la carta del día

69 aniversario del campo de tiro de Bardenas

15.06.2020 | 01:57

Desconozco la razón de llamar polígono de tiro a lo que es un campo de bombardeo. El nombre en sí, polígono, ya bombardea todo lo que, en Geometría, aprendimos y enseñamos que significaba esa palabra.

El pasado día 9 cumplió 69 años su primer convenio de alquiler por parte del Ejército del aire en la época franquista a cambio de unas pesetas anuales.

Las quejas por el uso fueron subiendo y, con ellas, los precios. Hoy son unos envenenados euros capaces de ahogar conciencias. Por ellos, muy pocos representantes municipales son los que se atreven a solicitar que se desmantele el campo y, en lugar de ser zona de interés para la defensa, sea sólo el parque natural y reserva de la biosfera como está declarada. Lo demuestran en las repetidas prórrogas del convenio que apoyan, cuando es el momento de dar la cara y levantar la mano en contra del mismo.

Las prórrogas de convenios se deciden en juntas de Bardenas, pero cada ente congozante es responsable de su voto, conociendo las posibles consecuencias futuras del mismo.

La sociedad confía y delega en sus cargos electos porque pueden disponer de una información que sólo está a su alcance. Con esa información deberían decidir lo mejor para la sociedad que ha confiado en ellos/as.

La próxima renovación del convenio será en 2028, tras la aprobada en 2008, con el voto favorable de Carcastillo, presidido por Julio Eduardo Prieto, de UPN.

El convenio anterior, en 2001, se firmó con el voto en contra de Carcastillo, presidido por Constantino Alfaro, de unos Independientes de Carcastillo (IC) muy convencidos del rechazo, sin sufrir deterioro las relaciones personales ni institucionales con representantes de los entes congozantes.

Estos días, a raíz del coronavirus, se está cuestionando al Gobierno que, con la información que disponía, no hubiese tomado medidas previsoras con anterioridad, y así haber evitado muertes y familias destrozadas.

Los responsables municipales de los entes congozantes saben que en el campo de tiro pueden bombardear (lo llaman entrenar) los países de la OTAN, EEUU, además del Ejército del aire español. En las poblaciones próximas, congozantes o no, es habitual oír los ruidos de aviones ante conflictos bélicos en los que intervienen.

Sería de increíblemente ingenuos no pensar que esta zona nuestra y nuestros pueblos están en el punto de mira de todos los ejércitos poderosos del mundo, con sus misiles físicos y químicos preparados para destrozarlo en caso de necesidad. Sin olvidar los posibles accidentes en las prácticas habituales.

Aunque suene duro decirlo, la realidad es que algunos venden su voto por dinero, sabiendo que, ante un posible conflicto internacional, nuestra zona sería muy castigada. Si llegase a ocurrir, nosotros o nuestros descendientes señalaremos o señalarán a los representantes que, conociendo estos posibles riesgos, lo permitieron.

Algo de malo tendrá cuando no hay ninguna comunidad española, por necesitada y desértica que sea, que tenga el mínimo interés en arrebatarnos ese dinero. En esto, vergonzosamente, somos únicos.

Casualmente, me enteré que, hace un tiempo, el Ayuntamiento de Carcastillo, presidido por Javier Igal y apoyado por algunos concejales de Independientes de Carcastillo (IC), que han cambiado de pensar respecto a lo que votaron en 2001, no quiso plantear ni pronunciarse en el Pleno sobre una propuesta presentada por la Asamblea Antipolígono de Bardenas en la que, entre otras cosas, pedía posicionarse favorablemente al desmantelamiento del polígono, a favor de la marcha Antipolígono y pedir el cese de bombardeos.

Se quitó de encima el compromiso con un derechazo malo, sustituyendo la moción presentada por otra cargada de humo que no incluía ninguna de las propuestas mencionadas.

Quienes pagan, saben que el silencio o el voto favorable se pueden comprar, aunque sean conscientes que su voto sirve para perfeccionar cómo matar a personas de todas las edades en el país que convenga cuando interese.

El voto o el silencio es cuestión de conciencia.

Las prórrogas de convenios se deciden en juntas

de Bardenas, pero cada ente congozante es responsable de su voto