Hola personas, aquí me tenéis al pie del teclado en este día de soleado invierno, para empezar un ERP que no va a ser solo un paseo, sino que hoy me voy a poner a charlar con vosotros de mis cosas y a hacer público algo a lo que la gratitud me obliga.
Vayamos a la charleta.
Como supongo que sabéis esta semana ha habido un relevo en la dirección de este periódico. Joseba Santamaria cede el testigo a Ana Ibarra. Sus motivos tendrán, no me importan, ni entro ni salgo, pero creo que, ahora que Joseba cambia de puesto, es el momento para decirle urbi et orbi: ¡¡¡EZKERRIK ASKO JOSEBA!!!
Los que me leéis desde el comienzo sabréis que un buen día apareció en vuestro ejemplar una colaboración de un señor del que solo se ve su silueta (en realidad es la de su abuelo Antonio) y con un nombre y unos apellidos de corte noble y contando paseos por Pamplona, su historia, su hoy y su mañana. Y si esto sucedió fue porque Joseba se fio de mí y me dio tribuna en su periódico.
Los paseos de D. Patricio parece que gustaron a los lectores. Estos alientos nos llevaron a seguir con mi aventura editorial y, hete aquí, que este ya es el ERP 401 y ocho años son los que llevan viendo la luz gracias a que Joseba siempre me ha apoyado.
A Ana Ibarra no la conozco, no sé si tendré que presentarle mis credenciales diplomáticas o acercarme un día por Areta y presentar a D. Patricio a su nueva directora.
Algo haremos. Suerte Ana y suerte Joseba en tus nuevos cometidos.
Bien, habiendo dicho lo antedicho, sigamos con la semana. Ya os conté que el sábado me soltaron del hospital tras pasar cuatro días ingresado. Ese paso fue algo temporal para calmar los dolores de mi pierna, pero no me dieron la solución final. Esa vendrá este jueves, cuando me ingresan de nuevo para intervenirme en la columna, ya que esta circunstancia me impedirá estar el domingo que viene con vosotros.
Hay que ver lo oportuna que estuvo la Pastorcilla regalándome la bici, porque he leído en prensa que las desavenencias del Ayuntamiento con la empresa Rido-on Pamplona, encargada de gestionar el servicio de bicicletas públicas, han llevado a clausurar el servicio el día 13. Es decir, al final a pagar el pato los más de 93.000 usuarios.
Muchos hemos pagado ya un bono anual, ¿quién se va a quedar con ese dinero?, ¿cómo nos lo van a devolver?
Lo que más me molesta es que este sistema de movilidad sostenible en Pamplona va a desaparecer por la cara.
En lo tocante a las calles os voy a contar lo valiente que fui el martes por la mañana. Tenía que ir al mercado de Santo Domingo a recoger un pedido. Da pena ver algo que fue corazón de la ciudad de Pamplona y que hoy tiene muchos puestos cerrados.
Salí de casa bajo una lluvia intensa, me pertreché de prendas impermeables, cogí mi bicicleta, y recorrí la plaza del Castillo, Chapitela, Mercaderes y bajé Mañueta hasta llegar al viejo mercado. Traté de recordar el mercado de mi infancia, con patos, conejos y gallinas, aldeanos y aldeanas, una Pamplona que ya no existe.
Volví cargado con un pedido de cinco kilos, bajo la lluvia, hasta regresar a casa empapado, en esa Pamplona gris, fría y lluviosa que llamamos Murdor.
Y para terminar esta charla-monólogo, vamos a hablar de un libro. El otro día me trajo su nueva obra Oskar Brako Ozkoidi, titulada “Pamplona, el patrimonio invisible”.
El autor reflexiona sobre el comercio tradicional frente a las franquicias, la desaparición de las tiendas de siempre y ofrece un paseo por los letreros históricos de Pamplona, auténticas obras de arte, como el caso de La Elegante, con datos, historia y contexto urbano.
Os aconsejo que lo busquéis.
Y hasta aquí por hoy. Hasta dentro de dos semanas
Besos pa tos.
Facebook : Patricio Martínez de Udobro
patriciomdu@gmail.com
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