Mesa de Redacción

Rapiña especulativa

14.02.2020 | 02:15

La compra por parte de uno de esos llamados fondos buitre que campan por los mercados de decenas de viviendas de alquiler social en los barrios de Rochapea y San Jorge pone en riesgo el futuro vital de más de 160 familias que pueden verse obligadas a abandonar su casa ante las subidas de los alquileres y la pérdida de las ayudas públicas. No es nuevo. Este tipo de fondos de inversión y especulación llevan años adquiriendo este tipo de viviendas –impulsadas en su origen con dinero público para ampliar la garantía de acceso a una vivienda digna a jóvenes, personas y familias con dificultades económicas o riesgo de exclusión social–, con el único objetivo del negocio particular. En este caso, es la vivienda social. Pero en otros es el agua, la alimentación, las pensiones públicas, los recursos naturales... Los fondos buitre es el arma del capitalismo del siglo XXI para acechar los derechos básicos de cualquier ser humano. Primero nos cargaron a la espalda el coste de la especulación inmobiliaria, financiera y bancaria con recortes sociales y laborales y ahora el capitalismo especulativo, la economía de los mercados, campa a sus anchas moviendo miles de millones de euros a través de fondos de inversiones y de riesgo, muchas veces a costa de traspasar los recursos públicos del bien común colectivo a los bolsillos privados. El ejemplo de la compra a la banca –que se lava las manos, claro–, de esas viviendas de alquiler social al finalizar los 20 años obligatorios destinadas a esa función es transparente. El fondo Testa Residencial no es más que un tentáculo de la todopoderosa Blackstone, el mayor fondo inmobiliario mundial, que hace negocio con la rapiña especulativa a costa de los derechos de las personas. Una estrategia diseñada para elevar el coste de los precios del alquiler en el conjunto del país. Regularlo y poner coto a la especulación desaforada de este capitalismo negro es prioritario e imprescindible. El derecho a una vivienda digna es un principio constitucional, pero como otros derechos sociales, derechos democráticos y libertades civiles, a los constitucionalistas de boquilla les importa nada, se los pasan por el arco del triunfo. Su constitucionalismo es de banderita, uniforme, negocios de amiguetes y rancia sacristía. Ahí se acaba.