Leo en un titular que Navarra cuenta con 91 clínicas de medicina estética no quirúrgica, un 60 % más que hace cinco años. Leo más abajo que estos establecimientos son los que se dedican a la aplicación de rellenos, bótox, ácido hialurónico, peelings o hilos tensores. Tratamientos correctores y rejuvenecedores. Aplicando la lógica más elemental parece que cada vez nos percibimos más incorrectas, entiendo que tanto las jóvenes como las mayores y pregunto ¿cómo seríamos si fuéramos correctas?, y, sobre todo, ¿dónde se construye el canon de la corrección? Y también más envejecidas, en este caso las menos jóvenes, pero ¿en qué edad tendríamos que quedarnos?
¿No les parece retrógrada, abusiva y machista la pregunta que subyace que no es otra qué cuál es el aspecto o la edad ideal para una mujer, para cualquier mujer? Porque nos queda claro que la clientela es mayoritariamente femenina.
Por mi parte, doy fe de que en los últimos cinco años he envejecido y como lo venía haciendo antes a buen ritmo, es seguro que si consulto me hacen un plan que me tendría entretenida una temporada. Pero a la primera euforia por el reencuentro con aquella que tuvo la piel más tersa sucedería la vigilancia ansiosa, la comparecencia diaria ante el espejo, la mirada de reojo para pillar la falta, el no me digas que… porque esto es como la ITV, una vez que empiezas, hay que repetir.
El otro día necesitaba una foto y J me hizo unas cuantas. Es revelador verte como te ven, ¿verdad? Porque los demás perciben la arruga que se obstina, esa flacidez, el tono más apagado, nada que cambie sustancialmente del martes al miércoles pero que es en conjunto una suma implacable, el aire de la edad, que somos seres vivos porque nos morimos. Bueno, nada nuevo.