De forma muy atinada, este periódico publicó en 2018 una semblanza de José Antonio Asiáin Ayala titulada El hombre que siempre estuvo allí. El hilo conductor de aquel artículo era la extensa trayectoria de Asiáin en Caja Navarra, donde ocupó todos los cargos importantes que quepa imaginar. No menos extensa ha sido la carrera política de Asiáin –si es que la Caja pudo separarse alguna vez de la política–, que lo ha sido casi todo: vicepresidente, consejero de Presidencia, de Hacienda, letrado de Diputación, asesor... y también fue el primer letrado mayor del recién inaugurado Parlamento de Navarra.
El hombre que siempre estuvo allí. “Ocupé el cargo con honor, y no por mérito, pues mi único mérito fue haber sido el único letrado de Diputación que no se opuso a ocupar el cargo”, recordó, ayer, con gracia. Era abril de 1979 y Asiáin tenía 30 años.
Anécdotas aparte, Asiáin compareció para exponer su análisis sobre la posible reforma del Amejoramiento, texto que él mismo ayudó a redactar. Primero, dijo no sentir un verdadero clamor social por la reforma. “Yo, cuando voy por ahí de cena o de vinos, mis amigos no me preguntan, qué, ¿cómo va la reforma del Amejoramiento?”, bromeó, casi al final. Opinó que, en todo caso, la reforma tendría que contar con un respaldo social y político amplio, y debería excluir todo aquello que Navarra, en función de su autonomía, pueda regular mediante ley forla. Lo contrario, dijo, es someter aspectos competencia de Navarra al acuerdo con el Estado, algo no necesario. En su forma de ver las cosas, la reforma no debería incluir cartas de derechos ni formulaciones que son “bienintencionadas”, pero poco más. “La ciudadanía sabe que los problemas digamos reales, como la vivienda o las listas de espera, no se van a solucionar cubriendo una laguna en la ley”, comentó.
Y tampoco ve necesario someter la reforma a un referéndum, pues el actual sistema ha demostrado, dijo, que permite una representación y una alternancia política sin traumas.