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Isla Busura

Good Bunny

Good BunnyEP

Latino. Moreno. Caribe. Identidad. América. Diversidad. Audiencia. Política. Apropiación. Debate. Incomodidad. Orgullo. Superbowl. Power. Bad Bunny. Sí, sigamos hablando de él un rato más. Nunca antes se había actuado en castellano en los 14 minutos de oro que son el intermedio de la Superbowl. Nunca antes habían congregado una audiencia por encima de los 142 millones de personas.

El concepto, los símbolos y el mensaje de la actuación del pasado domingo han destronado marcas y, sobre todo, estados mentales. El de quienes consideran que América es Estados Unidos. Y que Puerto Rico, Colombia, México… son el patio trasero, ni siquiera el hermano pequeño. O el proveedor, o el lugar de vacaciones. Ojalá se tratara solo de Trump, son millones de personas las que piensan así. Con convicción pública o certeza íntima.

A mí Bad Bunny no me vuelve loca. Pero creo que el tipo, que viene de cuando el reggaeton solo era pradera por la que trotaban los machos más hegemónicos y la misoginia con cadenas de oro, ha hecho su camino bordeando el vallado e incluso se lo ha saltado. Apoya a la comunidad LGTBIQ+ y hace guiños a lo femenino en su estética. Ha apostado por el mensaje más político y la reivindicación social y cultural.

Así que ahí estaba el domingo, con todo un cuerpo de baile haciendo twerking, con toda la sangre caliente del Caribe, con una selva plantada en el campo de la Superbowl y con niños, mayores, jóvenes, mujeres y hombres latinos exhibiendo orgullo en el corazón de ese Estados Unidos que se cree América entera. Con una boda como declaración de principios y valores. Con hombreras de jugador de fútbol americano.

Fueron 14 minutos que han escocido. Ahí estaba Pedro Pascal, Chile. Karol G, Colombia. Ricky Martin, Puerto Rico. Pedazos de la otra inmensa América. Puede que el 8 de febrero de 2026Bad Bunny, el millonario, Benito Antonio Martínez Ocasio, el chaval de Bayamón, Puerto Rico, pulsara una de esas teclas que sacuden la Historia.