El mundo de las patentes es territorio inexplorado para el grueso de la ciudadanía, que sin embargo sí conocen los entresijos de los derechos de autor, y la importancia de proteger una obra literaria, una canción o una película por esta vía. Pero, al oír hablar de las patentes, todo cambia. Muy poca gente conoce su significado, y mucho menos su valor, pero para arrojar luz sobre este tema está por ejemplo el Agente Europeo de Patentes y Responsable de la oficina de ABG Intellectual Property en Euskadi, Iain McGeoch, que a lo largo de estas páginas nos ayudará a conocer los aspectos más importantes de este gesto tan completo como imprescindible, el de proteger mediante patente una invención. 

Pero, antes de nada cabe responder a la pregunta más primordial. ¿Qué es una patente? Se trata de un título de Propiedad Industrial, un documento que acredita la propiedad de una invención durante un período de tiempo determinado (generalmente suele ser de un total de 20 años), transcurrido el cual, cualquier persona puede hacer uso de esa innovación sin la necesidad de contar con el consentimiento de su titular. 

A grandes rasgos, funciona como la propiedad intelectual de una obra, y precisamente por eso McGeoch reflexiona que “esto no ocurre solo en propiedad intelectual, sino en general. Si salgo a la calle y pregunto a cualquiera si conoce a Michael Jackson, estoy seguro que dirá que sí. Si pregunto por Watson and Crick, no espero lo mismo”. Además, recuerda que las patentes suelen relacionarse con tecnologías sofisticadas y punteras que no son fáciles de entender para el público general, aunque sí que existen casos en los que las patentes llaman la atención del público general, sobre todo cuando interfieren con su vida cotidiana, como ocurrió con las disputas entre Apple y Samsung, o más recientemente, con el caso de la Thermomix de Lidl.

Iain McGeoch Cedida

Y la importancia de solicitar estas patentes la deja clara este experto, ya que de no hacerlo, desde el momento en que esa invención se haga pública, terceros podrán copiarla y comercializarla sin tener que compensar por ello al titular de la patente. “Lo normal es que llegar a una invención requiera de un considerable tiempo y esfuerzo, sobre todo económico, y que, por tanto, el titular reciba su recompensa. Para ello, sin embargo, debe protegerla antes de hacerla pública”, recuerda. Aunque también se han dado casos de inventos revolucionarios que no han sido patentados. Tal fue el caso, rememora, de la penicilina a principios del siglo XX, que pese a que sus inventores, Alexander Fleming, Howard Florey y Ernst Boris Chain, incluso recibieron el Nobel, lo cual da una indicación de la magnitud de la invención, no la patentaron. “La penicilina pasaba así al dominio público y fue de gran utilidad durante la II Guerra Mundial”, explica, aunque aquí llega el giro de guion. Y es que, irónicamente, después, otro científico, Andrew Jackson Moyer, patentó métodos eficaces para producir este antibiótico en masa, “logrando a efectos prácticos un monopolio sobre el mercado de la penicilina del cual no podían beneficiarse los tres inventores originales de la sustancia por no haberla patentado”.

Porque además no se puede patentar cualquier cosa. Lo que se puede proteger por patente -recuerdan desde ABG- son lo que se denominan invenciones, es decir las soluciones técnicas a problemas técnicos. Además, estas deben cumplir al menos tres condiciones: novedad, actividad inventiva y aplicación industrial. 

En resumen, la invención debe ser verdaderamente nueva, lo que implica que no existe ninguna divulgación que muestre nada idéntico. También deberá verificar que la invención no es obvia ni evidente para los expertos en la materia. Y, por último, esa invención ha de tener una aplicación industrial. 

“Si la invención cumple esos requisitos (entre otros), para obtener la concesión de una patente habrá que tramitar una solicitud ante una oficina de patentes que se debe elegir con una mentalidad estratégica en función del alcance de la protección que se quiera conseguir y de los objetivos que se quieran alcanzar”, explican. Y es que tampoco se obtiene una patente a nivel mundial, por lo que esa invención no está mundialmente protegida. Existen diferentes rangos geográficos de protección, a nivel nacional, europeo... Y elegir una u otra dependerá, explica Mc Geoch, de la estrategia de empresa, y se ve influenciada principalmente por dónde reside la actividad comercial relacionada con la invención, o dónde se encuentran los competidores de la empresa.

Pero para asesorar de todo esto a las empresas y a los inventores están los agentes de patentes, y McGeoch es uno de ellos. Él mismo reconoce que es un trabajo “bonito y multifacético” que combina, principalmente, la ciencia o ingeniería, la ley y los idiomas. Las labores principales de un agente de patentes son redactar solicitudes de patente, es decir, transformar en un documento legal los descubrimientos científicos/ingenieriles, y depositar esas solicitudes ante la oficina de patentes. Para ello necesita conocer qué es lo que ya existía y, por tanto, qué es lo que realmente se ha inventado; “también cómo hay que describirlo teniendo en cuenta las normas del sistema de patentes, que son extremadamente complejas”, añade. 

