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A pie de obra

Paco Roda

Lo de VOX y más

Lo de VOX y másEFE

Feijóo y Abascal saben que sus ideas se inscriben en un orden posdemocrático. Porque la democracia, como la entendemos hoy, se la suda. Ganan votos porque hay una desarticulación galopante de lo político, los espacios públicos, el vínculo social y hasta del deseo. Lo que gritan no es una anomalía, ni una regresión al pasado, sino una alternativa al capitalismo nihilista que nos devora.

Y saben que el odio, la rabia y el resentimiento, hábilmente mezclados como fuerza orientada contra todo lo que el neoliberalismo ha fragmentado, los llevará al poder. Pero para esto se necesita un estado de excepción que guarde las formas de la democracia. Y en ello están. Porque mientras la izquierda esclarecida disputa el relato de lo que sucede, la ultraderecha configura los hechos mismos.

Ahora bien, esta banda no quiere resolver los malestares existentes. Se la trae al pairo la vivienda, la desigualdad o la sanidad precarizada. La ultraderecha falocéntrica amplifica este malestar y lo convierte en una máquina de movilización política. En este sentido, la ultraderecha no representa una nueva versión del fascismo, no. Va más allá. Porque propone una nueva forma de gobernabilidad en la que los individuos se someten voluntariamente orientados por los discursos identitarios, el odio y la amenaza exterior de esos “otros”. Y VOX ha sabido reclutarlos en Aragón y Extremadura. No creo que todos sean fascistas. Tampoco que esa gente crea que sus vidas vayan a mejorar con VOX gobernando. Más bien buscan una identificación, algo que les permita orientarse en el caos que el neoliberalismo ha generado. Y en ese discurso, donde el odio es el nuevo contrato social, miles de sujetos devastados encuentran la recomposición de sus identidades.

¿Y la izquierda? Jorge Alemán dice que: “Hace rato que la izquierda habla de mejorar la vida; es paliativa”. Pero mejor dejar esto para otro lunes.