España es una de las doce economías más grandes del mundo. El Producto Interior Bruto español, todo lo que produce la economía en un año, ha logrado colocar al país en el club de las trece economías del mundo que superan los dos billones de dólares. Su PIB ha duplicado el valor que tenía en 2003, que era de un billón de dólares. Lo cierto es que el tamaño del PIB no es indicativo de la calidad o estándar de vida de sus habitantes, no obstante, el PIB agregado sí puede ser importante para determinar la influencia de una economía en el mundo. EEUU (31,8 billones de dólares), China (20,6 millones), las dos primeras del ranking son las dos economías más influyentes del planeta.

España vuelve a colocarse por delante de México, Australia o Corea del Sur, que en 2022 le superaban en el ranking. Por delante se encuentra Brasil, con un PIB de 2,29 billones de dólares, pero con una renta per cápita cuatro veces inferior a la española. La diferencia radica en que Brasil tiene 160 millones de habitantes más que España. Se prevé que la población española aumente en 3 millones de habitantes entre 2024 y 2030, y ese aumento, producto de la inmigración, hará que el PIB de España sigan creciendo los próximos años. La economía española sigue mostrando un tono expansivo que supera la media de las economías desarrolladas gracias al crecimiento demográfico que alimenta la creación de empleo y esa fuerte creación de empleo ha permitido absorber de forma eficaz a los cientos de miles de inmigrantes que han llegado a España, algo que no han logrado países punteros como Finlandia o Suecia, donde la llegada de extranjeros se está transformando en un goteo constante de desempleo. Es cierto que buena parte del trabajo que se crea es en hostelería y turismo, pero no hay que olvidar que España es el segundo país más visitado del mundo y ya ha batido un récord de llegadas y gasto de turistas internacionales con 96,77 millones de visitantes y 134.712 millones de euros en 2025. Este tipo de crecimiento extensivo es importante para lograr una expansión agregada del PIB, pero no garantiza que otros indicadores, como los salarios reales, crezcan al mismo ritmo porque el salario refleja la productividad del trabajador, y solo una economía más productiva puede permitirse unos salarios mayores. Pese a todo, el crecimiento extensivo es mejor que no presentar ningún crecimiento. Se opta por la inmigración para mantener la expansión del mercado laboral, pero la regulación y los cuellos de botella no permiten la construcción de vivienda necesaria para acoger a una población que aumenta en casi 500.000 personas cada año. Es un hecho que la economía española a nivel macro está presentando un comportamiento notable, pero la lectura de los datos del paro del pasado mes de enero arroja una sombra de duda sobre la situación del mercado de trabajo, y no es otra que la fragilidad estacional de un mercado de trabajo demasiado expuesto a ciclos cortos y a la temporalidad elevada en sectores clave como el turismo, el comercio o la agricultura. La pérdida de más de 270.000 afiliados a la Seguridad Social en enero nos recuerda que el mercado laboral español se apoya en un suelo inestable, con mucha precariedad en el trabajo y con muchos sueldos que apenas permiten llegar a fin de mes.

Según los datos de la Contabilidad Nacional, la economía española encadena cinco ejercicios consecutivos de incrementos, tras la histórica caída registrada en 2020 por el covid 19. De esta forma, el PIB de España seguirá liderando el crecimiento entre las economías avanzadas y lo hará, además, duplicando al conjunto de la zona euro. La economía española está creciendo por encima del 2%, lo que está permitiendo que el país reduzca su déficit y su deuda públicos sin la necesidad de acometer recortes del gasto público. Pero, pese a esos buenos datos macro, ¿podemos afirmar que la economía española va bien?

Según BBVA Research, los ingresos públicos crecieron de manera sólida y se mantuvo la contención del gasto, lo que indica una evolución positiva en el proceso de consolidación fiscal de 2025. BBVA Research calcula que el déficit público se redujo hasta el 2,4% del PIB en 2025, gracias al impulso cíclico de una economía en crecimiento, y el cumplimiento de las reglas fiscales situaría el déficit español en el 2,1% en 2026 y el 1,7% en 2027. El servicio de estudios de BBVA espera que la ratio de la deuda sobre el PIB mantenga una senda decreciente y se situaría en torno al 96,6% a finales de 2027, ya que el cumplimiento de las reglas fiscales debería favorecer una reducción gradual de la deuda pública.

¿Es elevado el déficit público? ¿Y la deuda pública? ¿Y el gasto público? El déficit público mide cada año la diferencia negativa entre ingresos y gastos, es decir, se da cuando la administración gasta más dinero que el que ingresa, en este caso tiene que encontrar la manera de financiar ese desfase. La vía más utilizada es la emisión de deuda pública. El Tesoro coloca en los mercados financieros bonos, letras y otros instrumentos con distintos plazos de vencimiento, y a cambio obtiene los recursos necesarios para cubrir el déficit. Por tanto, el déficit se paga con deuda pública, que es el conjunto de préstamos acumulados por el Estado a lo largo del tiempo para financiar sus déficits. La deuda pública se suma a la deuda anterior y se suma al déficit del año. Por otro lado, el gasto público es el conjunto de gastos que el Estado realiza en un periodo determinado, como sanidad, educación, pensiones o infraestructuras. Los tres conceptos son fundamentales para entender la situación económica del Estado y su capacidad de pago.

La economía española aumenta su tamaño y con ello crece también el gasto público, que en 2024 superó por primera vez la barrera de los 700.000 millones de euros. La protección social, que incluye las pensiones, es la que más pesa sobre el total. Esa cantidad la desembolsa el Estado y es fundamental para el bienestar social y el desarrollo económico del país. Ese gasto supuso el 45,5% del PIB, siendo el gasto público per cápita de 14.767 euros. Se prevé que ese gasto público supere en 2025 los 800.000 millones de euros. Este gasto está vinculado a la presión fiscal y se financia principalmente a través de los impuestos que pagamos. Los cinco países de Europa que tienen mayor gasto público respecto a su PIB son: Francia (56,5%), Finlandia (53,7%), Bélgica (52,2%), Dinamarca (51,9%) y Noruega (50%). En todos ellos el llamado Estado del bienestar es fuerte y el gasto eficiente. Podemos concluir que la economía de un Estado va bien cuando ese Estado puede aumentar el gasto público para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos.

El autor es economista