De archivero, cariño y conocimientos II
Hola personas, aquí el Cojo Manteca desde el puerto en el que se encuentra varado.
Bien, ya sabéis que este ERP va a ser la continuación de la entrevista que comencé la semana pasada y que, por cierto, os ha gustado mucho, como así me lo habéis hecho saber.
La pregunta que quedó en el aire fue muy clara y directa:
Juanjo, háblanos del mundo del lumpen, del lenocinio, en aquella Pamplona.
Ese mundo en la Pamplona post guerra era conocido pero muy de tapadillo. No cabe duda de que había una población consumidora de ese viejo mercadeo carnal, y la había en todas las clases sociales. Es curioso que yo todo lo poco que se de ese asunto, lo escuché de Álvaro, antiguo sacristán de San Lorenzo, que era vecino del barrio y estaba al cabo de la calle de lo que por allí ocurría, de las cuitas entre las lumís y sus clientes. Y también me ilustró sobre tan jugoso tema el cineasta local Antonio-José Ruiz con quien me unía una buenísima amistad. Los burdeles estaban en pisos y se les llamaba por el número del portal, el 33, el 26, ambos de la calle Descalzos. Una noche, a principios de siglo XX, una cuadrilla salió de uno esos tugurios, cargaditos de “razones”, y tras pecado más pecado, ya que se dirigieron al muro lateral trasero del convento de los descalzos en la calle de Santo Andía y apedrearon un Cristo que allí había en una hornacina. Gran y blasfemo agravio que tuvo como reacción una manifestación de repulsa y reparación al día siguiente a la que asistió todo Pamplona. Un poco más tarde se abrió, en terrenos hoy ocupados por el Campus universitario, la casa Rosada, lugar más alejado, más discreto y en el que me imagino que la juerga, el revolcón, y el desmán tenían un poco más de nivel, pero yo poco más sé.
Añadiré yo de mi cosecha, la anécdota de un señor de conocido apellido pamplonés que, tras pasar por el 33, cuando salía del putetxe, se iba al obrador de Arrasate, en la calle San Antón, se manchaba un poco el traje de harina y bajaba a su casa con la excusa de que hablando con el industrial del trigo se le habían hecho las mil. La prueba la llevaba a la vista, el pecado lo llevaba debajo.
Martinena ha descubierto muchos datos y temas que estaban, escondidos entre anaqueles y carpetas, esperando que llegase la mano experta que los aflorase a la luz. Por todo ello le pregunto.
¿Cuál es el descubrimiento del que te sientes más orgulloso?
Bufff, tendría que hacer un largo y lento examen de conciencia para enumerarlos y luego no sería fácil saber cuál es más importante. Vamos a ver. Logré identificar los cien escudos heráldicos que se pueden ver en las fachadas de nuestras calles y publiqué un libro sobre el tema (nota: magnífico libro herramienta que yo uso con frecuencia). Otro dato que encontré fue la orden de creación de la calle Santo Domingo, que es la única calle de lo viejo con partida de nacimiento: 1543. Feché la construcción de la casa (que no palacio) del Condestable, el derribo de la Torre Galea en 1536, encontré quién pagó y cuanto por el retablo flamenco que estaba en la desaparecida ermita de San Juan de la Cadena, o la existencia de la desaparecida Cruz del Mirador en la Taconera, de la que no se tenía noticia. Supongo que me dejo alguna, pero estás, que parecen cosas banales, me llenaron de satisfacción.
Diré yo, que Juanjo ha descubierto miles de datos y la prueba está en que, en los libros de Arazuri, se lee con frecuencia: como indica Martinena la fecha fue esta o aquella, o, el protagonista fue este o aquel regidor o cualquier mini dato que él, en su exigencia, recupera y le da la importancia debida.
Sé que perteneces a alguna cofradía religiosa de corte muy pamplonés. Cuéntanos.
Pues mira pertenezco a la Hermandad de la Pasión desde los 16 años, mi compañero de pupitre en los escolapios, que era Pedro del Guayo, que más adelante fue prior, me tiró los trastos y me apunté a nuestra querida Hermandad. Al volver de la mili me hice de la corte de San Fermín. Resulta que, al acabar mis servicios en el archivo histórico militar de Madrid, me preparé las oposiciones al Archivo General de Navarra y me comunicaron que había aprobado el día de San Fermín Txukito del 75, al día siguiente fui y me hice de la corte y enseguida me metieron en la junta.
Sé que con esta pregunta me vas a decir que soy un jacobino y un descreído, pero te la he de hacer. ¿qué hay de cierto en la existencia o no existencia de nuestro querido patrón? ¿es un santo legendario?, ¿qué versión es la más cercana a la verdad?
Yo, como miembro de la Corte de San Fermín, no puedo ni poner en duda su existencia. Me basta la tradición multisecular, que a pesar de ser tardía, siglo X, le da culto. Su existencia quizá no esté demostrada como la de San Saturnino, pero es que en esa época no había papeles de muchas cosas, no quedaba ningún escrito que confirmase su existencia.
Vale, pero si fue obispo ha de estar en el episcopologio de Amiens.
Pues sí, pero no está. Yo resumo el asunto en que no está probada su existencia, pero tampoco lo contrario y eso sumado al cariño y la tradición, le convierte en personaje real de pleno derecho.
Cambiamos de tercio para hablar de un tema mucho más terrenal: la nobleza, la hidalguía y la heráldica. Navarra tiene muchos hijosdalgo porque se nombraban valles enteros, Baztán, Salazar, con tal condición, pero sin embargo no tiene muchos títulos de nobleza originarios de la corona navarra.
Pues no, ciertamente no hay muchos, éramos un reino pequeño y parece ser que los reyes no se prodigaban mucho en dar títulos y mercedes. Los más importantes fueron, sin duda, el de Mariscal de Navarra y el de Condestable de Navarra, Conde de Lerín, actualmente en las casas ducales de Villahermosa el primero y en la de Alba el segundo, eran las familias de los Navarra y los Beaumont. Es título antiguo medieval la baronía de Beorlegui. En cuanto a la heráldica es una afición que siempre he tenido y estando en el archivo pude investigar a fondo y conseguí que se comprasen los Nobiliarios manuscritos de Vicente Aoiz de Zuza, que se encontraban en manos privadas. La última sesión de las cortes de Navarra, celebrada en 1828-29, dejó ordenado a la diputación “que se procure por todos los medios hacerse con los libros heráldicos de D. Vicente Aoiz de Zuza”, nadie hizo caso, hasta que, estando yo de archivero, se pudo comprar y cumplir así la orden del último pleno de las Cortes de Navarra. Con esa obra yo ya tenía gran parte del camino andado. Su información es muy extensa, con dibujos de cada escudo y con indicación de los colores. Estos documentos se complementan con la Genealogía que publicó José María de Huarte y Jaúregui en 1923. De todos modos, tampoco fue fácil, hubo que complementar con otras informaciones de otros archivos. El tema del escudo en Navarra está muy documentado, su uso era cosa penal y si ponías tus armas en la fachada eras denunciado y habías de probar fehacientemente que te asistía el derecho.
Se nos acaba el espacio, le volveremos a llamar. Él y yo nos quedamos hablando de la corrupción en aquellas cortes. Ufff.
No hay nada nuevo bajo el sol.
Besos pa tos. l
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