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La txalaparta se lleva en la sangre

Lekunberri acogió el domingo un encuentro en torno a este instrumento en una mañana de tradición, memoria y proyección de futuro

[FOTOS] La txalaparta se lleva en la sangre en LekunberriNerea Mazkiaran

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Cuando se cumple un año de la inauguración de la txalaparta fija instalada en lo alto de la peña de Lekunberri, este domingo se celebró el primer encuentro en torno a este instrumento tradicional, trasladado a Gabari Gune Irekia por la amenaza de lluvia. Así, no se pudo disfrutar de la txalaparta con unas vistas privilegiadas de Aralar, más con la Malloas nevadas, pero se ganó en cercanía calidez, con una sala llena en una mañana invernal. Tras un paseo hasta el salto de Ixkier, al mediodía hubo un recital: Odoletan daramat de título. Y es que la txalaparta se lleva en la sangre. Lo cierto es que las seis parejas que tocaron tenían vínculos familiares.

Por un lado, estaban las hermanas Ixabel y Amaia Zuaznabar, de Lasarte. También son hermanos Txema y Yogui López (Txalazarata), de Vitoria. Las otras tres son padres e hijos: Aritz y Adur Goikoetxea, de Astigarraga; Juan y Jon Salanueva (Malkoa TX), de Lodosa; Ibon y Amets Etxeberria (Etxeberria TX) de Donostia; y Paxkal y Mikel Indo, de Baigorri. El concierto se abrió con Aratz Etxarri y Unai Amoztegi, dos niños de 10 años que representan el futuro de este instrumento.

Después tocaron las Zuaznabar, miembros de una de las familias que mantuvieron esta tradición durante el franquismo, cuando toda expresión cultural vasca estaba prohibida, según indicaron. “En los años 60 hubo un renacer de la cultura vasca, especialmente con Ez dok hamairu, y mucha gente acudió al caserío, a aprender”. También contaban que la txalaparta tiene algo de ritual. “La txalaparta hace familia”, aseguraron. Las hermanas tocaron sobre una txalaparta tradicional: una sola tabla colocada sobre dos cestos aislados con hojas de maíz, al igual que los Goikoetxea, otra de las familias clave en la transmisión de este legado. Aritz, quinta generación de txalapartaris, destacó la estrecha relación del instrumento con la elaboración de sidra.

TRADICIÓN

“En nuestro caserío hacíamos sidra. Después del machacado, la mejor se dejaba secar y al cabo de unos días se utilizaba para tocar y anunciar el barrikote”, explicó. Desde la Ribera Alta, de Lodosa, llegaron los Salanueva, con menos tradición pero con gran entusiasmo. “Comenzamos en 2017, cuando Jon tenía 8 años. Entonces estaba volcado en el trabajo y mi compañera pensó que una txalaparta, que sabía que siempre me había gustado, nos uniría”, observó el padre. Así fue y a base de tutoriales en Youtube y talleres, aprendieron y formaron Malkoa TX. “Jon de pequeño lloraba mucho”, observó.

Todavía llevan menos tiempo los Etxeberria, que comenzaron durante el confinamiento. Los hermanos López, por su parte, iniciaron su trayectoria en 1994, a partir de un curso organizado por la Asamblea de Parados de Zaramaga, en Vitoria, y desde entonces, primero con Txalamako y después con Txalazarata, no han dejado de sacar este instrumento a la calle. Del otro lado de la muga acudieron los Indo. “La txalaparta se silenció en Iparralde. Aunque no estaba Franco, la política francesa nos decía que nuestra cultura no valía nada y nos lo creímos”, apuntó este músico, uno de los fundadores de Kalakan.

CONTINUIDAD

Esta cita organizada por Talka, con la colaboración de los ayuntamientos de Lekunberri y Larraun, Ondare Kultur Taldea y Txalapartarien Elkartea, nace con vocación de continuidad, según señalaron Jabier Leoz e Imanol Ugarte. Fueron los encargados de cerrar el recital con una versión de Mendian Gora, con unos versos dedicados a los txalapartaris fallecidos en los últimos meses: Félix Cortazar, Josu Goiri, Patricio Mikeleiz Pato y Fernando Langarika.