50 años de la mayor goleada en El Sadar

El 23 de marzo de 1969 Osasuna apalizaba por 11-1 al Binéfar en partido de Liga de Tercera División; un día en el que debutó y marcó Ostívar a un portero, Vera, que tuvo que elegir entre seguir en el calabozo o jugar al fútbol

09.02.2020 | 01:58
En la imagen, una salida por alto de Vera, y sobreimpresa, la crónica del partido publicada en el diario 'Unidad'.

El 23 de marzo de 1969 Osasuna apalizaba por 11-1 al Binéfar en partido de Liga de Tercera División; un día en el que debutó y marcó Ostívar a un portero, Vera, que tuvo que elegir entre seguir en el calabozo o jugar al fútbol

pamplona - Podían haber sido, 12, 13 o 14. Como subrayaban las crónicas, el árbitro anuló tres goles, hubo al menos dos pelotazos contra el palo y el Binéfar aguantó como pudo con nueve jugadores sobre un campo pesado y que se le hacía tan largo como una pista de aterrizaje. Aquella tarde, los rojillos descargaron toda la munición contra un rival débil, el chivo expiatorio ante las críticas que Osasuna había recibido después de un mes sin ganar, derrotado en Mutriku (2-0) y sin pasar del empate en Barbastro (1-1). Esos eran algunos de los rivales que el club pamplonés encontró en la temporada 1968-69 en el duro retorno después de 19 años a Tercera División. También estaban Aragón, Calahorra, Ejea, Chantrea y Oberena. Tiempos duros para un equipo que cinco años atrás competía contra Real Madrid y Barcelona. Así es el fútbol.

Para Osasuna aquella temporada supuso una cura de humildad. También la entrada en un bucle de ascensos y descensos del que tardaría 11 años en salir: tanto tiempo costó aprender la lección. Aquel retorno al fútbol de pueblo, de barrio, al campo de gradas humildes, no fue tan fácil como pueden dar a entender los ocho puntos de ventaja final sobre el segundo clasificado (Real Unión) o la cifra de 103 goles marcados. Todavía hubo que sellar el billete de retorno a Segunda en una promoción de doble partido más desempate contra el Sant Andreu (entonces San Andrés).

Por entidad propia y comparado con el potencial de la mayoría de sus rivales, Osasuna fue bautizado como el Real Madrid de la categoría. Todos esperaban la visita de los rojos y de su fiel hinchada para obtener una buena taquilla; también el partido en Pamplona para jugar en un estadio recién estrenado como El Sadar. Ahí puso sus pies el Binéfar el 23 de marzo de 1969. Hoy, cincuenta años después, aquel partido es tan memorable como los disputados ante Barcelona, Madrid, Ajax, Stuttgart o Hamburgo.

el partido

Un rival menor

"Esperábamos media docena de goles..."

Era la jornada número 27, el Binéfar llegaba a Pamplona en decimosexta posición, a 22 puntos de Osasuna y como sexto equipo más goleado de la categoría. La hinchada decidió quedarse en casa y la asistencia fue pobre. ¡Ellos se lo perdieron!

El entrenador rojillo, el vizcaíno Juan Ochoantesana Milicua (Juanito Ochoa en el mundillo futbolístico), alineó a: Luquin; Calvo, Ederra, Mañú; Santamaría, Arroyabe; Ucín, Ostívar, Fanjul, Pita y Serafín. Solo dos cambios respecto al anterior partido: Santamaría por Lasa y Ostívar por Jordana.

Osasuna se desató pronto: en el minuto 5 ya ganaba gracias a un remate de cabeza de Ucín a pase de Serafín. Antes del descanso marcaron Fanjul (m.11), Ucín de nuevo (m.27) y Pita (m.43). En las filas del Binéfar, Rabassa sufrió un fuerte golpe en el tobillo en el minuto 6 y aguantó la primera parte pero sin poder intervenir. Más tarde también Oliver sufrió una fuerte contusión. Con ventaja en todos los órdenes, el segundo tiempo supuso un sinvivir para el encargado del marcador: 5-0, 53 m.: Fanjul. 6-0, 55 m.: Serafín, de penalti. 7-0, 58 m.: Ostívar. 8-0, 62 m.: Arroyabe. 9-0, 80 m.: Serafín. 10-0, 84 m.: Ucín. 11-1, 89 m.: Ederra. El gol del Binéfar, el 10-1, lo cargaron en la cuenta del guardameta Luquin, que, por falta de actividad esa tarde, debió hacerse un lio con la pelota una de las pocas veces que esta cayó por su área.

Las crónicas elogiaron tanto el buen juego y la ambición de los rojillos como el comportamiento honesto y limpio del Binéfar. "Esperábamos media docena de goles", asumió Juan José Ara, preparador accidental decían del cuadro oscense, además de delegado si la ocasión lo requería e incluso ayudante del masajista.

el debut

Ostívar llega para quedarse

Marcó 7 goles en sus 5 primeros partidos

La efeméride es doble. Ayer también se cumplieron 50 años del debut de Juan Jesús Ostívar con Osasuna. Tenía 19 años y desde los 17 ya llamaba la atención por su carácter y sus actuaciones en el Azkoyen de su Peralta natal en Primera Regional, entonces la categoría más alta en Navarra. En septiembre de 1967 le marcó cuatro goles al San Juan en Pamplona (3-4), la mejor publicidad para aquel crío rubio que a final de temporada fichó por Osasuna para jugar en el Promesas. Antes realizó una prueba con el equipo amateur del Real Madrid.

No pudo elegir mejor día para su presentación en El Sadar. El público le recibió con los brazos abiertos. El chico buscó su golito con tanta insistencia que la grada coreó su nombre para que fuera el encargado de lanzar el penalti que supuso el 6-0, pero Serafín tiró de galones. Poco después le llegaría su premio.

