De lunes

La fiesta y la compra en casa

17.12.2019 | 17:21

un reciente informe sobre Jóvenes, ocio y TIC concluye, entre otras cosas, que la juventud del Estado español de entre 15 y 29 años es cada vez más tecnológica y sale menos de fiesta, ya que un 74,6% de las personas consultadas asegura que la actividad que más realiza en su tiempo libre es chatear o navegar por Internet, frente a un 22,7% que apunta salir por la noche (ir de botellón, o a bares y discotecas para beber o bailar) -aunque, vaya por delante, salir de casa no tiene porqué ser sinónimo de nocturnidad, copas o botellón-. El estudio destaca que hay un gran descenso de las salidas nocturnas pero que, aun así, el ocio sigue siendo relacional (más vale): los y las jóvenes siguen hablando entre ellos pero ahora de manera virtual, sin salir de casa. ¡Menudo aburrimiento! pensamos, probablemente, muchos y muchas de mi generación.

Es evidente que estamos ante un cambio de ciclo que arrancó hace ya unos cuantos años y que esta nueva revolución avanza a pasos agigantados, lo que no deja de producir una gran tristeza. Realmente es mucho más cómodo apretar un botón o presionar una pantalla para colgar y para mandar a paseo en caso de discrepancia que tener que dar explicaciones al interlocutor o intercutora si lo tienes ahí delante, físicamente. ¡Que antigua¡, dirán. Pero, ¿donde queda la tertulia, el apretón de manos, el abrazo, el beso, la caricia, la cercanía de lo físico? ¿Es mejor la frialdad y lejanía del móvil para entablar relación? ¿Es mejor buscar informaciones a través de las redes sociales en vez de que te las cuente la propia persona? ¿Es mejor quedarse en casa y divertirse en soledad o salir a divertirse en grupo? Creo tenerlo bastante claro. Y esto es solo la base. Este nuevo comportamiento se da en todos los órdenes de la vida y también en lo comercial. Ni el ciclón ese del Black Friday logra que los tenderos dejen de ser una especie en extinción y que la compra on line siga copando el mercado. Otra pena. Cierran comercios, prima lo exprés y esa especie de gratuidad de la gestión está dando al traste con muchos de los derechos laborales y sociales conseguidos tras arduas batallas.