Noches largas, días cortos. Seguro que la falta de luz influye en la observación pública, o como dice ahora la tontuna, en el ‘recap’ político. Quizás por eso todos los partidos parezcan amarillear y estemos hasta el gorro de sus bilis, de sus pelmadas y de que hagan el zascandil cada dos por tres.
Comenzamos un año que parece un camino a nada bueno, y la nostalgia se vuelve un escape. Pero los años ochenta son tan viejunos como los macilentos cuarenta lo eran en nuestra adolescencia. El paso del tiempo es un territorio fascinante, y la memoria inconsciente lo es aún más. Algo se activa cuando a partir de una edad los antepasados nos salen de las entrañas, y sus expresiones, sus dejes, sus virtudes y defectos se nos acoplan como una reencarnación de andar por casa. Pero al igual que en Midnight in Paris, la película de Woody Allen, algunos que añoran el pasado olvidan que sus abuelos quizás también extrañaron el mundo de sus ancestros.
Hipótesis inconfesable
En este repliegue conservador, las crisis económicas y la Inteligencia Artificial amenazan con descorcharnos del mercado de trabajo en cualquier momento. Y claro, nos sentimos desarbolados, y algunos buscan chivos expiatorios y otros se abonan a una corrección artificial. Hablando de la segunda generación de migrantes que habita entre nosotros, creo que no podremos presumir de convivencia hasta que nuestros entornos se vuelvan mestizos, y el racismo lo suframos en primera persona. Quien haya visto Adivina quién viene a cenar esta noche (1967) podrá comprobar que no estamos tan lejos del pater familias que interpreta Spencer Tracy antes de su enmienda. Porque modales hay para regalar, aunque algunos añoran cuando los migrantes eran, como muy lejos, de Badajoz. Falta calibrar este racismo latente y dejarlo de negar.
Pescar en aguas revueltas
Molestan los viejos, molestan los migrantes, molesta el gasto público. molestan los pensionistas, molesta el feminismo, molesta la estructura social. Y todo se azuza para hacerlo endeble y para sacar tajada. Las élites económicas tienen una relación conflictiva con la democracia. Son afanosas y no tan ociosas como se piensa. Buscan el business y el storytelling, la exclusividad y el privilegio, y le echan ganas. Y así, tacita a tacita nos van colando que aquel grandísimo proyecto de igualar las oportunidades de las personas está yendo demasiado lejos. Si por A o por B la democracia resulta excesiva, el paso consiguiente será recortarla. Ojo con ese marco.
El plan es laminar al progresismo para que no gobierne la ultraderecha, y en el PSOE hay quien quiere pagar el roscón y que el PP deguste la nata
Habas
Hoy el plan es laminar al progresismo para que no gobierne la ultraderecha. Que el PSOE acuerde con el PP a modo de orfidal social o de sacrificio en un altar. Del sanchismo al pagismo o similar con escala en Feijóo. La pretensión, más allá de apellidos, tiene más años que Maricastaña. Desde los tiempos de Alfonso Armada la concentración crepita en el poder profundo; ahora por un PSOE que se entienda con Génova y no con Sumar. En un Ejecutivo muy monárquico y español, pero más solícito con Trump. Y con más devoluciones en las fronteras. Y que todos hablen castellano en el Congreso y vuelva la TVE sin rojos ni periféricos.
Las facho cartas a los Reyes Magos este año van cargaditas. Y en el PSOE hay quien quiere pagar el roscón y que el PP deguste la nata. Pagafantas.