estella-lizarra. Urricelqui, que destaca el trabajo realizado desde 2010 por su antecesora, Olaia Nagore, atesora un largo currículo. Ha sido profesor ayudante del departamento de Arte de la UN, secretario de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro, así como gestor cultural, comisariando exposiciones, organizando ciclos, etc. Cursó la tesis sobre El Ambiente Artístico en Navarra entre 1873 y 1940 y es autor de variadas publicaciones, entre otras, una de temática carlista: Recuerdos de una Guerra Civil. Álbum del bloqueo de Pamplona, editada por el Gobierno de Navarra en 2007.
A pesar del poco tiempo que lleva en Estella, ya está metido de lleno en la dinámica del Museo y asume este reto con la ilusión de aumentar el número de visitantes y de "fomentar su papel como centro de acopio, difusión e investigación del Carlismo". En 2010, el año de su apertura, pasaron por allí 13.878 personas, seguramente por la expectación creada. La cifra se redujo a 8.262 en 2011 y a 7.115 en 2012, aunque sin contabilizarse los usuarios de otras actividades (casi 3.000 el año pasado y más de 300 durante el mes de septiembre).
¿Uno de los objetivos es aumentar el número de visitantes?
Buena parte del éxito de un museo depende del número de visitantes, aunque hay otras muchas cosas. Por eso, queremos fomentar la presencia de público. El año pasado hubo más de 7.000 visitantes y hasta septiembre rondábamos los 5.200, siempre hablando de la gente que pasa por taquilla, a la que habría que unir aquella que asiste a actividades: la presentación de un libro, conferencias o alguna de nuestras diferentes ofertas didácticas.
¿Cuál es el perfil de los visitantes?
Fundamentalmente turismo nacional, aunque también internacional, especialmente peregrinos. Tenemos muy distinto tipo de público: adultos, estudiantes, grupos, público infantil atraído por las actividades didácticas, jóvenes, jubilados, profesores? Y, además, es accesible para personas con movilidad reducida.
El precio de la entrada, en cualquier caso, es casi simbólico?
Son 2 euros, y hay una reducción de la mitad para estudiantes, poseedores del Carnet Joven o grupos, y es gratuita para los menores, mayores de 65 años, miembros de ICOM, parados, profesorado y para los peregrinos. Igualmente, los sábados por la tarde y los domingos por la mañana, así como días especiales, es gratuita. La idea es que el coste no eche atrás a nadie que quiera conocer el Museo, que ningún estellés deje de visitarlo, que la gente que esté por aquí se pase y que los de fuera vengan, que les resulte interesante. Costará, pero con trabajo podemos lograr que se posicione como una referencia dentro de los circuitos museísticos.
Facilidades hay todas, incluso visitas guiadas en castellano y euskera.
Sí, seguimos con las visitas guiadas a la exposición permanente, que son gratuitas. Y también con las actividades didácticas, el calendario se puede visitar en la web. Precisamente el sábado que viene hay una sesión de Kamishibai. Además, organizamos visitas para grupos gratuitas con cita previa. Es una buena forma de llegar a la gente.
¿Ayuda, por ejemplo, en el caso de los peregrinos, que el Museo esté en pleno Camino de Santiago?
Ayuda mucho, estamos justo al lado del albergue y es una alternativa interesante de ocio, de turismo cultural. También ayuda estar en el casco histórico y muy cerca del Museo Gustavo de Maeztu, importante motor cultural de la localidad.
Los carlistas han comentado en más de una ocasión que al Museo le falta parte de su historia reciente, desde 1939. ¿Será posible algún día?
El espacio que hay en el edifico es limitado, pero el día de mañana, por qué no, se puede complementar con una exposición temporal de su historia desde la Guerra Civil hasta hoy. El Carlismo es algo vivo y el museo no es un depósito del recuerdo, sino un espacio de reflexión sobre algo que es presente. Con las exposiciones temporales se aportan distintas visiones y puntos de vista.
¿Se siguen adquiriendo piezas?
Una de las finalidades es el acopio de bienes culturales de distinta naturaleza, sobre todo mediante donaciones y legados testamentarios. Si hay piezas relevantes se estudia la adquisición, pero normalmente son donaciones, patrimonio de familias que contactan con nosotros... Es un goteo, y yo he sido testigo de varias en este poco tiempo que llevo aquí. Nos donan fotos, fondos documentales y bibliográficos, armas, estandartes, monedas? Para cualquier museo las donaciones son muy importantes, y no solo en una época de crisis. De hecho, el museo tiene su origen en el fondo del Partido Carlista, que en 2000 cedió al Gobierno en depósito indefinido un importante conjunto de bienes de su legado histórico.
¿Si se considera importante se incorpora a la exposición permanente?
Las colecciones permanentes son la identidad de un museo, y no es fácil incorporar nuevas piezas. Pero hay formas de darlas a conocer: exposiciones temporales, préstamos a otras exposiciones, la consulta por parte de los investigadores?
En diciembre acaba la muestra temporal sobre las miniaturas militares y las Guerras Carlistas, ¿puede avanzar algo de la siguiente?
Trabajamos en varias ideas, pero es pronto para avanzarlo. Aunque pueda parecer que la temática es limitada, el Carlismo es algo vivo, poliédrico. Más allá de lo bélico, que es lo más conocido, hay mucho más.
Lo que se ve del museo son, sin duda, las exposiciones, pero detrás hay mucho más.
Somos un servicio público y un espacio vivo abierto a todo tipo de actividades culturales. Además de las exposiciones, hay otras funciones muy importantes: adquisición de obras, documentación, investigación, difusión... Somos un centro de investigación y yo, por mi experiencia de investigador, doy muchísima importancia a la biblioteca y al fondo documental, donde mi compañera Beatriz Marcotegui hace una gran labor. Cualquier persona interesada en el Carlismo puede venir a consultar, es un punto de referencia. Además, tenemos una línea de publicaciones y desde 2012 se dan ayudas a la investigación, trabajos que esperamos ver publicados.