Chus Rodríguez Rosano (Cabanillas, 1949) ha sido reconocido por el Gobierno de Navarra con el Premio al Mejor Dirigente Deportivo de 2025, un galardón que distingue su trayectoria al frente de la Escuela Ribera de Fútbol y su dedicación al fútbol base durante más de tres décadas. Impulsor de proyectos pioneros en la formación deportiva, creador de uno de los torneos sub-16 más reconocidos del panorama nacional, el Torneo Internacional de Fútbol Villa de Cabanillas, y colaborador en la puesta en marcha de la escuela de la Fundación Osasuna, Chus repasa su recorrido, su forma de entender el fútbol y los retos que aún mantiene vivos.
¿Qué significa para usted recibir el reconocimiento al mejor dirigente deportivo de 2025?
Es un gran honor. Que ya de mayor te lleguen estas cosas por haber llevado una vida dedicada al fútbol de chavales, sobre todo al fútbol base y a una escuela, es algo muy bonito. Para mí este galardón es un reconocimiento a esa dedicación de tantos años y lo valoro muchísimo. Además, sirve también como motivación para seguir trabajando y para sentir que el esfuerzo ha merecido la pena.
¿Cómo comenzó su relación con el fútbol base y con la formación de jóvenes?
Mi relación con el fútbol viene de siempre. He jugado toda la vida y nunca he dejado el fútbol. Pero mi implicación en el fútbol base comenzó un poco por circunstancias personales y laborales. En aquella época yo era secretario municipal y mi hijo entrenaba en Cabanillas. Empecé a acudir a los entrenamientos de los críos y vi que aquello no terminaba de funcionar del todo.
¿Qué fue lo que no le convencía de cómo se trabajaba entonces?
Era todo muy voluntario, con buena intención, pero sin estructura. Entonces empecé a entrenar yo mismo a los críos, pero siempre con una idea muy clara: rodearme de entrenadores titulados. Desde el principio quise que el trabajo estuviera bien organizado.
Fue pionero en crear ese modelo de escuelas de fútbol en Navarra, ¿no?
Fuimos de las primeras escuelas que apostaron por entrenadores titulados desde el inicio. En aquellos años no era habitual. La primera escuela fue la Escuela de Fútbol de Cabanillas, y durante los primeros años empezó a venir gente de Tudela y de otros pueblos. Poco a poco se fue haciendo grande.
¿Cómo fue evolucionando ese proyecto inicial?
Empezamos teniendo equipos de alevines, infantiles, cadetes e incluso juveniles. Siempre basándonos en el Club Deportivo Cabanillas para las fichas federativas, pero funcionando como una escuela. Con el paso del tiempo vimos que aquello podía ir a más y, en 1999, creamos la Escuela Ribera de Fútbol, ya con un ámbito más general, abierto a distintos pueblos de la Ribera.
¿Tuvo dificultades para poner en marcha la escuela?
La verdad es que no. Todo fue bastante natural. Mucha gente colaboró de forma voluntaria, entrenadores, amigos… Usábamos el campo de fútbol de Cabanillas y funcionábamos como algo independiente. Fue un proceso de ir viendo cómo estaba la situación y adaptarnos poco a poco.
¿Qué valores ha intentado transmitir siempre a los jóvenes?
Nos basamos mucho en el lema de la escuela, que es trabajo en equipo, convivencia, esfuerzo y motivación. Esos son los valores que intentamos transmitir. Especialmente el trabajo en equipo y la convivencia. Por eso, los campus siempre los hemos hecho en formato interno, conviviendo todos juntos durante una semana.
Los campus son una parte fundamental de la Escuela. ¿En qué consisten?
Para nosotros son la auténtica formación del futbolista. No solo aprenden fútbol, sino cómo comportarse como personas. El convivir juntos permite inculcar valores, enseñar a respetar normas y a convivir con los demás. Para nosotros eso es tan importante como aprender a jugar al fútbol. Muchas veces, los propios chavales te recuerdan cosas de los campus, y eso es muy gratificante.
¿Qué importancia tiene el Torneo Internacional Sub-16 de la Villa de Cabanillas para el fútbol navarro?
Es una forma de ver lo que hay fuera, de contrastar cómo juegan chavales de otros equipos y de otros países. Han venido desde Japón, de Qatar y de distintos puntos de España. Sirve para que los jugadores vean otras formas de entender el fútbol y para que conozcan el nivel de los equipos grandes.
¿Alguna experiencia que destaque especialmente de ese torneo?
Más que una experiencia concreta, es lo que sucede con el paso del tiempo. Por ejemplo, el caso de Lamine Yamal. Vino en 2021 y jugó el torneo con 14 años. En ese momento ves a un chaval bueno dentro de un buen equipo. Pero luego, tres años después, cuando lo ves debutar y destacar en la élite, piensas: “Este chico estuvo aquí jugando”. Eso es lo que realmente te hace ver la dimensión del torneo.
También participó en la creación de la escuela de la Fundación Osasuna. ¿Cómo fue ese proceso?
Fue cuando Javier Miranda era presidente y Roberto Protomártir vicepresidente. Me llamaron porque conocían el trabajo que hacíamos en la Escuela. Hablé con Diego Maquirriain, que llevaba la Fundación, y les propuse la idea de que Osasuna creara una escuela de fútbol.
¿En qué consistía esa idea?
Era llevar el fútbol formativo a los pueblos, algo que nosotros ya hacíamos con la Escuela Ribera de Fútbol. Cargar el coche con balones, conos y material, e ir a siete u ocho pueblos a la semana a dar una clase de fútbol. Esa idea se trasladó a Osasuna y así nació la Escuela Navarra de Fútbol. Yo fui el coordinador de la zona sur, desde Pamplona hacia abajo, y Alfonso Fanjul fue el coordinador de la zona norte.
¿Qué objetivos se marca ahora dentro del fútbol base?
Seguir con los campus y con el torneo, que es nuestra “niña bonita”. Cada año intentamos ir a más. El reto principal ahora es conseguir más patrocinio para poder traer equipos europeos de primer nivel, como el Paris Saint-Germain. Con un poco más de apoyo económico podríamos dar un salto importante.