Asimismo, y una vez que ya ha sido depositada la pertinente solicitud, el agente tendrá que defender la concesión de la patente, ante la propia oficina de patentes y ocasionalmente también frente a terceros que intenten impedir su concesión o intenten revocar una patente ya concedida. Del mismo modo, el agente de patentes puede atacar patentes de terceros que sean competencia de su cliente. “Por otro lado, un buen agente debe conocer cómo funciona el tejido innovador, y qué rol juega la patente en la estrategia de mercado de su cliente. No tiene la misma utilidad una patente para una universidad que para una multinacional”, añade finalmente.

Curiosidades

Y, ¿cuál es el invento más raro que se ha llegado a patentar? Este experto lo tiene claro. “Lo inimaginable”. Entre esas peculiaridades destacan, sin ir más lejos, inventos propios de la ciencia ficción: casas voladoras o escudos anti-besos. “Esto nos trae a una cuestión importante, que es la madurez del mercado”, reconoce. Y es que en ese sentido reflexiona que si se inventa algo tan “extremadamente disruptivo que puede incluso sonar absurdo”¸ aunque se conceda la patente, el monopolio probablemente reporte escasos beneficios, ya que, “si el mercado o la sociedad no están listos para usar esa tecnología, poco se va a vender por mucho monopolio que se tenga”.

De récord

Y, por supuesto, no se puede pasar por alto el hecho de que entre las empresas españolas con más solicitudes de patentes europeas se encuentran cuatro vascas. Esto puede responder, reflexiona McGeoch, a que por norma general, la actividad patentadora de un territorio se alinea con la especialización tecnológica de ese territorio. “En Euskadi, históricamente ha tenido mucho peso la ingeniería, por poner un ejemplo la máquina-herramienta, o la metalurgia. En los últimos tiempos se ha notado un notable crecimiento en las áreas de las ciencias de la vida, sobre todo en el área de los dispositivos médicos, así como en la industria 4.0 o en las energías renovables”, recuerda. Y esto puede repercutir en la riqueza de un territorio. Al fin y al cabo, las patentes son catalizadores de la competitividad de las empresas, lo que les permite hacerse fuertes en su nicho y atraer inversión y, en última instancia, “crecerá tanto la empresa como el PIB del país”. 

La Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea, en colaboración con la Comisión Europea y la OECD, realizó en 2015 el macroestudio en ese sentido, titulado Intellectual property rights and firm performance in the European Union, y actualizado unos años más tarde -en 2021-, que aporta datos “bastante reveladores”. Al fin y al cabo, recuerda este experto, el estudio desvela que, aunque menos del 9% de las PYMEs europeas ostentan derechos de propiedad industrial (PI), ese subconjunto genera un 68% más de ingresos por empleado que sus homólogas sin derechos de PI. “No quiere decir que los mayores beneficios de esas PYMEs vienen dados automáticamente por tener patentes, pero la actividad patentadora es mayor en las empresas exitosas, lo cual sugiere que se trata de una buena práctica empresarial”, añade finalmente, atendiendo al empleo, porque el informe concluye que las empresas europeas de todos los tamaños con derechos de propiedad industrial (patentes, marcas y diseños) tienen un 163% de trabajadores más, con salarios un 19% más altos.  

Euskadi y Navarra, territorio de patentes


En los territorios de la Comunidad Autónoma Vasca y en Navarra se está apreciando la misma tendencia que en el resto del Estado español. Y es que disminuyen las solicitudes de patentes nacionales, y por contra aumentan las europeas. Para el Agente Europeo de Patentes, Iain McGeoch, existen diversos factores que pueden explicar la caída en solicitudes de patente ante la oficina de patentes española.


En primer lugar, recuerda que existe un trasvase de solicitudes españolas a solicitudes europeas ya que en Euskadi, por ejemplo, el Gobierno vasco “está haciendo mucho hincapié en la internacionalización del negocio, y el que una empresa vasca opte por la solicitud europea en vez de la española se alinearía mejor con este fin”. Asimismo, explica cómo la mayoría de empresas en el Estado español “tienen por objetivo alquilar o, como se dice en la jerga, licenciar, su patente a terceros. El mercado de inquilinos no se limita a empresas españolas, sino que es habitual sentarse a negociar con empresas extranjeras y, a la hora de hacerlo, es más atractiva para ellas una solicitud de patente europea que una española”.


Eso sí, si bien en Navarra en los últimos años se ha mantenido estable el número de patentes españolas solicitadas, la tendencia general en la última década ya adelanta que también es muy similar a la del Estado español en su conjunto. “Por hacernos una idea, en 2022 se han presentado 36 solicitudes en Navarra, mientras que en 2012 fueron 91”, concluye.