Soy un padre primerizo con un inicio un tanto complicado en la tarea. Os escribo desde la UCI neonatal de Pamplona. Mi mujer Andrea, mi hija Ayala y yo vamos a hacer una semana aquí y todavía nos quedarán otros tantos más.
El tema es que, aún sin saber el tiempo que pasaremos aquí, ni cómo terminará este inicio en la partida de la vida que ha empezado mi hija, me gustaría escribiros un mensaje. No sé si esto podréis transmitirlo de algún modo o no, ni tampoco os quiero condicionar. Este mensaje es más una forma de expresarnos que otra cosa.
Queremos expresar lo agradecidos que estamos a los y las trabajadoras del Hospital de Navarra, a las matronas que nos atendieron, a la enfermera que nos ayudó la primera noche y se dio cuenta de que algo no iba bien, y sobre todo agradecer a todas las personas del área neonatal.
Podríamos citar muchos nombres: Elena, Cristina, Yolanda, Amaia, Maite, Maialen, Neketsu... Pero la lista no terminaría nunca.
Insisto que, pese a que no sabemos cómo va a terminar esto, quiero transmitir el agradecimiento que tenemos hacia todas estas personas que trabajan día a día en un sitio tan emocionalmente inconmensurable.
La coordinación que tienen en los cambios de turnos pasándose la información unas a otras, la reacción tan innata y eficaz que tienen cuando las máquinas suenan con esos pitidos que a los humanos nos genera un vuelco al corazón... La empatía que transmiten y la cercanía con la que te tratan. Todo en general es de admirar y agradecer. Para trabajar aquí hace falta ser especial. Y desde luego que estas personas lo son.
Insisto, no soy de escribir por redes sociales ni buscar que se publique nada. Pero este es un mensaje de un padre primerizo, muy asustado, pero muy muy agradecido de tener a todas estas personas que nos atienden en nuestra tierra.