Real Madrid - Osasuna | Calor contra el agua fría
La afición arenga a Osasuna de principio a fin, pese a los goles en contra, la caída de una valla y un cuestionable arbitraje
Al osasunismo le cayó un jarro de agua fría con el gol de Rodrygo cuando todavía no se había consumido el segundo minuto de juego de la final de Copa. Pero como a la afición del conjunto navarro le va la marcha, como lleva demostrando desde el pasado jueves por las calles de Sevilla, hizo un sobreesfuerzo para reponerse. De ese primer gol, de la caída de una valla tras el tanto del empate de Lucas Torró y de una segunda diana de Rodrygo, bestia negra ayer de Osasuna.
Relacionadas
Pese a todas las adversidades, también aquellas que sufrieron algunos osasunistas para llegar al estadio por culpa de una retención policial, la afición de Osasuna cumplió con lo que Jagoba Arrasate había prometido a sus jugadores. “No hace falta motivarles, con que vean cómo está la grada, vale”, dijo el técnico en la víspera de la final. Dicho y hecho. Porque las 25.000 gargantas rojillas que se congregaron en La Cartuja animaron de principio a fin.
Un mosaico espectacular en los instantes previos al partido tiñó media grada de rojo y azul. Hubo pitos al himno, al que interpretó Marta Sánchez y al que sonó con los dos equipos sobre el césped. También al rey Felipe VI, al menos de una gran mayoría de la hinchada de Osasuna. Y para el árbitro, un Sánchez Martínez que tiró más a favor del grande que del chico, aunque tampoco se le puede atribuir responsabilidad alguna en lo que respecta al marcador final.
Como ya ocurriera hace 18 años en el Calderón, Osasuna perdió otra final de Copa, la segunda, tras conseguir un empate infructuoso, aderezado esta vez con una avalancha tras el tanto de Lucas Torró que provocó que una valla cediera. El partido estuvo detenido y hubo una evacuación en camilla de un hincha rojillo, aunque alguno también tuvo que ser atendido.
Al final marcó Rodrygo y el título se fue a Madrid, pero en la grada ganó Osasuna. Ahora no sirve para mucho, pero tal vez dentro de 18 años sirva como experiencia. O tal vez no haya que esperar tanto para una nueva final. Para lo que no hubo que esperar es para que la afición y el equipo, casi fundidos en uno, se dieran un baño de masas mientras el rival celebraba el título. El físico, porque el triunfador moral fue otro: Osasuna.
