El análisis del Levante - Osasuna | 'Así es el fútbol, Sergio'
De la seguridad de Budimir al hundimiento mental de un Sergio Herrera que pasó de héroe a villano en diez minutos fatídicos
Resulta ingrato poner ante el pelotón de fusilamiento de la opinión pública a un tipo como Sergio Herrera. Ha dado tantos puntos a Osasuna, ha sostenido tantas tardes al equipo cuando este se quedaba sin argumentos, ha sido tan protagonista para bien, que duele señalarle en esta derrota, en este regalo inesperado para el Levante, en esta quema de aspiraciones para obtener una plaza en Europa. El guardameta rojillo, el segundo con más partidos defendiendo el marco en la historia del club, arruinó el excelente comienzo de partido, con dos goles de ventaja para el minuto 11. Porque no fue solo que se ganara la expulsión con una salida atolondrada a medio campo que remató tocando el balón con la mano, es que también tiene responsabilidad en los dos primeros tantos del equipo granota.
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En el 1-2, la pelota le bota en el área pequeña delante de su corpachón sin que haga ni ademán ni intención de sacarla de la zona de peligro; en el 2-2, tanta fortuna tiene Víctor García en su centro-chut como complicidad el portero de no atajar un balón que llevaba más comba que potencia. Fue así como en el corto margen de cuatro minutos Sergio Herrera se convirtió en cooperador necesario de la remontada del Levante. No me extraña que después de su falta de actividad en esas dos acciones estuviera masticando su responsabilidad en el giro de 180 grados que dio el partido. No encuentro otra explicación para entender su autoexpulsión, una salida física del partido porque mentalmente ya hacía unos minutos que se había ido mentalmente del escenario. Incluso daba la impresión, cuando caminaba a la caseta, que más que enfadado estaba liberado de no seguir en el campo. Luego, tras el encuentro, quiso dar la cara ante el micrófono de televisión, pero tampoco estuvo muy acertado en sus declaraciones, porque empleó más tiempo en buscar excusas sobre el estado del césped que en pedir disculpas por bajar al equipo de la nube en la que estaba a la media hora de juego.
Sergio Herrera tuvo una mala noche, pero tampoco sería justo que sostuviera en solitario la responsabilidad de la derrota. En el primer gol del Levante, Víctor García aprovecha la debilidad del marcaje de Rubén García en el segundo palo. Previamente Carlos Espí ya le había ganado en dos ocasiones el balón por alto a Catena, una de ellas la que dio origen al saque de esquina, origen del 1-2. El central también peca de falta de tensión en el balón largo que disputa con Espí, confiando en la salida del marco de su compañero con guantes, decisión fatal a fin de cuentas. Para ese minuto, la producción de fútbol de Raúl Moro ya era mínima y a Aimar Oroz ya lo había cosido a golpes convenientemente Dela ante la pasividad arbitral. Por eso, no fue extraño que Lisci retirara al centrocampista cuando los rojos quedaron en inferioridad numérica. Tampoco que el árbitro, Munuera Montero, se desentendiera del posible penalti a Catena en el minuto 91: el defensa Toljan no despeja el balón sino la tibia del 24 rojillo.
Osasuna se deja remontar en un partido calamitoso (3-2)
Sin Herrera en el campo y con la amenaza latente de la remontada durante la segunda parte, Osasuna solo apostó por defender, sin apenas cruzar el medio campo. Aitor Fernández, inédito en un partido de Liga desde marzo del pasado año, demostró que la inactividad puede menos que su profesionalidad y realizó intervenciones de mérito. No pudo, sin embargo, rechazar el remate a gol de Etta Eyong, en una laguna defensiva cuando Lisci había puesto en escena a todos los defensas que podía.
Osasuna nos tiene acostumbrados a estas cosas: de la nada al todo, del todo a casi nada; de tocar el séptimo puesto a seguir echando cuentas; de tener un portero con capa de héroe a transformarse por una noche en villano. Así es el fútbol, Sergio.
