Me gustaría expresar mi sorpresa y tristeza ante la decisión de derribar los baños del paseo de Sarasate. Para muchos pueden ser un detalle menor, pero para quienes hemos vivido esta ciudad, formaban parte del clásico pack tómbola + helado, siempre respaldado por unos baños amplios, limpios y con mucha más historia de la que parece.
Pamplona ya ha cambiado bastante -a veces para bien, otras no tanto- y corremos el riesgo de perder esos pequeños elementos que nos ayudan a reconocer la ciudad que fuimos y a transmitirla a las próximas generaciones.
Además del lado sentimental, está el práctico: se pierden empleos de un servicio público que siempre ha funcionado impecablemente, y un baño autolimpiable ni ofrece la misma rapidez ni sirve a todas las personas (especialmente quienes sufren claustrofobia). Un servicio con personal también es cercanía, seguridad y calidad. Ojalá la modernización no pase por borrar lo que funciona.