Otro organismo estatal, en esta ocasión la AIReF, se vuelve a alinear de manera descarada contra las personas trabajadoras. En esta ocasión, apuntando directamente contra nuestra salud, con un informe que, lejos de proteger a las personas, se alinea desvergonzadamente con la patronal.

La reciente evaluación de la AIReF sobre la incapacidad temporal (IT) vuelve a caer en un patrón demasiado conocido: señalar a la persona trabajadora como sospechosa de fraude permanente, vaga y responsable voluntaria de un absentismo sin causa, mientras se pasa de puntillas por los verdaderos problemas estructurales del mercado laboral y del sistema sanitario.

El informe insiste en que la incidencia de las bajas ha aumentado y que existe un riesgo de sobreutilización. Pero omite un hecho esencial: las condiciones laborales en España se han deteriorado de forma sostenida: ritmos de trabajo más intensos, plantillas reducidas, precariedad, estrés, enfermedades mentales en auge y un sistema de prevención insuficiente. A lo que añadir una cada vez más deteriorada sanidad pública, incapaz de abordar los cuidados de salud en los tiempos que el trabajo lo exige: no es infrecuente encontrar personas trabajadoras en interminables listas de espera, sin conocer su diagnóstico y, en consecuencia, sin recibir el oportuno tratamiento. En este contexto, culpar al trabajador de usar demasiado la IT es tan injusto como simplista.

La AIReF habla de un esquema principal‑agente que genera incentivos perversos. Desde Solidari, nuestra lectura es otra: el verdadero problema es que el sistema sanitario está desbordado y las empresas, por lo general, no asumen su responsabilidad en la salud laboral.

También se queja de que muchos convenios complementan la prestación hasta acercarla al salario habitual, insinuando que esto incentiva las bajas. Pero esta interpretación ignora la realidad cotidiana: nadie elige enfermarse, y menos aún perder ingresos. Los complementos salariales no son un lujo, sino un mecanismo de protección para evitar que una enfermedad temporal empuje a un trabajador a la pobreza. La interpretación que hace la AIReF se aleja de la interpretación del cuidado de la salud de los trabajadores que propugna el TJUE, a la vez que presentar estos complementos como un problema es, realmente, un ataque a la lucha sindical pasada que logró obtener unos derechos con sangre, sudor y lágrimas; es no tener memoria (o, quizás, tener demasiada memoria); y es, de plano, un ataque directo a la negociación colectiva.

Y, no contentos con todo eso, pone la mayor lupa en la estabilidad contractual, al sostener que la conversión de contratos temporales en indefinidos incentivan los procesos de IT en las personas trabajadoras. Esta conclusión nos parece profundamente preocupante, al explicitar que la precariedad contractual es un mecanismo de control disciplinario en lugar de considerar el fenómeno del presentismo, aun con problemas de salud, un verdadero problema de productividad para las empresas: si un trabajador con contrato indefinido se atreve a coger una baja cuando la necesita, eso no es un fallo del sistema: es un avance civilizatorio.

En Solidari nos causa gran extrañeza que en esta sesuda reflexión (la misma que se hace desde la patronal desde siempre) haya un gran ausente: la crisis del sistema sanitario. La AIReF menciona las listas de espera, pero lo hace de forma tangencial. Pero esta circunstancia explica en gran parte el problema porque provoca prolongaciones en el diagnóstico y tratamiento de los procesos de enfermedad (también de los que precisan de IT) que padecemos las personas en forma de procesos que se alargan porque el sistema no puede responder a tiempo (retrasos en pruebas diagnósticas, falta de especialistas, atención primaria saturada…). Entendemos que, sin un refuerzo real de mejora del sistema sanitario, cualquier intento de optimizar la IT será un parche que recaerá sobre los trabajadores.

La propuesta de la AIReF: sistemas de información integrados y algoritmos para detectar desviaciones. Vamos, convertir la tecnología en un instrumento de vigilancia que presione al trabajador o al médico para acortar bajas sin criterios clínicos. La salud no se gestiona con alertas automáticas.

Frente a todo este despropósito, entendemos en Solidari que lo que procede es la implicación de las empresas en una real (y no meramente formal) política de prevención de riesgos laborales (incluidos los riesgos psicosociales), con adaptación real de puestos de trabajo a las situaciones de imposibilidad temporal de su desempeño; a la vez que exigimos políticas de mejora de nuestro sistema sanitario público para que las enfermedades que padecemos las personas sean correctamente tratadas, a tiempo y durante todo el tiempo necesario, con los medios humanos y materiales necesarios, sin injerencia para ello de agentes externos y defendiendo la autonomía clínica de los profesionales sanitarios. A la vez que propugnamos extender y mejorar las garantías salariales en materia de IT para garantizar que enfermar no empobrezca a la persona trabajadora. Y, desde luego, en ningún caso culpar al trabajador por padecer una enfermedad necesitada de baja médica: la IT no es un coste a contener sino un derecho a proteger.

Los autores son miembros de la Coordinadora Provincial de la asociación sindical Solidari