Con un arranque muy participativo, la 24ª Korrika ha echado a andar desde Atharratze hasta Bilbao, atravesando 460 localidades. Ese lekuko que no se detiene pasará de mano en mano 3.425 veces hasta el final, simbolizando con precisión la transmisión del euskera: de persona a persona, de generación en generación. El inicio en Zuberoa no es casual. Desde Iparralde (con Baja Navarra y Lapurdi), la Korrika nos acerca a un territorio con el que compartimos lengua y cultura, y donde el euskera sigue siendo, en muchos pueblos, lengua de uso cotidiano que se ha transmitido por vía oral y con apoyo de ikastolas principalmente (a diferencia de otros pueblos más turísticos como Biarritz o Baiona donde el francés ha entrado más). En Soule perviven además expresiones como las pastorales (teatro popular en la calle) y las mascaradas (un espectáculo itinerante que mezcla teatro, danza, música y crítica social, siempre en euskera), profundamente ligadas al idioma y a la cultura vasca.

El domingo la carrera llegará a Iruña, reforzando su carácter social e identitario de un pueblo. Más allá de la celebración, el mensaje es claro: el euskera necesita seguir siendo aprendido y usado. Nunca es tarde para empezar. Existen nuevos métodos, como el comunicativo –el más extendido en la enseñanza a adultos–, que reproduce cómo aprenden los niños: prioriza hablar desde el primer día, simula situaciones reales, en definitiva, menos memorización aislada y más uso práctico. En esta carrera no se trata solo de llegar a Bilbao. La pretensión es que, cuando el testigo se detenga, haya miles de manos dispuestas a seguir llevándolo.