Un acierto sanitario y social: se consolida la cura de una herida histórica
La implantación del Grado de Medicina en la UPNA representa un símbolo de lo que ocurre cuando la política se ejerce con ambición, convicción y lealtad al interés general
Aprovechando que hoy se procede a la inauguración del nuevo edificio de la Facultad de Ciencias de la Salud, quisiera recordar que la implantación del grado de Medicina en la Universidad Pública de Navarra ha supuesto un triunfo de la visión política, un ejercicio de justicia social y una potente apuesta por el futuro de nuestra sanidad.
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Un proyecto que durante años fue anhelado por la sociedad navarra, que durante décadas vio cómo gran parte de sus jóvenes aspirantes a médicos, los que no tenían los recursos económicos para acceder a los estudios privados, debían salir de Navarra forzosamente. Hoy, esta realidad ha cambiado gracias a una determinación política clara y perseverante.
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La valoración de esta implantación no puede ser más positiva. Supone cerrar una desigualdad histórica: dotar a nuestra universidad pública de una pieza fundamental y, lo que es más importante, sentar las bases para fortalecer nuestro sistema sanitario desde su raíz.
Formar a nuestros futuros médicos en casa, en contacto directo con la realidad de nuestra tierra y su sistema de salud, garantiza no solo una formación de excelencia adaptada a nuestras necesidades, sino también una mayor fidelización de talento. Y esta fue la inversión estratégica que fortalecía nuestro autogobierno y, cómo no, también nuestra soberanía sanitaria.
Fue Geroa Bai quien elevó esta reivindicación social a prioridad política indiscutible. Uxue Barkos hizo de este proyecto un compromiso en su legislatura y le imprimió la fuerza y la credibilidad necesarias para vencer inercias y escepticismos de los gobiernos anteriores liderados tanto por UPN como PSN.
También el consejero Domínguez, cuyo trabajo técnico y político, meticuloso e incansable durante la legislatura 15-19 fue clave para diseñar y sacar adelante un modelo viable, innovador y de calidad educativa. Su tenacidad ha convertido un sueño colectivo en un proyecto tangible del cual podemos beneficiarnos hoy como sociedad.
En el fondo, este éxito encarna una filosofía que trasciende lo académico: la necesidad imperiosa de apostar por la educación pública como la mejor herramienta para erradicar desigualdades sociales estructurales. Y este ha sido el objetivo que en Geroa Bai hemos mantenido desde 2015. Defender la educación pública significa fortalecer los cimientos de una sociedad más justa y cohesionada.
Un grado de medicina público, accesible por mérito y capacidad, y no por poder adquisitivo, es un potentísimo igualador social. Abre la profesión médica a todo el talento navarro, sin distinción de origen o recursos, y contribuye a que nuestra salud esté en manos de los mejores.
Resulta por ello desolador, aunque predecible a su vez, observar cómo algunos que hoy pretenden subirse al carro del éxito y colgarse la medalla, cuando tuvieron la oportunidad y la responsabilidad de gobernar, relegaron este proyecto al cajón de los imposibles. El PSN, que gobernó en Navarra durante años, tuvo en sus manos la posibilidad de impulsar esta titulación y no lo hizo. Prefirió la complacencia o la inacción, privando a generaciones de navarros de una oportunidad histórica. Su actitud entonces contrasta vivamente con sus declaraciones actuales, revelando una triste falta de ambición y de compromiso real con la educación pública y con la vertebración de Navarra.
Y en el extremo opuesto a la construcción, encontramos la oposición sistemática y escéptica del PP y UPN. Allá por 2018, su voto en contra negaba la necesidad o la viabilidad de un modelo público, en defensa de un statu quo injusto y la renuncia a una herramienta clave de progreso.
Prefirieron, o prefieren, un modelo que, de facto, perpetuaba los privilegios. Esta negativa es constante, siendo un lastre para el futuro de nuestra comunidad.
La implantación del grado de Medicina en la UPNA significa mucho más que una titulación. Representa un símbolo de lo que ocurre cuando la política se ejerce con ambición, con convicción y con lealtad al interés general.
Es un recordatorio de que apostar por lo público, por la educación y por la igualdad de oportunidades no es un gasto, sino la mejor inversión. Y esto es algo que debemos celebrar y defender frente a quienes, desde la inacción pasada o el negacionismo presente, nunca creyeron en este grado público.
La autora es parlamentaria foral de Geroa Bai