Mesa de Redacción

Política fiscal

28.05.2021 | 02:05
Vista del hemiciclo del Parlamento de Navarra.

El Parlamento de Navarra volvió a debatir la necesidad de abordar una reforma innovadora del modelo fiscal de Navarra. La enésima vez. Está bien. Es un asunto importante. La moción de I-E que pedía en este caso modificar el Impuesto de Sociedades ante la pérdida de peso en la recaudación tributaria de los ingresos globales y el desequilibrio creciente frente a los ingresos por IRPF, la mayoría de rentas de trabajo y de las aportaciones de las clases medias, fue rechazada. El miedo a los mensajes de la demagogia fiscal y a los poderosos lobbies que defienden que los impuestos los paguen otros para beneficiarse luego de las prestaciones públicas también quienes no quieren pagar su parte a las arcas comunes, son fuertes y fácilmente manipulables. A la solidaridad común han pasado a llamarla robo fiscal. Simple demagogia, pero cuela en la opinión pública. Nivel de privilegiados y protegidos con lo público con la enfermedad del egoísmo individualista en la mente. Ni tan siquiera creo que el debate sobre la fiscalidad en Navarra en este siglo XXI se deba centrar solo en Sociedades. Es cierto que tras casi dos décadas de fracaso ultraliberal la adecuación de la fiscalidad al presente afecta al Impuesto de Sociedades y al sistema de beneficios y exenciones que permiten desde la ingeniería fiscal reducir al mínimo su contribución fiscal, pero debe ir más allá. Es una reflexión que está en marcha en las esferas de poder económico mundial. Luego están los charlatanes políticos. Es importante este debate para Navarra. No soy experto, pero por lo que se avecina debiera incluir el conjunto de las figuras tributarias, avanzar hacia la capacidad recaudatoria europea y sobre todo exige reflexionar sobre nuevos modelos fiscales que incluyan otros tipos de impuestos tanto en el ámbito medioambiental como tecnológico y energético. Al parecer, de todo ello se está ocupando un amplio grupo de expertos impulsado por el actual Gobierno foral cuyas conclusiones y propuestas serán las bases sobre las que se planteen los cambios en la fiscalidad navarra en 2022. Otro año más sin tomar decisiones. La política fiscal es un debate clave para el interés general de los navarros y navarras, porque las prioridades presupuestarias necesitan ingresos fiscales que las alimenten y sostengan el estado de bienestar de esta comunidad. Lo demás es simplemente una mentira que regresa al penoso pasado. Navarra necesita una política fiscal justa, progresiva, realista, innovadora, adecuada a la actual realidad socioeconómica y laboral y a las consecuencias que en empresas y trabajo pueda dejar la pandemia del coronavirus, también redistributiva de la riqueza y que garantice la viabilidad financiera de Navarra –con una deuda de 4.000 millones de euros–, la calidad de sus servicios públicos y la cohesión social ante las nubes de incertidumbre. Lo contrario es partidismo irresponsable y demagogia. Contar con las reflexiones del comité de expertos es importante, pero también que Gobierno, partidos, agentes sociales y empresariales y la misma sociedad sean conscientes de que el conjunto de la fiscalidad navarra debe afrontar cambios necesarios –el debate no es local ya, sino internacional–, no sólo en el modelo de recaudación, sino, y quizá más importante, incluso en apuestas imaginativas y novedosas desde el autogobierno.

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