Cosas 'veredes'

24.10.2020 | 01:24
Ignacio Pérez-Ciordia

no todo es covid; casi todo sí, pero no todo. De hecho existe una pandemia de información sobre el covid; todos han puesto su granito de arena: las instituciones sanitarias con cambios de criterio casi diarios, los expertos matinales en programas de marujeo (con perdón) y las diatribas sanitario-políticas entre todas las fuerzas vivas (incluso las muertas) excusándose en covid para atacar al gobierno/oposición (tanto monta) con cualquier zarandaja.

Este exceso de información, que ocasiona desinformación, es administrado por irredentos poco fiables, cuya función es embrutecernos con la idea primigenia de educarnos. Nos dicen lo mismo y lo contrario sin solución de continuidad, siendo capaces de culpar al camino de la distancia.

Y mientras, el paro aumenta, la economía un desastre, la educación en entredicho, el sistema sanitario con pérdida de credibilidad. ¡Hasta los péndulos!

Pero aún persisten noticias marginales, dignas de ser incluidas en la Convención Aburrida, aquella que permite olvidarnos durante unas horas de pensar en el monotema. Hace unos meses serían noticias de primera página, portadas de noticiarios. Pero ya no destacan; leamos algo más que el titular de la portada para enterarnos de que existe vida más allá del purgatorio.

Entre estas noticias aburridas señalo aquellas que gozan de legitimidad cultural, bien por vocación o por devoción. Como la incertidumbre del malabarista, se desconocen sus efectos a corto; no son populistas ni progresistas, solo veraces:

a) La policía echa gas pimienta a jugadores de fútbol. Y los pobres, que siempre habían pensando que la policía existía para poco más que para defender sus vidas, bienes y haciendas, no sabían cómo responder. Era como pasar de la macroerección al gatillazo en un chispazo.

La razón era muy sencilla: el árbitro del encuentro era hipersensible a los comentarios campechanos sobre su familia.

Quien tanto ha trabajado por la paz social, que incluso han regalado (gratis) autógrafos a los samuráis, que están a la diestra de dios-padre, deben pedir explicaciones al más alto nivel, sin rencor, porque es sabida la relación entre el deporte rey, clase política y el embrutecimiento poblacional. Y pedir dimisiones; no me gusta nadar contracorriente.

Por el bien del fútbol, deben fumar la pipa de la paz. Porque la alternativa es el caos social, antesala del fin del mundo.

b) La mujer que quiso ser negra. El día se hizo noche (la susodicha) y la noche día (Jackson). Es lo más cercano al mandato bíblico. El que tenga pocos imitadores no le quita relevancia. Desconozco si lo hizo por esnob, expiación de pecado de juventud o era budista y estaba en estado de gracia.

Recuerdo que en el colegio nos explicaron la diferencia entre ser y querer ser. Pero en aquel momento me pareció intrascendente, falto de sustancia y poco útil para el futuro; una pena no haber sido más proactivo en la asignatura.

Ha elegido y decidido emanciparse como negra. Está bien, solo que los dioses del Olimpo se han empeñado en dar sentido a quien se considera una mártir de la verdad y solo es una ensoñadora incomprendida.

c) J.J. Vázquez se considera "rojete". El ínclito-prohombre, el gurú narcisista, rey de la tarde televisiva se autodefine como rojo y maricón. Mi más sincera enhorabuena por su expresividad emocional. El ego no le paraliza, no le hace dudar y dice lo primero que sale por esa boquita de piñón; no importa si lo siente o es pura fachada.

No lo veo en reuniones con Pedro, pero tampoco veía al rey del pollo frito en reuniones con Felipe; no importa, es un visionario omnipresente.

Los más sesudos científicos han concluido que el programa, bellamente dirigido por el sofista televisivo, se ve básicamente por la princesa del pueblo, pura ortometapara filosofía. Los contertulios beben en las más antiguas fuentes del horóscopo, del conocimiento secreto, de los libros prohibidos, del abad Anselmo. Tienen bravura para hablar, menos para callar.

Son expertos en el arte de la decadencia, virtuosos en comentarios desalmados de brocha gorda, de contenido nulo y apostólico, cotorras capaces de convertir este país en un erial.

La razón última del share, confirman las fuentes, es saber que hay gente más imbécil, maleducada y embrutecida que el televidente.

Si acuñamos el mandato de por sus hechos los conoceréis, tiene de rojete lo mismo que Pablo, quien de Vallecas emigra a Galapagar y hace del nepotismo familiar su forma de gobierno.

Hay otras noticias más intangibles, propias de la cultura inmaterial, escuchadas donde se dicen las verdades en su totalidad, no parcializadas como en el parlamento. Son conversaciones oídas a pie de calle o, más fielmente, en terrazas de cafetería; cosas insustanciales, venialidades intrascendentes. Lo opuesto a lo hablado en foros por nuestros comentaristas intelectuales.

d) Un grupo de personas, en la veintena, razonaba sobre la aspiración de los jóvenes: llegar a la edad de jubilación; ese era su objetivo, pura Epifanía. El animador sociocultural del grupo recalcaba, con euforia, que quería lo mismo que sus padres; los demás callaban.

Hay personas que son muy codiciosas desde la juventud.

e) En el mismo lugar, en la misma mesa y en la misma semana, otro grupo diferente; más comedidos en el hablar, sin griterío, casi con miedo. Eran partidarios de las listas cremallera (símil en política), aduciendo que una mayoría potente de universitarios eran de género femenino; incluso ejemplificaban el caso en que 9 de cada 10 estudiantes de algunas ramas de ciencias de la salud eran mujeres y ello era abusivo. También afirmaban que todo privilegio era una aberración. He decidido bautizar la susodicha mesa como bomba retórica, un autentico unicornio inanimado.

No me siento voyeur auditivo, únicamente escuchante activo empeñado en rumiar lo que se habla en la calle. La distancia entre la calle, parlamento y medios de comunicación es la misma que separa al ojo del orzuelo.

El autor es sociólogo

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