María Terremoto presentará su nuevo disco, ‘Manifiesto’, compartiendo escenario con Lela Soto y Ángeles Toledano, otras dos jóvenes figuras del flamenco, este sábado en Baluarte.
Viene a Pamplona con su último disco, Manifiesto. ¿Qué es lo que quiere manifestar con este trabajo?
–Con Manifiesto quiero, sobre todo, que la gente se apoye un poco en él, a modo de superación, porque para mí es lo que ha sido. Se trata de un viaje personal que necesitaba plasmar y exteriorizar, tenía esos sentimientos dentro, es como un grito de superación.
Habla del concepto de viaje y es cierto que el disco parece que es una travesía desde la oscuridad, con esa primera canción que canta a la muerte, hasta la luz, con esa Coronación, llena de frases positivas. ¿Se trata de una vivencia personal?
–Sí, sí, absolutamente. Es súper personal, por eso digo que, aunque tengo un disco anterior también y prontito empezaremos a trabajar en otro, seguro que ninguno va a ser tan especial para mí, ha sido como el primero. Lo siento muy mío porque ha salido de mis adentros, necesitaba hacerlo y que la gente conociera mi fondo; los artistas somos personas y tenemos también momentos en la vida que nos hace falta pasar para poder llegar a un punto bueno; para llegar a la luz, como explico en el disco.
¿Qué papel ha jugado la música para hacer este trayecto de un momento más oscuro a un momento más luminoso?
–Un papel primordial. Cada cante tiene su carácter y en este caso el segundo tema que hay en el disco que es una petenera, Alma, no salgas del cuerpo; la petenera es un cante al que los flamencos le tenemos como mal fario, aunque yo no tengo esa superstición, me parece un cante muy bonito y que está como en el olvido. Es un cante solemne y me parecía ideal para explicar lo que tenía que contar en ese momento.
En los momentos más oscuros, ¿escribir es liberador o doloroso?
–En este caso ha sido un poquito de todo. Como es algo personal mío y lo que cuento son vivencias propias y momentos de mi vida en los que me he encontrado mal, bien y regular, ha habido momentos que sentía pena, otros que sentía nostalgia, otros en los que me sentía poderosa, otros en los que me sentía nada… Lo hice, además, sola, creo que necesitaba ser así, y he sentido de todo al plasmar emociones, porque revives todos esos sentimientos y esas dudas que tienes. Escribir este disco ha sido doloroso, pero también divertido. La alegría y la bulería fue de otra manera: yo la llevaba hecha, pero no nos gustaba mucho y la compusimos ya en Madrid, grabando el disco. En la misma casa nos bebimos una cervecilla y ahí salió la alegría y la bulería.
Hemos hablado de que el disco empieza en el momento más oscuro y, de hecho, mientras lo escribía tuvo una crisis existencial, incluso se llegó a plantear dejar la música. ¿De dónde nacieron esas dudas y qué le hizo seguir adelante?
–Yo empecé muy pequeñita en la música, y a trabajar profesionalmente con 16 años. Solté el estuche y me fui a un escenario, y quizá me encontré en un mundo donde no sabía nada. Todas esas incertidumbres, todas esas dudas, a una persona insegura como yo, al final le pasan factura. Me sentí en medio de la nada. No me sentía, no me encontraba. También me vinieron cosas que me echaron para atrás y eso me afectó muchísimo. Hubo un momento de mi vida en el que dije: paso, no me complico, ya está. Pero en el fondo sé que yo no podría vivir sin cantar y sin ser lo que soy, desde pequeña sueño con lo que tengo ahora, gracias a Dios. Ha sido mi sueño desde chica. Poco a poco todo va volviendo a tu ser. Mi vida sin la música y sin mi trabajo no sería igual, no tendría sentido.
El disco tiene un pie en la tradición pero también tiene otro pie en lo contemporáneo. ¿Es algo que busca? ¿Le sale naturalmente?
–Es algo que busco pero también me sale naturalmente, creo que también por la generación a la que pertenezco y las influencias que tengo, tanto antiguas como modernas. Sale un poco natural, pero también es lo que buscamos todos: explorar. Me gusta conservar la raíz, pero intentando también estar en la actualidad.
Al hilo de esto, una vez le leí una frase que me gustaría que me explicara: “No me considero parte del purismo, me considero parte de la pureza”.
–Cada uno tendrá su punto de vista, pero yo me considero parte de la pureza porque es lo que he vivido, lo que me han transmitido desde pequeña. Y no me considero parte del purismo porque muchas veces, y eso pasa en todos los sectores, pasa en el toreo o en el jazz y en todo lo que sea de raíz, hay un colectivo de personas que no acepta que el flamenco avance, pero realmente creo que ahora mismo el flamenco está en un punto increíble y que el purismo ahora mismo no importa. Yo me considero parte de la pureza y no del purismo. Mi padre era puro y cantaba puro pero mi madre después escuchaba a Enya, le gustaba Pasión Vega, escuchaba de todo y es lo que a mí me han transmitido desde pequeña .
En el disco ha participado Yerai Cortés, que ha tocado la guitarra y lo ha producido. ¿Cómo ha sido trabajar con él?
–Trabajar con Yeray es muy fácil, es un pedazo de músico y un pedazo de artista y de productor. Lo admiro muchísimo, ha sido guay y muy fácil. Entendió muy bien el proyecto, lo cogió a la perfección y lo trató con mucho cariño, con mucho respeto, estoy muy contenta.
En Pamplona compartirá escenario con Lela Soto y Ángeles Toledano. ¿Cómo va a ser el concierto?
–Cada una hacemos nuestra parte y también haremos algo juntas. Las quiero y las admiro mucho, me hace mucha ilusión compartir con ellas porque creo que las mujeres y las mujeres jóvenes ahora mismo en el flamenco están pegando fuerte y me parece genial. Cada una tiene su estilo, su personalidad y su forma de hacer, y creo que eso está muy bien también, que haya diversidad y que no sea todo igual. Nos entendemos muy bien, cada una de nosotras sabe lo que hacen las demás. Hace poco estuvimos las tres juntas en un homenaje a Pepe Habichuela que se hizo en la noche del Botánico en Madrid y nos lo pasamos increíble; aparte de lo puramente musical, en los camerinos nos lo pasamos super guay porque estamos todas locas (risas).