Ochoa habló así de Ostívar tras el encuentro: "Está siempre encima del balón, busca su oportunidad, no se desanima nunca y dispara con la izquierda muy bien". La prensa decía que el muchacho tenía hambre de gol. Y un genio que todavía trataba de domesticar: jugando con el Azkoyen fue suspendido durante 16 partidos por tener más que palabras con un árbitro que le había expulsado.

En el siguiente partido con Osasuna Ostívar marcó dos goles en Ejea (0-3); quince días después le hizo otro al Chantrea (0-2) y enmarcó su primer triplete una semana después ante el Huesca (5-1). Una hazaña que repetiría más adelante contra el Arenas de Zaragoza (8-0). Los diez goles con los que terminó esa Liga fueron los primeros de los 116 que celebró en sus 322 apariciones con Osasuna.

Pretendido por equipos de Primera, salió del club en 1978 cuando su fútbol comenzaba a declinar. El derecho de retención mató su progresión, como la de tantos otros a los que ataban los clubs de por vida. Como un presagio, el 27 de noviembre de 1975 publicó La Vanguardia unas declaraciones tras conocerse el interés del Zaragoza y de otros equipos por su fichaje: "Creo que terminaré mi carrera en Osasuna. No creo que me dejen marchar, ya que no hay otro jugador de mis características para sustituirme. Ahora tengo contrato hasta junio de 1976. Estaré en Osasuna hasta que me echen". Así fue.

la víctima

Vera sufrió la tormenta de goles

Estaba arrestado cuando le fichó el Binéfar

Otro de los protagonistas de esta historia es Vera, portero del Binéfar aquella tarde. Las crónicas fueron benévolas con él; dijeron que la mayoría de los goles que recibió eran imparables, pero también que "dio impresión de poca seguridad y de poca decisión en las salidas".

Vera alternaba en el marco del Binéfar con Mallén, un guardameta de Huesca. Además de por el accidente de Pamplona, su apellido aparece destacado en algunas de las crónicas de su equipo en aquella campaña, pero también como el titular del marco en el 7-1 que le endosó Oberena en la temporada 1969-70.

Su llegada en 1967 al club oscense es curiosa. Según relató Antonio Tobeña a este periódico, Vera, natural de Córdoba, estaba cumpliendo el servicio militar en Lleida, a unos veinte kilómetros de Binéfar. En el cuartel era conocida su condición de portero de fútbol. Al club llegaron noticias de él por un mando militar que era familia de Tobeña. "Cuando llegamos al cuartel para conocerle estaba arrestado en el calabozo. Mi pariente le dijo: o juegas con ellos o no sales de aquí", rememora el veterano aficionado, memoria viva del CD Binéfar.

"Era un buen portero. Contaba que en Córdoba llegó a disputarle el puesto a Miguel Reina (padre)", aporta Tobeña. Concluido el servicio militar dejó el Binéfar y se perdió su pista.

el trigoleador

José Ucín, parada y fonda

Un delantero que marcó en el Camp Nou con la Real

José Ucín Juaristi, natural de Azkoitia y formado en el Anaitasuna de la localidad guipuzcoana, fue aquella tarde el delantero más eficaz, anotando un triplete. No le dio, sin embargo, para pasar a la historia del club y del nuevo estadio: Alfonso Fanjul había firmado el primer hat-trick ante el Lleida (5-0, el 17 de diciembre de 1967) y él solo le marcó cinco al Mutriku (6-0, el 6 de octubre de 1968), un hito que nadie ha repetido desde entonces.

Ucín había llegado en verano procedente de la Real Sociedad (antes jugó con el Eibar y el Sanse) con la que disfrutó de un debut de esos en que hay que guardar los recortes de prensa: salió como titular en el Camp Nou ante el Barcelona en partido de Copa y aunque perdió por 6-1 suyo fue el único gol donostiarra. Jugó dos temporadas en Osasuna en las que intervino en 53 partidos oficiales y anotó 17 goles (13 y 4).

la plantilla

Experiencia, juventud y refuerzos

Ayer y hoy de los del 11-1

Osasuna dejó de lado cualquier proyecto de transición y salió a competir aquella temporada con una plantilla muy potente, con perfil de Segunda división. Conservó a sus mejores elementos (Fanjul, Ederra, Luquin, Pita, Santamaría?), buscó refuerzos de cierta altura (Ucín y Lasa, de la Real Sociedad, además del retorno de Serafín tras su paso por Deportivo, Levante, Barcelona y Murcia) e incorporó a jóvenes prometedores (Ostívar, Mañú, Calvo?). De aquel grupo, Alfonso Fanjul y Javier Ederra debutarían en Primera División; el delantero con el Sporting de Gijón y el defensa con Burgos y Granada.

La capacidad deportiva de aquel grupo daba para haber asentado a Osasuna en Segunda en años posteriores, pero el club entró en una dinámica de ascensos y descensos que cortó (unido al derecho de retención) la trayectoria de algunos futbolistas.

Luquin es en la actualidad el presidente de los Veteranos de Osasuna; Ederra regentó una tienda de deportes; Mañú, un pequeño bar en Tafalla; Ostívar estuvo empleado hasta su jubilación en las oficinas de Osasuna; Fanjul trabajó en un banco y como entrenador dirigió a Osasuna Promesas, consiguiendo el primer ascenso a Segunda B; Serafín era propietario de una cafetería en Villafranca; Pita, afincado en su Ferrol natal, se casó con una pamplonesa y conserva fuertes vínculos familiares con la ciudad. Arroyabe murió cuando practicaba ciclismo; también Ucín, Aguirre y los guardametas Marcos y José Antonio Astráin fallecieron. Eran los del 11-1.