Entre lo sagrado y lo profano
Los tradicionales Conciertos Sacros, organizados por el Ayuntamiento de Pamplona, son confiados, fundamentalmente, a entidades locales. La más antigua, la Capilla catedralicia, centra en el relato de la Pasión de Cristo, su concierto. Ricardo Zoco ya en pleno relevo a Sagaseta, –presente en el concierto– como Maestro de Capilla. A Zoco le recuerdo dirigiendo a un conjunto vocal e instrumental, un comprometido programa en torno al órgano de Lumbier, (DN. 8-8-2012); así que el Maestro tiene un largo recorrido. En la nómina de autores, como es de esperar, diversos maestros de capilla de la catedral. La clave del resultado suele estar en pillar las acústicas de la Seo. Porque suele engrandecer unas obras, y emborronar otras. Zoco se hace, afortunadamente, con la acústica y toma un tempo calmado, incluso lento, en los compositores maestros de capilla, (Escaregui, Rotellar), y del motu proprio, (Torres, Otaño, Goicoechea y Prieto), que abren la velada. La música respira y llena la nave. El Venid lamentos, saliendo desde el fondo, se va abriendo de la oscuridad a la luz. Son intensos los tramos de recitativo, con la regulación y descansos por secciones muy logrados, demostrando sensibilidad en la dirección; aunque en Prieto, un órgano un poco más tapado le hubiera ido mejor al solista. También en Oi Gurutze de Sagaseta, desde mi posición en la nave, y, aún siendo protagonista de la armonización, el órgano tapaba algo al coro. Bruckner, por la influencia sinfónica que tenemos, me encaja más en gran coro, aunque musicalmente se salva. El relato de la Pasión según San Juan con los comentarios de T. L. de Victoria es francamente hermoso, profundo y meditativo. Impecable el coro, y excelente el parlato con una voz grave de Jesús de rotunda autoridad. El comentario, no obstante, en el público, fue si no hubiera sido mejor hacer un resumen para el concierto. En la liturgia quedaría perfecto. Se cerró la velada con nuestro insigne y mejor polifonista M. Navarrus. Y una propina para los aplausos de la nave central llena.
SINFÓNICA DE NAVARRA
El concierto de ciclo de la Sinfónica Navarra no estaba planteado dentro de los conciertos sacros; y, sin embargo, Maite Beaumont cerró el programa con una soberbia versión de la Escena de Berenice, de Haydn, mujer que, curiosamente, aparece en los Hechos de los Apóstoles (25.13 y 26.30), que dio que hablar como hija de Herodes, y que, sin embargo, no veía culpa en San Pablo. Aarón Zapico presenta una orquesta transformada en un ensemble barroco para abordar un clasicismo punzante, luminoso, casi percutido en el estacato, clarísimo en la digitación de los intérpretes, maravilloso. Una acentuación contundente como motor del tempo. Así, Laserna es redescubierto, Castel descubierto, Boccherini, en un fraseo saltarín y muy sólido a la vez, profundamente arraigado en la cuerda grave (un bajo continuo, que todo lo arma), y un perfecto acompañamiento en Haydn a Maite Beaumont: magnífica en recitativos y arias. Me comenta un aficionado asiduo: “fíjate si han tocado bien a Laserna, que a ratos me sonaba a Mozart”, sin querer menospreciar al de Corella. Zapico es siempre un mago en el estilo (sobre todo barroco y clásico) que aborda. La carrera de Maite Beaumont, (que, por cierto, también cantó en la Capilla catedralicia), es esplendida (DN. Liceo Barcelonés 27-3-2006. Baluarte 1-4-2006, por poner dos ejemplos), y su voz sigue sin asomo de impurezas de vibrato o cansancio. Maite bordó el recitativo dramático, y supo pasar del desgarro imprecatorio a un lirismo amatorio en las arias lleno de matices y excelente fraseo. Su intervención supo a poco.
Capilla de Música de la Catedral
Ricardo Zoco, Maestro de Capilla. Orquesta Sinfónica de Navarra: Maite Beaumont, mezzo. Aarón Zapico, dirección. Catedral de Pamplona, 25 de marzo de 2026. Baluarte, 26 de marzo de 2026.