Navarra exporta a los países de Mercosur unos 112 millones de euros al año. Una cifra relevante en términos absolutos, pero muy reducida en el conjunto del comercio exterior navarro, que supera los 10.000 millones. Apenas algo más del 1% del total. Ese es el tamaño real del mercado que hoy se presenta como una gran oportunidad, especialmente cuando el mercado estadounidense se ha visto limitado por nuevos aranceles. Con este dato sobre la mesa, la pregunta es inevitable: ¿compensa el riesgo que asume Navarra, especialmente su sector primario?

La industria navarra tiene capacidad, escala y margen para competir y encontrar oportunidades en Mercosur. También parte de la agroindustria, basada en la transformación y la calidad, puede explorar nichos. Pero el campo juega otra partida. Ganaderos y agricultores navarros se enfrentan a la entrada de productos producidos a menor coste y bajo exigencias ambientales, sanitarias y de bienestar animal muy distintas a las estrictas normas europeas. Un mercado que ejerce una presión directa sobre precios y rentabilidad, especialmente en el caso del vacuno. Países como Argentina, Uruguay o Brasil son grandes productores de carne y competidores directos. Si no hay controles estrictos, salvaguardias reales y medidas de compensación claras, se asumen riesgos económicos y territoriales, principalmente en el entorno rural. La diversificación de mercados y la globalización no está exenta de costes internos.