Osasuna vuelve a llegar a una última jornada con la permanencia en juego, una situación que recuerda a dos de los episodios más dramáticos de su historia reciente. Las dos últimas ocasiones que el conjunto rojillo afrontó el cierre liguero en un escenario de vida o muerte dejaron desenlaces opuestos. La cruz del descenso a Segunda División en 2014 y la cara del milagro de Sabadell en 2015, cuando un gol en el minuto 90 de Javi Flaño evitó la caída a la antigua Segunda B.

El 18 de mayo de 2014 permanece como una de las tardes más crueles que se recuerdan en El Sadar. Osasuna llegaba a la última jornada de Primera División sin depender completamente de sí mismo para prolongar su estancia un curso más en la élite del fútbol español. Necesitaba ganar al ya descendido Real Betis y esperar además resultados favorables en otros campos, principalmente en los encuentros del Getafe, Almería y Granada.

El equipo navarro hizo su trabajo. Oriol Riera adelantó a Osasuna y poco después Javier Acuña puso el 2-0 en un partido marcado además por el derrumbe de una valla en el fondo sur durante la celebración del primer tanto, un accidente que obligó a detener el encuentro durante varios minutos. El Betis recortó distancias en la segunda parte, pero el marcador ya no se movió y Osasuna ganó 2-1.

Sin embargo, las noticias que llegaban desde otros estadios no eran esperanzadoras y condenaron igualmente al conjunto rojillo. El Getafe ganó en Vallecas en el descuento (1-2), el Almería empató sin goles ante el Athletic y el Granada asaltó Valladolid (0-1), resultados que dejaban sin efecto la victoria navarra. Los rojillos, en 18ª plaza, fueron condenados con 39 puntos, mientras que el Almería, 17º, salvó los muebles con 40. El descenso se consumó pese al triunfo y El Sadar pasó de celebrar una posible salvación a asumir el golpe de regresar a la categoría de plata después de catorce años consecutivos en Primera División.

Pero lo peor todavía estaba por llegar, aunque se saldó con un final feliz. La temporada 2014/2015 se convirtió en una lucha desesperada por evitar el descenso a Segunda B. Osasuna convivió con una situación económica límite y llegó a la última jornada jugándose la supervivencia deportiva del club. Después de desplomarse desde la jornada 23 -cuando marchaba en la novena plaza- hasta caer en puestos de descenso en el tramo final del curso. 

La salvación se decidió el 7 de junio de 2015, en la Nova Creu Alta ante el ya descendido Sabadell. A Osasuna le bastaba un empate para mantenerse en Segunda, pero el partido comenzó de la peor manera. En apenas 17 minutos perdía 2-0 y el fantasma de la Segunda B parecía inevitable.

Entonces apareció un joven David García, que recortó distancias en el minuto 77 y el conjunto rojillo se volcó sobre la portería catalana en busca de un gol que valía una permanencia. Ya en el minuto 90, Javi Flaño cabeceó a la red el 2-2 definitivo que desató una celebración histórica entre los cerca de 2.500 aficionados desplazados a Sabadell.

De este modo Osasuna evitó una caída que podría haber cambiado completamente la historia reciente del club. En poco más de doce meses, el equipo pasó del descenso en Primera a salvarse en Segunda con un gol en el último minuto. La cara y la cruz en las dos últimas ocasiones que Osasuna se ha jugado la vida en la última jornada.