron ese día centenares de forasteros.

¡Cómo estaba la plaza de toros aquella tarde! Los graderíos rebosantes de público esperando con inusitada paciencia a que diese principio la fiesta; las cuadrillas de mozos bailando incansables sobre los tablones de madera que servían de asiento en el tendido de sol, haciéndolos vibrar bajo el viril impuso de balanceo de los mozos pamploneses.

¿Y Joselito€? ¡Cómo estuvo Joselito aquella tarde! Toda la gama del toreo del primer tercio, la desarrolló maravillosamente. En un toro hizo el galleo, que consistía en correr delante del toro de espalda, llevando el engaño sobre los hombros, girándolo suavemente a derecha e izquierda con el toro encelado en la tela, recorriendo de esta forma parte del redondel, para terminar con una revolera. Años mas tarde, el que fue gran torero madrileño Marcial Lalanda, realizó algo parecido de frente al toro, en el llamado quite de la mariposa.

Joselito banderilleó esa tarde a sus toros con maestría insuperable. Cuando en el toro de su debut los clarines anunciaron la señal de matar, la plaza se envolvió en impresionante expectación. Después€ el estruendo de las ovaciones, el grito ensordecedor de la multitud llena de frenético entusiasmo ante aquel derroche de arte, de maestría y de superación. Fue una faena cumbre donde se encontraron todas las armonizaciones ante un toro navarro de la ganadería de Alaiza que demostraba con su fiera embestida la casta y bravura de la tierra. "¡Joselito! ¡Joselito!", clamaba la muchedumbre, que, de pie sobre los asientos, parecía enloquecer de alegría. Y vino después una gran estocada en lo alto del morrillo, dobló el toro, y los pañuelos flamearon con frenesí pidiendo premio para Joselito, que todo emocionado miraba a la presidencia. Dos orejas y rabo, vuelta al ruedo y salida al tercio. La apoteosis del bien torear quedo grabada en la plaza de toros de Pamplona, en aquel 7 de julio de 1915".

con toros navarros Otro de los grandes acontecimientos que protagonizó Joselito a su paso por Pamplona fue el día 8 de julio de 1918 lidiando toros navarros de Cándido Díaz. Esta corrida, (según cuenta también Galo Vierge, que la vivió en directo) había despertado una gran expectación en Pamplona y en toda la comarca ribereña. ¡No era para menos! Después de haber desaparecido varias ganaderías navarras como, Lizaso, Guenduláin, Pérez Laborda he incluso los famosos Carriquiris (los que más fama dieron a la casta Navarra) y otras, ese día hacia su presentación en la vieja plaza de toros Cándido Díaz, prestigioso ganadero navarro cuya familia supo mantener la tradición ganadera desde que se fundó en el año 1865. Don Cándido eligió para ese día seis magníficos ejemplares que causaron la admiración de los muchos aficionados que bajaban a los corralillos del Sario a verlos.

El aspecto de la plaza de toros ese día resultaba brillantísimo. Y Joselito esa tarde estuvo inmenso, demostrando el dominio y el poder que tenía delante de los toros aunque estos fueran de mucha casta y mucha fuerza, haciendo bueno el porqué le llamaban el rey de los toreros.

Ese mismo día, por la noche, Joselito, acompañado de su cuadrilla y de algunos aficionados pamploneses se encontraban ante un velador del Café Iruña, donde hoy se encuentra el portal del Casino Principal y donde tenía el consultorio el dentista Rubio, que como publicidad exhibía una vitrina con una dentadura postiza que se abría y cerraba automáticamente causando el asombro de chicos y grandes, y la del propio Joselito y compañía, que se detuvieron unos instantes a ver aquel ingenioso artilugio.

Joselito, como siempre, vestía de torero. Sombrero cordobés. Camisa de rizados bullones con botonadura de oro y brillantes. Entallado traje corto que hacía resaltar más si cabe su gallardía figura. ¡Torero en la plaza y en la calle! Con gran animación, Joselito y sus amigos charlaban de las incidencias de la corrida de la tarde cuando acertó a pasar por allí don Cándido Díaz acompañado de unos amigos. Don Cándido, con la ribereña nobleza que le caracterizaba, al ver al torero se dirigió a él, a saludarle, diciendo al tiempo que le estrechaba la mano: "¿Qué opina usted de mis toros Joselito?". "¡Hombre!, ¡Por Dio, don Cándido! –exclamó el torero–, que apoco me quedo sin cuadrilla. Un poquillo meno de fuerza en sus toros no estaría de ma. No lo digo por mí; sino por mi gente de a caballo, que de tanto golpe que han resibío tienen el cuerpo ma negro, que el botijo de un trenero". La carcajada fue general.

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