Tan preocupante o más que la violación del derecho internacional perpetrada por Trump para capturar a Maduro es la tibia respuesta de la comunidad internacional a su nuevo exceso. El Consejo de Seguridad de la ONU se ha limitado a criticar “con firmeza” la intervención militar en Venezuela. Entre quienes reprochan la operación figuran los representantes de Francia, China, Rusia y España, ante los que el presidente yankee no hace ni el protocolario acuse de recibo. Al contrario.

Extiende sus amenazas a otros países del entorno como México, Colombia y Cuba, al tiempo que trata de justificar la necesidad de hacerse con el dominio de Groenlandia. No se detiene ahí Trump, que ya ni se esfuerza en disimular su desprecio a la democracia. En una nueva comparecencia pública, ha dejado claro que es él quien está al frente de Venezuela y que no tiene intención alguna de impulsar un proceso electoral que dé legitimidad a quienes pudieran ser los sucesores de Maduro. “Yo estoy al mando”, ha dicho el poderoso magnate norteamericano apenas unas horas después de que Delcy Rodríguez tomara posesión como presidenta del pais, bajo la amenaza de “hacer lo correcto” si no quería sufrir un castigo mayor que el de su antecesor. Ya sabemos qué significa hacer lo correcto. Permitir que la industria norteamericana mangonee el petróleo de los venezolanos, que son quienes menos le importan en todo este proceso. “Cada vez que EEUU ‘salva’ a un pueblo, lo deja convertido en un manicomio o un cementerio”, dejó escrito hace tiempo Eduardo Galeano. Y nada indica que en esta ocasión las intenciones de quien está absolutamente fuera de control sean distintas.