Imanol Ibero: "Hay que asegurar que las personas jóvenes del pueblo con vocación puedan optar a tener su finca"

07.02.2021 | 00:31
Imanol Ibero, en una de sus viñas, con vistas de Aibar, pueblo en el que ha crecido.

Ibero muestra su malestar con los políticos. "Menos fotos y más fondos para los pueblos", reclama. Cree necesario la constitución de "comunidades rurales empoderadas".

"Decidí volver a Aibar, cuando me acostumbré a no saludar a la gente que me cruzaba por la calle en la ciudad mientras estudiaba", confiesa Imanol Ibero, presidente del sindicato EHNE. Este joven viticultor, de 32 años, reside en esta localidad de la Merindad de Sangüesa, a 30 minutos de Pamplona.

Imanol rememora "una infancia alegre y muy viva, con muchos niños y niñas". En edad escolar, tanto en Infantil como en Primaria, había cerca de 80 y ahora apenas llegan a 30. Estaban "todo el día jugando, con bastantes actividades extraescolares y campamentos", cuenta. Hace 20 años este pueblo sumaba 950 habitantes, con bastantes más comercios y bares que en la actualidad. "Durante la vendimia, los tractores cargados de uva ocupaban la carretera junto a la bodega cooperativa, con olores de la fermentación de los nuevos vinos. Pero hoy esto solo queda en el recuerdo", comparte.

En 2021 Aibar cuenta con 800 habitantes, y todavía disfruta de muchos servicios, pero Imanol todavía reivindica una enseñanza en euskera en el pueblo. "Tuve que estudiar en Sangüesa en la ikastola", cuenta. El presidente de EHNE cree que su pueblo va cuesta abajo, pero con frenos. "Tenemos ganas de pedalear", remarca. Una fuerza inspirada en la generación anterior. "Nuestras madres y nuestros padres tenían implicación y entusiasmo por enriquecer la vida de Aibar; pero ahora, observo individualismo y falta de determinación para ser protagonistas de nuestro presente y futuro", aclara.





 

¿Por qué vive en Aibar?

–Es mi sustrato, donde entiendo lo que pasa a mi alrededor y empatizo con mi vecino, y donde viví un entusiasmo colectivo por hacer del pueblo y del mundo un sitio más justo desde el Gaztetxe.

¿Su pueblo tiene relevo?

–No, si queremos asegurar que las tierras que se cultivan hoy, se sigan dentro de 20 años. Algunos jóvenes, principalmente hombres, muestran interés por el sector, pero no todos proceden de familia de agricultores o pastores, y conseguir una finca no resulta sencillo. Para ello, deben ponerse unas condiciones para que jubilados y propietarios cedan tierras después de que comprendan su valor comunitario. No pueden venderlas al mejor postor, porque en ese caso, seguro que el comprador no será del pueblo.

¿Cómo imagina Aibar dentro de diez años?

–Seguirá siendo un pueblo vivo, aunque individualista y urbano, sin apenas identidad, un caldo de cultivo que agrava esta situación. Sufriremos una pérdida cultural, social, de relaciones, de vocabulario y de identidad; descenderá el número de agricultores y pastores, y desaparecerán casas centenarias, olivares antiquísimos, tierra de huertas, y seguramente algunos servicios que tenemos hoy.

¿Y cómo le gustaría verlo?

–Con población y con unas calles que rezumen vida. Ojalá que los jóvenes abandonen la ciudad para ocupar nuestro hermoso casco viejo, hoy casi desierto. Me gustaría que pusiéramos en marcha desde la comunidad local, aibaresas y aibareses, formas de vida adecuadas a los retos del siglo XXI, sin dañar más la tierra y con una vida sencilla, pero plena.

¿Cómo define EHNE el despoblamiento?

–Hablamos de despoblamiento rural y de hiperpoblamiento urbano, dos caras de la misma moneda. Es una inercia planificada por organismos supraestatales y bendecida por todas las administraciones.

