Hola personas, ¿todo bien?, malegro. No puedo decir lo mismo, sigo preso de mis males y ellos me obligan a rascarme continuamente la coronilla para pensar algo mollar que traer a esta página. Así qué, como el hambre agudiza el ingenio pues estoy a la que salta y el otro día saltó una idea. Os cuento. Entraba yo a tomarme una rica tortilla de patata en el templo de tal manjar que es La Navarra, en la calle Amaya 10, cuando hube de permitir la salida de alguien que me saluda, miro y veo a otro plumilla de este medio: Paco Roda, que nos alegra el lunes con su columna en la que no pueden caber más literatura, ni mayor imaginación ni mayor denuncia a la vez en tan poco espacio de papel. A mí cuando le leo me mata la envidia. Hay veces que no comparto el fondo, pero me sigue gustando la forma. Y las buenas formas se agradecen. Paramos a hablar un rato de libros y escritos y cosas de esas y me dijo, ¿sabes a quién tienes enganchada a tus Paseos?, a mi suegra, no se pierde uno. Y ahí saltó la idea que pillé al vuelo. Se le ocurrió a él. Tendrías, me dijo, que escribir un ERP hablando de tus lectores, y me dije: toma ya, lo compro. Y ya por extensión, y ya que no he podido casi pisar la calle, hablaré de algo que conozco bien: los pamploneses/sas y muchas de sus subespecies. Así que gracias Paco por la idea.

Veamos.

Ciertamente lo que me dijo Roda, acerca de su suegra, no me pillaba de sorpresa. Desde los primeros artículos vi que tenía gran predicamento entre la gente grande, la gente mayor, la experiencia viva, y así me lo hacían saber. El primero de ellos que interactuó conmigo fue un señor llamado Nicolás A. que llamó a la redacción del periódico para que me diesen recado de que le llamase. Así lo hice y, un señor encantador, empezó por darme las gracias por mis escritos, que tantos recuerdos le traían a la memoria, y me dijo que se había puesto en contacto conmigo para decirme que él fue el primer niño que había nacido en la colonia Argaray. ¿Dónde encontraríamos ese dato? En ningún sitio, solo en la enciclopedia viva de nuestros mayores. Para todo lo demás Güikipedia.

Es lógico que este querido sector de la población siga mis andanzas, en ellas se habla mucho de aquella Pamplona que yo viví de niño, pero en la que ellos ya tenían una edad de disfrutar, de conocer, de vivir su vida en aquellos tiempos en los que eran jóvenes y fuertes. Ellos disfrutaron sus años mozos en aquella ciudad pequeña, pacata, cerrada y dominada por unas ideas que muy probablemente no eran las suyas, pero no había alternativa, había que adaptarse al medio. Otro señor, llamado Ignacio, un día me entregó una lista con curiosidades pamplonesas y entre ellas había un dato para mí desconocido. Resulta que León Salvador, el célebre charlatán, vendedor ambulante de cuchillas de afeitar y relojes sin cadena, dicen que si alguien preguntaba por ella decía, resuelto, el bueno de León, ¿cadena?, sí, perpetua te voy a dar; lo cual provocaba la risa y regocijo del resto del público, potencial comprador de su quincalla, que encontraba, escuchando a tan singular personaje, un espectáculo gratuito y divertido. Pues bien, Ignacio, me contó que D. León tuvo un sucesor en el negocio, era su yerno y se llamaba Quinito García. El bueno de Quinito no tuvo el éxito de su suegro, pero, según mi informador, vino varios sanfermines ofreciendo sus productos. Estos lectores de cierta edad, suelen tener una queja, todos me dicen que mis libros pesan mucho. Es culpa de las fotos, necesitan ese papel y eso pesa.

Otro sector que me lee y me lo dice y me comenta y, muchas veces, me pregunta con auténtico interés y curiosidad por asuntos de la ciudad, son mis quintos, quinta arriba, quinta abajo. Ellos leen en mis páginas la ciudad que han vivido desde su nacimiento hasta hoy y, aunque eran muy niños, han conocido todos sus cambios, como el cambio del Campo de San Juan por el Sadar; han visto nacer y crecer todos los nuevos barrios, San Jorge, San Juan, Iturrama…; conocieron, conocimos, las huertas de la Rotxa, las casitas de Abejeras; conocimos y conquistamos los fosos asilvestrados de la vuelta del Castillo; vimos y admiramos la manzana de chalets de la avenida de Roncesvalles con Paulino Caballero y Arrieta; aun llegamos a ver las últimas ediciones del circuito de Pascua con las bicis corriendo por Carlos III y, en definitiva, fuimos viendo poco a poco como a la ciudad en blanco y negro empezaban a darle sus primeras pinceladas de color. Y así hasta hoy en que ya esta plena de color y vida.

El resto de mi público ya son ciudadanos sueltos de esta y aquella edad, de esta y aquella condición y de esta y aquella ciudad, que también hay gente por ahí que cada domingo hinca el diente en mis cositas. Por otro lado, no creo que mis memorias de abuelo cebolleta les interesen a la chavalería, excepto a los más listos de la clase.

Y ahora voy a abrir un melón que puede dar para mucho. Es evidente que aquí vivimos gentes muy dispares, grupos sociales que nada tiene que ver entre ellos, pero, mal que bien, conviven. Excepto cuando se presentan elementos irrespetuosos, avasalladores y poseedores de la verdad que toman la decisión de que en la plaza del Ayuntamiento de Pamplona no puede haber una tienda que se llame Sabor a España, y la tienen que atacar y atosigar continuamente, les han echado huevos y petardos más de una vez, las chicas que allí están son unas currelas que van acojonadas a trabajar porque cuatro iluminados así lo han decidido. Al final dejaron su firma y escribieron en la fachada bien grande Faxistak. Pero… ¿Quiénes son los fascistas?, ¿los cerdos ibéricos?, ¿los garbanzos de Fuentesaúco?, ¿los judiones de la Granja?, ¿la torta del Casar? ¿las yemas de Santa Teresa?, ¿las dependientas que los sufren?. No, los fascistas son ellos que no pueden aceptar a quién no piense como ellos. Eso les pasaba a Franco, a Mussolini, a Salazar, a Videla, a Pinochet, a Trujillo, a Somoza, a Fidel Castro, a Tito, a Stalin, a Mao, a Pol Pot, en definitiva, a todos los dictadores que en la historia ha habido y que el tiempo recordará como eso, gente asesina, e impositora de sus ideas con una guerra abierta al diferente.

De la mano de estos van esos contumaces que siguen ensuciando la Korrika con fotos de asesinos condenados, y no solo asesinos al azar, sino con la foto de quien más daño puede hacer, el asesino de un concejal del Ayuntamiento de Pamplona que, en sus tiempos, fue un político que luchó por las libertades y que formaba parte de aquellos concejales, enfrentados al régimen, que se llamaban los sociales, pero a sus verdugos eso les daba igual, lo mataron y ahora vitorean a su asesino en las narices de su hija, concejala de un consistorio que ha puesto pasta para la carrera. La solución es fácil: hay fotos, no hay pasta.

Y como he dicho este melón da para mucho.

La semana que viene a por otros.

Besos pa tos.

Facebook : Patricio Martínez de Udobro

patriciomdu@gmail.com

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