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Movilidad eléctrica

La pila de combustible, la próxima gran transformación de la bici eléctrica

El hidrógeno es un elemento con cualidades para potenciar muchas de las virtudes de la actual movilidad eléctrica. Incluso, su uso podría no estar limitado tan solo a coches, camiones o furgonetas, sino también a vehículos mucho más sencillos.

La pila de combustible, la próxima gran transformación de la bici eléctricaCedida

En la actualidad, la electrificación parece claro que está muy enfocada al empleo de baterías, con diversos tipos de composición química, con la finalidad de suministrar energía a los motores eléctricos. Sin embargo, hay fabricantes como Toyota, BMW, Hyundai o Renault que consideran que en vez de recurrir a pesadas y complejas baterías se podría emplear la tecnología de pila de combustible. En pocas palabras, se trata de disponer a bordo del vehículo de un generador de electricidad que funciona gracias al hidrógeno. Ese hidrógeno se mezcla con oxígeno del aire para obtener esa energía, con la ventaja añadida de que la reacción también produce… vapor de agua, de tal forma que no emite ningún tipo de contaminación.

La cuestión es que si esa tecnología es válida para modelos de gran peso y tamaño, ¿no se podría utilizar también en una bicicleta con interesantes resultados prácticos? La idea no es descabellada. De hecho, ya hay empresas que están explorando esta posibilidad y demostrando que el hidrógeno puede ser una alternativa real a las baterías tradicionales en el ámbito de la micromovilidad. 

Una de las propuestas más llamativas llega desde Suiza, donde la compañía HydroRide Europe AG ha desarrollado una gama de bicicletas eléctricas que funcionan con pila de combustible y que, además, pueden ‘recargarse’ en apenas unos segundos gracias a pequeños cartuchos de hidrógeno intercambiables. Este planteamiento rompe con la lógica habitual de las e‑bikes actuales, que dependen casi exclusivamente de baterías de iones de litio. 

Estas baterías han demostrado ser fiables, pero también tienen limitaciones evidentes: aportan bastante peso (en términos porcentuales y respecto al peso total de la bici), requieren tiempos de carga prolongados (lo normal son entre dos y cinco horas) y su degradación con el uso es inevitable. En cambio, una bicicleta alimentada por hidrógeno no necesita enchufarse a la red eléctrica, no depende de cargadores y, sobre todo, puede estar lista para rodar en cuestión de segundos. Basta con sustituir un cartucho vacío por uno lleno, igual que quien cambia una botella de gas en una cocina portátil… o el cartucho de una impresora.

La compañía HydroRide Europe AG ha desarrollado una gama de bicicletas eléctricas que funcionan con pila de combustible.

HydroRide ha diseñado un sistema muy compacto: un pequeño contenedor cilíndrico, de unos 25 centímetros de altura, capaz de almacenar alrededor de 20 gramos de hidrógeno a baja presión (en concreto 1 MPa, que es suficiente para almacenar más de 500 veces su propio volumen). Ese cartucho se introduce en el cuadro de la bicicleta y alimenta una pila de combustible de 180 W, suficiente para ofrecer asistencia al pedaleo durante unos 60 kilómetros, dependiendo del terreno y del ‘estilo’ de conducción. Cuando se agota, el usuario simplemente retira el cartucho y coloca otro nuevo. El proceso, según la empresa, puede hacerse en un rango de entre 3 y 10 segundos, lo que supone una ventaja enorme frente a las horas que requiere la recarga de una batería convencional. 

Pero lo más interesante es que este sistema no solo se basa en la rapidez, sino también en la posibilidad de generar hidrógeno de forma limpia. La compañía ha desarrollado un pequeño generador doméstico o para usar en empresas que produce hidrógeno a partir de agua purificada y energía solar. Es decir, se podría tener una estación de recarga completamente autónoma, sin depender de la red eléctrica (con el consiguiente ahorro) y sin generar emisiones contaminantes (lo cual supone un beneficio en términos medioambientales). Aunque todavía no se han detallado cifras de eficiencia o costes, la idea apunta a un modelo de movilidad verdaderamente sostenible: producir tu propio combustible renovable y usarlo para moverte sin emisiones.

