La educación del futuro
Todos sabemos y experimentamos que la educación que recibimos está enfocada principalmente a prepararnos para trabajar, a ser productivos, en definitiva, a dedicar un tercio de la vida al curro. Pero, ¿es este realmente el camino del futuro?
Las nuevas tecnologías, y en especial la inteligencia artificial, ya están transformando el mundo laboral: eliminan empleos, reducen tiempos de trabajo y modifican el valor de ciertas profesiones. Como siempre ha ocurrido en la historia de la humanidad, todo avance que abarata costes termina siendo implementado.
Si aceptamos este escenario, debemos preguntarnos: ¿qué papel jugará la educación? Tal vez el mañana requiera una enseñanza más flexible, que combine conocimientos sólidos con los intereses y aficiones de cada persona. Quizá formemos a ciudadanos no solo para un empleo, sino para colaborar con la administración pública en nuevas formas de gestión social, más participativas y transparentes. Esa cooperación podría incluso permitir reducir la carga de los impuestos, al optimizar recursos y eliminar intermediarios.
La gran diferencia respecto al pasado es la velocidad. Las innovaciones avanzan a un ritmo vertiginoso, mientras que la política y las instituciones siguen a paso lento. Las herramientas están ahí, falta voluntad para aplicarlas de forma masiva y transformar realmente la experiencia educativa.
Septiembre está a la vuelta de la esquina y el modelo sigue siendo prácticamente el mismo que hace décadas. Sin embargo, no podemos resignarnos: la educación no debe preparar únicamente para un mercado laboral cambiante, sino para una vida plena y una sociedad más justa, donde la tecnología y la colaboración ciudadana abran la puerta a menos cargas y más oportunidades.
El reto no es del futuro: es de hoy.