Ana Vallés / Directora de 'Daimon y la jodida lógica'

"Estamos muy atados a la lógica y en la vida no todo se traduce en palabras"

22.07.2020 | 00:05
La directora Ana Vallés, en una imagen de archivo.

El Festival de Teatro de Olite acoge este miércoles, a las 22.00 horas, 'Daimon y la jodida lógica', el espectáculo de la compañía Matarile. Todavía quedan entradas a la venta, al precio de 18,95 euros

Teatro, música y danza se unen en Daimon y la jodida lógica, el espectáculo que la compañía Matarile pondrá este miércoles en escena el escenario de La Cava. Alejado de etiquetas convencionales, se trata de un montaje que apela a lo irracional y al yo incomprensible del espectador. "Cada función es única, me gusta decir que más que una representación, cada día es una presentación y no es algo que se repite", avanza su directora, Ana Vallés.

Comencemos por la pregunta que abre la sinopsis del espectáculo: "¿Qué es el Daimon?"

–El daimon es un término de origen griego para conceptualizar esta fe de los griegos en el destino incuestionable y como el hombre estaba regido por un destino que ya estaba escrito. Después, a lo largo del tiempo y de las culturas, esta figura fue cambiando de concepto: el carácter del hombre, Heráclito, era su destino y era capaz de modelar su carácter, con lo cual el destino estaba en sus manos. Y después, tanto como por la religión como por el psicoanálisis, fue pasando por otros conceptos, de ser casi como un ángel custodio y voz de la conciencia; a ser algo demoniaco que nos empujaba a tomar decisiones que racionalmente no tomaríamos; pasó a ser el subconsciente de Freud, a la intuición, al impulso creativo... A mí me parece que el daimon simboliza todo lo que nosotros no podemos razonar o explicar y es maravilloso, porque ha sido una necesidad a lo largo de todos los tiempos: el deseo del misterio y de buscar lo inexplicable, de lo que hay por debajo de la realidad.

¿El arte no se entiende sin ese lado daimonico?

–Exactamente. Y no sólo a nivel artístico, uno cuando de repente se ve sorprendido en su vida por un paso o una decisión inesperada y su vida cambia de rumbo... Quizá esos pasos que damos son los que más determinan lo que será después nuestra vida y no los damos meditados racionalmente.

¿De qué manera salta al escenario la figura del daimon y como marca el espectáculo?

–Para mí los temas de los que parto son pretextos y en este caso, como el Macguffin de Hitchcock, me da pie para tratar otras cosas. En realidad siempre hablo de las mismas cosas: de la vida, del tiempo, de la fragilidad de los cuerpos, de nuestras relaciones interpersonales –que siguen siendo un misterio–, igual que la propia muerte... Y son los temas de siempre, porque creo que lo apasionante del arte está en las formas. Los ciclos artísticos varían, porque varían las formas de presentar esos temas, que son siempre los mismos. Me parece que el daimon tiene mucho que ver con lo que yo entiendo que es el teatro, o lo que me gustaría expresar en el teatro: que el espectador pueda ser arrastrado por una serie de sensaciones y percepciones que no pude racionalizar. Quizá sí después, a posteriori, pero que en ese momento se vea arrastrado a unos estados anímicos o una manera de estar ante algo que desconoce.

¿Qué sensaciones van a tomar esta noche el escenario de La Cava?

–No me gustaría decir un razonamiento general, porque considero que cada espectador es un ser inteligente y que tiene su propia percepción. Presentar algo que sucede verdaderamente, que es un acontecimiento, que puede sorprendernos. Me gusta citar al filósofo ?i?ek, que dice que siendo el acontecimiento algo que nos sorprende, lo importante no es tanto en el acontecimiento en sí, sino nuestro comportamiento ante él. Creo que cada persona desde su propia cultura, prejuicios, edad e incluso cansancio particular de ese día, ve el suceso de una manera u otra.

El espectáculo reúne a un equipo de intérpretes y músicos, ¿cómo es Daimon y la jodida lógica a nivel formal?

–Una mezcla de teatro, música y danza. En el lado musical, hay varios instrumentos en escena y hay protagonismo para la percusión, también hay una viola procesada, dos teclados, una trompeta, una guitarra eléctricas... Nos gusta mucho que todo acompañe y salga vivo de la escena. Creo además que la música en directo redunda en esta sensación a la que pude llegar al espectador. También hay una plástica muy cuidada, tanto en iluminación como en el concepto espacial. Por eso estamos con mucha curiosidad por ver como queda aquí la adaptación, que la hemos trabajado desde luego, pero siempre jugamos con los espacios in situ.

¿La de esta noche será una oportunidad para escapar de esa jodida lógica y dejarse llevar por el instinto y lo intuitivo?

–Sí, considero que tanto el hombre como nuestras relaciones humanas están basadas en la lógica del lenguaje. Estamos muy atados a esa lógica y hay otras capas de comunicación que establecemos, que no son transmisibles con palabras, y es a ellas a las que apelo en el teatro. Volvemos al daimon, porque creo que en nuestra vida, no todo lo podemos traducir en palabras. De hecho, hay ejemplos como algún sueño que nos ha marcado muy profundamente, que lo traducimos en palabras y queda reducido a algo anecdótico. Lo mismo pasa con sensaciones muy fuertes de otro tipo, como el miedo o el amor.

Y como ha dicho, el teatro.

–Por supuesto. Para mí el teatro, en los últimos siglos ha estado muy atado a la literatura y a la palabra y me parece una pena, porque nosotros no prescindimos de la palabra y la utilizamos, pero no como algo narrativo y explicativo. No para establecer una lógica narrativa.