Aunque todavía no se han detallado cifras de eficiencia o costes, la idea apunta a un modelo de movilidad verdaderamente sostenible: producir tu propio combustible renovable y usarlo para moverte sin emisiones

Eso sí, de momento HydroRide no está enfocando sus bicicletas al consumidor particular, sino a empresas de alquiler, flotas corporativas o servicios de movilidad compartida. Tiene sentido: estos operadores necesitan vehículos que estén disponibles de forma continua, sin tiempos muertos por recarga. Para ellos, un sistema de cartuchos intercambiables como el que se propone resulta ideal. 

Además, la compañía está trabajando en estaciones de intercambio similares a las que ya existen para scooters eléctricos en algunos países asiáticos. El usuario llega, deja su cartucho vacío, recoge uno lleno y continúa su ruta. Todo en menos tiempo del que se tarda en sacar una llave del bolsillo. ¿Otra ventaja de esta tecnología? A diferencia de los vehículos que usan batería, no les afecta tanto las bajas temperaturas; de hecho, la marca dice que su sistema puede operar sin problemas hasta a menos 40 grados de temperatura.

De la gama actual de HydroRide, compuesta por un modelo plegable y por las denominadas Sport Bike 1.0 y 2.0, destacaríamos este último modelo. Su diseño es muy llamativo, puede alcanzar una velocidad máxima con asistencia al pedaleo de 23 km/h (gracias al motor de 180W de potencia), ofrece tres modos de conducción y dispone de frenos de disco en ambas ruedas. Todo, con un peso de 23,5 kg, que se puede considerar bastante razonable para una e-bike.

Hydroride Sport Bike.

La pregunta es… ¿podría este modelo extenderse al público general? A medio plazo, no es descabellado. Si la infraestructura de hidrógeno crece, si los costes bajan y si los fabricantes apuestan por diseños más ligeros y asequibles, las bicicletas de pila de combustible podrían convertirse en una alternativa real a las e‑bikes tradicionales. No sustituirían a las bicis de baterías, pero sí podrían convivir con ellas y cubrir necesidades distintas. Por ejemplo, serían ideales para quienes hacen muchos kilómetros al día, para repartidores urbanos, para ciclistas que no quieren depender de enchufes o para quienes viven en zonas donde cargar una batería es complicado.

Además, el hidrógeno tiene otra ventaja: su densidad energética. En términos simples, permite almacenar más energía en menos  espacio y menor peso. Esto podría traducirse en bicicletas más ligeras, con mayor autonomía o con diseños más estilizados. También abre la puerta a nuevos formatos de movilidad, como triciclos de reparto, bicicletas de carga o, incluso pequeños scooters, todos ellos alimentados por pilas de combustible. De hecho, la propia HydroRide (empresa en la que trabajan más de 300 ingenieros en unas instalaciones de 40.000 m2, incluida la línea de producción) ya ha anunciado que trabaja en un patinete eléctrico basado en esta tecnología. 

Por supuesto, no todo son ventajas. El hidrógeno sigue siendo caro de producir a nivel industrial, la infraestructura es limitada y la tecnología aún necesita madurar para ser competitiva en precio (estos factores limitantes son también aplicables a los automóviles, donde se da la paradoja de que ya hay un modelo a la venta, como es el Hyundai Nexo: un SUV capaz de superar los 800 km de autonomía… pero sin prácticamente ninguna hidrogenera donde parar a ‘repostar’). Pero lo mismo se decía hace una década de las baterías de litio, y hoy están en todas partes.

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Por último, a modo de curiosidad, destacar que HydroRide también dispone de drones alimentados por hidrógeno, capaces de ofrecer “tiempos de vuelo líderes en la industria” (tal y como declaran en su web), permitiendo usos de hasta 2,5 horas, y necesitando tan solo cinco minutos para repostar.