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Editorial

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Corrupción: un sistema en el banquillo

La coincidencia de juicios que afectan al PP y a figuras como el exministro Ábalos no representa fallos aislados, sino el síntoma de una cultura democrática y unos controles internos deficientes en el seno del Estado español

Corrupción: un sistema en el banquilloEP

La escena política y judicial española presenta, una vez más, una superposición de casos de corrupción que, lejos de ser anecdóticos, dibujan un panorama de profunda preocupación sistémica. Mientras avanzan los últimos flecos del caso Gürtel y se desarrolla el juicio por el caso Kitchen, que sienta en el banquillo a la antigua cúpula de Interior del Partido Popular en la legislatura Rajoy, la actualidad está marcada por la investigación del caso Koldo.

Esta simultaneidad no solo alimenta el cruce de acusaciones, sino que pone el foco en la insuficiencia de los mecanismos de control. El caso Gürtel destapó una red de financiación ilegal y sobornos. Paralelamente, el caso Koldo investiga una trama de presuntas comisiones en la compra de mascarillas en la que son protagonistas Koldo García, exasesor del exministro de la cartera de Transportes José Luis Ábalos –quien fuera mano derecha de Pedro Sánchez en el Partido Socialista Obrero Español–, y el empresario Víctor de Aldama como presunto comisionista. Expertos y organismos como el Grupo de Estados contra la Corrupción (GRECO) llevan tiempo advirtiendo sobre la baja confianza ciudadana en las instituciones españolas. Cuando los escándalos dejan de ser excepciones, la tesis de las manzanas podridas pierde toda su fuerza frente a la evidencia de un problema estructural. En este contexto, la denodada labor de los equipos de investigación de las distintas fuerzas de seguridad y de la fiscalía, desarticulando estas tramas, resulta encomiable. Sin embargo, su intervención intensiva es, en sí misma, una señal de fracaso. Dicha intervención no debería ser necesaria, o al menos no con esta frecuencia ni intensidad, si los mecanismos de control institucionales y, sobre todo, los filtros internos de los propios partidos políticos funcionaran correctamente.

La acumulación de causas judiciales evidencia que la política no ha sabido, o no ha querido, atajar la enfermedad desde dentro. El verdadero debate, por tanto, no es solo la regeneración del sistema, sino la construcción de una cultura democrática basada en valores éticos sólidos que actúe como el principal cortafuegos, mucho antes de que un juez tenga que intervenir. La justicia actúa, pero la regeneración ética y política sigue siendo la gran asignatura pendiente para parte del sistema.