Tribuna abierta

¡Hola, Raffaella!

13.07.2021 | 09:49

Más que el icono televisivo, Raffaella Carrà fue sobre todo una mujer comprometida con unos valores de solidaridad y unas convicciones feministas ajenas a la elaboración teórica del movimiento. La Carrà fue una feminista acorazada desde su experiencia vital que conectó con las audiencias de medio mundo con el desparpajo de la reivindicación subliminal

RAFFAELLA ha muerto y su despedida el pasado 9 de julio se convirtió en un acontecimiento de Estado. Su sencillo féretro de madera sin desbastar transitó por las calles capitalinas siendo Raffaella llorada, recordada o rezada por todos los romanos presentes, sobre todo por las mujeres que tanto se identificaban con ella. Raffaella, muerta a los 78, inició su carrera artística con 9 años. Con el tiempo pasó a Hollywood, de donde volvió pronto convencida de que el cine no era lo suyo. Porque lo suyo era cantar, bailar y comunicarse con el público gracias a su espontaneidad y simpatía. La televisión era su destino y en ella encontró el medio para expresarse. Los espectadores italianos primero, luego españoles y sudamericanos, finalmente centro y norte europeos le abrieron sus corazones pues veían en Raffaella una diva próxima, accesible.

fEMINISTA Su música pop-disco con letras picantes o reivindicativas en defensa de la mujer sometida al macho italiano, sexualmente insatisfecha, deseosa de mostrar su poderío. El ama de casa, la novia-florero, la chica paquete de la Lambretta se liberaban con la potencia de aquella mujer de escasa altura e infinitas piernas a la que acompañaban en el escenario unos estilizados bailarines, mero atrezzo físico, que se movían a su compás. El feminismo de Raffaella no era el resultado de elaboraciones teóricas sino de su experiencia vital: "Nosotras las mujeres arriesgamos todos los minutos de nuestras vidas. Ellos, está claro que no". Cierto. El mundo para la mujer es una constante confrontación con el riesgo, riesgo de soledad, riesgo del error en la elección de la pareja, riesgo de la pérdida de trabajo cuando la crisis se presenta y se cobra los primeros despidos en las mujeres, riesgo de la salud con los embarazos fuesen o no deseados, riesgo de infidelidad y abandono.

Raffaella nunca se casó, en cierta ocasión dijo que "el matrimonio es una institución caduca que coarta libertades". Sin embargo, tuvo dos parejas de larga duración y ocasionales relaciones, una de ellas, al parecer, con el emérito rey de España. De ser cierto ese Rumore, Rumore, es lo único de la biografía de la Carrà que me hace arrugar la nariz. Con el Vaticano tuvo problemas. Su baile Tuca-Tuca en el que por primera vez una artista enseñaba en televisión ¡¡su ombligo!! suscitó la animadversión de la Curia considerando el papa Pablo VI que la artista era "demasiado provocadora". A esas alturas, pocas mujeres italianas seguían al Papa de la encíclica Humanae Vitae en la que la píldora contra los embarazos se declaraba contraria a la doctrina católica, por lo que el asunto del ombligo quedó como muestra de la vetustez de la Iglesia en materia de moral privada. Siempre he pensado que aquel ombligo era puro pretexto y lo que a los puritanos católicos les encabritaba eran las intencionadas alusiones de Raffaella incitando a la búsqueda de la satisfacción sexual femenina contenidas en letras como Uno, due, tre, picante juego de palabras trasponiendo el uso del antiguo marcador de teléfono de ruedas y la masturbación femenina. Otro de sus éxitos: Explota, explótame, explo, explota, explota mi corazón no contribuyó a rebajar el cabreo y su apoyo a la causa gay le confirmó como irrecuperable para el tropel de integristas. Más complicadas fueron sus relaciones con algunos políticos italianos.

sOLIDARIA Debo comenzar recordando que Raffaella era confesa votante del Partido Comunista Italiano (PCI) y que hacía afirmaciones tan rotundas como: "En un conflicto entre trabajadores y empresarios, yo siempre estaré al lado de los trabajadores". Su solidaridad era para aquella boloñesa una tradición familiar. Una vez alcanzado el éxito se enteró de que sus compañeros hombres de la Televisión italiana cobraban más que el doble de su salario. Raffaella exigió y obtuvo una importante subida de su caché siendo la artista mejor pagada de la RAI (Radio Televisión Italiana) y estalló el escándalo. El ministro socialista Bettino Craxi calificó de expolio al erario público la nómina de la Carrà. El director de la RAI convenció al Parlamento de que Raffaella había elevado la audiencia hasta cotas nunca antes alcanzadas triunfando en todas las franjas horarias. Raffaella salió reforzada rompiendo para las mujeres un techo de cristal. Lo irónico es que el tal Craxi acabara sus días en Túnez, fugado de la justicia por su participación en la Tangentopolis, el mayor escándalo de corrupción italiano consistente en el cobro de comisiones ?tangente? por parte de los políticos a empresarios o directamente a las arcas públicas en concesión de licencias de obras etc. Es el mismo Craxi que murió sin explicar ante la magistratura italiana su eventual cobro de otra tangente por su gestión para que el Museo Guggenheim estableciese una franquicia en Bilbao a cuya inauguración asistió como invitado de excelencia.

La Tangentopolis acabó con el sistema tradicional de partidos en Italia desde la Democracia Cristiana al Socialista pasando por su querido PCI (Comunista). Tal naufragio no supuso que Raffaella quedara sin creencias o se convirtiera al escepticismo social pues encontró en la solidaridad una respuesta a sus inquietudes. La mujer yerma tuvo cientos de hijos adoptados en la distancia a los que atendía materialmente y seguía en sus progresos educativos. Aquel terremoto en el escenario fue quien lideró la ayuda a los damnificados por los seísmos ocurridos en el 2012 con epicentro próximo a su ciudad natal de Bolonia y que tuvieron como consecuencia decenas de muertos, desaparecidos y múltiples heridos, así como el destrozo de gran parte de su patrimonio histórico.

La Carrà entró en todas las casas con su programa Pronto... Raffaella?, para los países hispanoparlantes ¡Hola, Raffaella! consistente en un concurso bobalicón donde quien cogía el teléfono tenía que contestar de tal modo a quien sin identificarse llamaba a un número al azar. El ¡Hola, Raffaella! acabó siendo otro éxito televisivo y motivo de añoranza para mí, harto de recibir llamadas donde la voz que escuchas te hace ofertas bancarias, telefónicas o eléctricas. Miro al cielo nocturno y en Sirio, la estrella más brillante, aprecio el suave reflejo de Raffaella, que se retiró de la vida pública para afrontar su enfermedad mortal sin hacer aspavientos, como había encarado su vida, con el vientre liso y sin fruncir el ceño. Nos queda su resonancia y su recuerdo. Para los más tifosi, entre los que me encuentro, descolgar el teléfono para decir ¡Hola, Raffaella! a la espera de algún runrún que confirme que allí está ella, la que nunca aceptó ladrar, morder y mover la cola.

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