Al pueblo de Altsasu
Trabajadoras de la residencia Aita Barandiaran de Altsasu queremos denunciar las condiciones de precariedad laboral que sufrimos, el nivel de estrés que soportamos y la situación de vulnerabilidad que vivimos, y manifestar así nuestro hartazgo.
Trabajando en turnos de mañana, tarde y noche, incluidos festivos, nuestro sueldo no alcanza ni 1.350 euros al mes, y esto en el mejor de los casos.
Trabajamos 240 horas de más al año para poder cuadrar el calendario, extras que no son retribuidas, ni económicamente, ni en días de vacaciones o descansos. Y, peor si cabe, este año en varias ocasiones hemos tenido que acudir a trabajar en días de descanso nuestros debido a la falta de previsión del ayuntamiento, que nunca ha elaborado una bolsa de trabajo y no encuentra personas que quieran o puedan trabajar en el centro.
¿Por qué será?
Hablando de falta de previsión, en este momento la residencia carece de un puesto de mantenimiento, debido a que la persona que durante 30 años la ha cubierto, se ha jubilado. Sabiéndolo con un margen muy amplio, cómo es posible que el ayuntamiento no haya hecho una convocatoria para cubrir dicha vacante, y lo tenga que hacer ahora.
Debido al número tan reducido de trabajadoras y trabajadores que conformamos la plantilla el nivel de estrés que soportamos en las horas puntas es insoportable. Esto influye en nuestro estado de ánimo y hace que nos sintamos hartas y hartos.
Las plantillas de cuidadoras, técnicas/técnicos sociosanitarias/rios las conformamos con cinco personas en turnos de mañana y tarde y dos en el de noche. Las instituciones se hacen eco continuo de que los centros geriátricos deben ofrecer un servicio de atención integral a las personas usuarias de las mismas que alcance el mayor grado de calidad. Objetivo que por supuesto compartimos y tratamos de cumplir en la medida de nuestras posibilidades.
¿De verdad se creen las instituciones que con estas plantillas el objetivo mencionado es compatible?
Por último, queremos reseñar que aunque contamos con el apoyo de la mayoría de los familiares, en algunas ocasiones hemos recibido insultos y amenazas. Cuando hemos acudido a denunciarlas, la contestación recibida ha sido que tengamos paciencia. De ahí que en estos casos nos sintamos también vulnerables.
En representación de trabajadoras de la residencia