Las librerías no son solo lugares donde se venden libros. Hablo de las mas cercanas, las que hacen tejido de comercio local, las que apuestan por ser punto de encuentro, las que promocionan a los autores jóvenes y locales, las que intentan colocar a la par los títulos más vendidos con los que quizás no tengan otra oportunidad.
Librerías kilómetro cero, locales con encanto y con la magia de quien vende lectura. Por suerte en Pamplona y en Navarra tenemos varias. Y son de agradecer.
No tiene que ser fácil ser librero en los tiempos que corren, con la competencia de las grandes cadenas que llegan con todo su poderío a los locales más céntricos. Pero esas grandes marcas no hacen ciudad, o al menos no con una identidad propia, porque son las mismas aquí que en cualquier otra capital en la que se asientan.
Son tiendas de libros, sí, y mejor negocios de cultura que otra cosa. Pero una librería es mucho más. Es sentir que llegas a un sitio donde leer libros está bien visto. Donde las pantallas pierden vida y la ganan las palabras escritas en papel. Llevan años peleando contra Internet y contra la piratería pero siguen a flote.
El Día de las Librerías se ha conocido un programa estatal de acompañamiento en el proceso de jubilación de los libreros y libreras, con el apoyo del Ministerio de Cultura y los principales grupos editoriales. El objetivo es conseguir el relevo generacional, lograr que los jóvenes vean en este oficio un futuro apetecible.
Es momento de impulsarlo para evitar que se vayan cerrando, como ha pasado a veces y pasa con otros sectores, porque el 25 % de los propietarios de librerías está a punto de jubilarse. No hay tiempo que perder. Ser librera tiene futuro.