¿Cuáles son las causas?

–Las políticas neoliberales que en nombre de la competitividad, conciertan recursos y riqueza al concentrar tierras, centros de producción y consumo y al invertir en infraestructuras, dando lugar a las ciudades. Y no hay que olvidar el ingrediente comunicativo, el cultural, ya que desde pequeños nos inculcan anhelos ajenos a nuestro hábitat, y acabamos creyendo que en los pueblos no tenemos eso con lo que nos han hecho soñar.

¿Es difícil el acceso a la vivienda?

–Sí. Hay que implementar medidas para que las personas propietarias de vivienda sin usar tributen por ellas, para que las alquilen o vendan, o se exija su rehabilitación con ayuda, si es necesario. Además en Nafarroa debe haber una planificación basada en una vivienda ajena a la lógica de negocio. Hay que dejar de construir en Iruñerria al ritmo de las últimas décadas, para evitar que los jóvenes se hipotequen con un espectacular piso en el Soto Lezkairu, y opten por recuperar las casas distribuidas en toda la geografía.

¿Qué medidas pueden adoptarse para atajar el despoblamiento?

–No se puede afrontar desde medidas únicas sino urge descentralizar el diagnóstico y las soluciones. Debemos avanzar hacia comunidades rurales cohesionadas y empoderadas, con medios para proponer sus alternativas, con recursos económicos y acompañamiento. A los políticos del Gobierno de Navarra solo puedo decirles que menos fotos y más fondos, ya que sindicatos y vecinos de los pueblos se sienten ninguneados por las iniciativas de la Administración. No ven reflejados las propuestas que lanzan en sus actos propagandísticos.

¿Qué opina del Navarra Rural Social Innovation Lab?

–No se han puesto en contacto con nosotros para contrastar, ni siquiera nos han presentado la iniciativa y tiene mucho de marketing. Vemos positivo que haya en el medio rural emprendimiento diferente al agroganadero, pero no sabemos cuánto dinero público gastarán para lanzar pocas experiencias piloto. En EHNE tenemos claro que el mundo rural debe estar vinculado al sector primario para que sea rural. Pero actualmente vende más poner unas palabras en inglés, un poco de innovación y un buen titular y a cosechar votos. Si los gobernantes echan en falta emprendimiento, pueden volcarse con cada solicitud de primera instalación de personas jóvenes agricultoras o ganaderas para que nadie quede fuera.

¿Qué proyectos son prioritarios para EHNE en los fondos europeos Next Generation de la UE?

–Políticas para cambiar el modelo, con propuestas como servicios de calidad para todos y todas; cobertura y acompañamiento, que no fiscalización, para cada persona emprendedora en el entorno rural; medios económicos y humanos para velar por un trato justo para productores y productoras en la cadena alimentaria; estructuras colectivas descentralizadas para transformar, sacrificar, para despiece; y revalorización de las producciones locales. Además, creemos necesario dejar de hacer otras inversiones que son causantes del actual modelo, como el Tren de Alta Velocidad. Si apoyamos los dos modelos, no conseguimos los objetivos propuestos, y fomentaremos la hipocresía.

¿Es necesaria una ley contra el despoblamiento?

–Sí. La población de Nafarroa debe tener cubiertas las necesidades como seres humanos, independientemente de donde viva. Desde cobertura sanitaria, educativa, medios para la conciliación y los cuidados, vivienda, alimentación, cobertura móvil e internet o carreteras adecuadas. Además creo que ese marco debe regular la coordinación rural y urbana en temas como la vivienda. Me parece sangrante entrar en Iruña y ver como cada día aparecen inmensos bloques de viviendas; y en cambio, en nuestros pueblos tenemos cientos de inmuebles y nadie hace nada para poner esas casas en uso. Ese marco debe coordinar esta problemática y vetar a los núcleos más poblados para que no sigan acaparando habitantes de todos los rincones de nuestra tierra.