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Isidro Marín, su mejor paseíllo

Hace 67 años el famoso torero de Tudela llevo a cabo un heroíco peregrinaje de Pamplona a Valencia

Isidro Marín, su mejor paseíllo

El día 13 de noviembre de este año 2024, hizo 67 años de una gesta, protagonizada por el torero navarro de la ribera Isidro Marín. Se puede decir que ese día, se disponía hacer el mejor paseíllo de su vida.

Y, es que, el día 14 de octubre de 1957, toda la península española amanecía con la triste noticia de unas tremendas inundaciones en Valencia. En pocas horas, el agua caída dejaba en esa provincia miles de damnificados, gente sin hogar y lo que es más importante, la triste noticia de más de 80 fallecidos. Las trombas de agua llegaron de madrugada desde las cabeceras del Turia, donde no había cesado de llover. La riada desbordo los puentes llevándose hasta el mar la vida que había en el cauce del rio, enseres, personas y animales, dejando anegadas las calles de la ciudad bajo metros de agua y barro. Esta inundación estaba catalogada como la más grande que había tenido Valencia. A parte de los muertos que hubo tanto en la capital como en provincias, miles de personas se quedaron sin hogar. Las aguas se llevaron por delante puentes, edificios, caminos, cosechas, carreteras y convirtió la ciudad en un lago. Faltaba el agua potable, la luz, y el teléfono. Muchos ciudadanos estaban incomunicados y no podían salir de sus casas y preocupaba el estado sanitario de la ciudad por el agua acumulada y la descomposición de animales. Como suele suceder en cualquier tragedia hubo ciudadanos que se comportaron como héroes y otro como ratas.

Comenzaron a fluir donaciones, gestos de solidaridad, entre otras provincias la de Navarra y ayudas de otros países.

Uno de los gestos mas llamativos que se hizo desde Navarra fue el peregrinaje del torero navarro de Tudela Isidro Marín, persona muy popular por aquel entonces.

El torero Isidro Marín

El día 13 de noviembre, un mes después de las inundaciones, Isidro parte de Pamplona para hacer un peregrinaje hasta Valencia con el fin de coger donaciones en cada pueblo o ciudad que pasara con destino a los damnificados de la ciudad del Turia. Esta travesía la hizo Isidro con la compañía de su perro, también con el calor de las gentes que salían a su paso por pueblos y ciudades. Los periódicos y radios locales de Pamplona llegaron a narrar un día con otro su gesta, recordando a los oyentes a que pueblo o ciudad llegaba.

Según relata Julián Marín (hijo de Isidro) en un artículo en la revista anual que edita el Club Taurino de Pamplona del año 2009 dice: “Isidro pasaba día a día por caminos, ciudades y pueblos siendo aclamado en todos ellos. Todas sus impresiones la iban apuntando en un cuaderno de bitácora. En otro cuaderno recopilaba sellos municipales y dedicatorias de alcaldes que agradecían su gesto. En un tercero las aportaciones que día a día le aportaban los ayuntamientos, asociaciones y personas de toda condición social que se acercaba a entregarle su donativo”

Isidro Marín llego a Valencia el día 14 de diciembre, ganándose el cariño y el respeto de todas las gentes que salían a su paso a recibirlo. El dinero recaudado sobrepaso las 500.000 pesetas.

Al día siguiente de su llegada, el domingo 15 de diciembre, Isidro participo en un festival benéfico a beneficio de los damnificados, lidio dos novillos cortando orejas y rabo saliendo a hombros ante la afición. Durante varios días estuvo por tierras valencianas, regresando a Pamplona el día 23 de diciembre. En su pueblo natal, Tudela, fue también recibido apoteósicamente.

Isidro Marín, el torero de la ribera de Navarra, junto con su hermano Julián, supieron escribir luminosas paginas en la historia de la tauromaquia de nuestra tierra, tomo la alternativa en la plaza de toros de Pamplona el día 10 de julio de 1951, fecha en que su hermano Julián le cedió el toro “Pandereto” de la ganadería de Amador Santos, conquistando un gran triunfo y cortando las orejas y el rabo al toro. Isidro, por su sencillez y honradez supo ganarse la simpatía del publico en general.

Su alternativa de manos de su hermano Julián

Tras el éxito de Pamplona, tuvo un buen inicio en la temporada de 1952, toreando 15 tardes y triunfando otra vez en Pamplona el día 7 de julio de ese año, donde volvió a salir a hombros.

Esta buena trayectoria de Isidro se trunco a mitades del mes de agosto al tener una grave cogida en la plaza de Játiva (Valencia) donde perdió toda la temporada. Posteriormente, cayo en el olvido de las empresas, moviéndose en una zona modesta del escalafón durante años. Desengañado, decidió retirarse de la profesión de los toros, donde la suerte no le acompañaba. Otros toreros con menos arte y valor que Isidro ganaron gloria y mucho dinero. No sintió esa satisfacción, pero, detrás de si, dejo una estela de pundonor y honradez profesional, que representaba una bella lección para los que caminaban detrás.

El día 15 de julio de 1961 se despidió de la plaza de toros de Pamplona, su plaza, de las cuadrillas de mozos, que tantas veces lo llevaron en voladas por las calles de la capital después de sus clamorosos triunfos. Aunque Isidro se retiro de los ruedos siempre llego a estar vinculado a la plaza de Pamplona: fue durante años doblador de los encierros en las mañanas sanfermineras y más tarde, asesor artístico en el palco presidencial en las corridas celebradas en las tardes de San Fermin hasta su muerte en el año 1991.

67 años después de esta tragedia contada, la historia se ha vuelto a repetir, en el mismo lugar y prácticamente en las mismas fechas. Esta vez con una mayor magnitud tanto en desastres como en victimas mortales. Y como siempre pasa en las tragedias, están habiendo personas comportándose como héroes, ayudando humanamente dentro de sus capacidades, políticos que se quieren eximir de sus responsabilidades intentando sacar tajada, y autenticas ratas que se aprovechan de las desgracias humanas.