Al hablar de enfermedades cardiovasculares hablamos de problemas relacionados con el corazón y los vasos sanguíneos. Entre ellos están las cardiopatía coronarias –que afectan a las arterias que irrigan el corazón, pudiendo provocar infartos y anginas de pecho–, las enfermedades cerebrovasculares –que incluyen accidentes cerebrovasculares (ictus) tanto por isquemia como por hemorragia–, la insuficiencia cardiaca –se produce cuando el corazón, concretamente el miocardio, no puede bombear sangre de manera eficaz–, las arritmias –alteraciones del ritmo cardiaco–, y las enfermedades vasculares periféricas –afectan a los vasos sanguíneos de las extremidades–.
El riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares está determinado por una serie de factores que pueden combinarse entre sí. Expertos de noVadiet nos muestran los principales y nos enseñan ciertos hábitos y estilos de vida que podemos adoptar para minimizarlos:
Edad, sexo y antecedentes familiares
Con el paso de los años, las arterias pierden elasticidad y pueden endurecerse. Los hombres suelen presentar un mayor riesgo en edades tempranas, mientras que en las mujeres el riesgo aumenta tras la menopausia.
Hay que tener en cuenta que, si los padres han sufrido infartos, ictus o han sido diagnosticados con cardiopatías, el riesgo se incrementa. Como no podemos cambiar nuestro componente genético, la mejor manera de mantener un corazón sano si estamos en un grupo de riesgo es visitar al médico de manera preventiva y seguir sus consejos.
Hipertensión arterial
La presión arterial elevada somete a las paredes de los vasos sanguíneos a un estrés constante, lo que provoca microlesiones y favorece la acumulación de placas en las arterias.
Por este motivo, realizar chequeos regulares y seguir las indicaciones médicas, ya sea a través de cambios en el estilo de vida o en la medicación, es fundamental para mantenerse en niveles seguros y evitar el daño en las arterias a largo plazo.
Hiperlipidemias y diabetes
Niveles elevados de colesterol total, colesterol LDL o colesterol malo y triglicéridos, junto con niveles bajos de colesterol HDL o colesterol bueno pueden dar lugar a enfermedades coronarias.
Por su parte, tanto la diabetes tipo 1 como la diabetes tipo 2 –la más prevalente en la población adulta– incrementan significativamente el riesgo cardiovascular.
Teniendo en cuenta estos datos, es importante conocer y controlar los niveles de lípidos en la sangre, ya que el colesterol elevado favorece la aterosclerosis. Realizarse análisis con la periodicidad que estime el equipo médico es fundamental para saber en qué situación nos encontramos y cómo minimizar el riesgo cardiovascular si fuera necesario.
Tabaquismo y contaminación
El humo del tabaco contiene sustancias tóxicas que dañan la capa interna de los vasos sanguíneos, provocan inflamación y favorecen la formación de coágulos. De igual manera, la exposición a la contaminación del aire incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades del corazón. Mantener, en lo posible, una vida alejada del humo, tanto de manera activa como pasiva, así como caminar en la naturaleza y alejarse de los focos más contaminados, como el centro de las ciudades en hora punta, es una buena forma de cuidar nuestro corazón.
Sedentarismo
La falta de actividad física no solo contribuye al aumento de peso y la obesidad, sino también a la reducción de la masa muscular y de la capacidad del corazón para funcionar de manera eficiente. Para evitar el sedentarismo y mejorar la función cardiaca, los expertos aconsejan la práctica de ejercicio moderado de forma regular, con al menos 150 minutos semanales. Actividades como caminar, correr, nadar o andar en bicicleta, unidas a ejercicios de fuerza para el desarrollo muscular, en función de cada condición física, son fundamentales.
Dieta inadecuada
Una alimentación rica en grasas saturadas, azúcares y sal, y pobre en frutas, verduras, cereales integrales y grasas saludables incrementa la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiacas. Además, el exceso de grasa corporal, especialmente en el área abdominal, incrementa la carga de trabajo del corazón.
Los expertos de noVadiet señalan la importancia de la dieta mediterránea, ampliamente reconocida por la bibliografía científica por sus efectos protectores contra las enfermedades cardiovasculares.
Los complementos alimenticios, siempre con recomendación del médico o nutricionista, pueden ser de gran ayuda a la hora de mantener los niveles de ciertos nutrientes.
Por otra parte, el consumo elevado y habitual de alcohol, tóxico celular reconocido, tiene efectos nocivos sobre el músculo cardiaco y puede favorecer la aparición de arritmias.
Estrés crónico y mala calidad del sueño
El estrés prolongado eleva los niveles de hormonas como el cortisol, lo que puede incrementar la presión arterial, elevar la glucosa en sangre y favorecer la acumulación de grasa abdominal.
Por su parte, la falta de sueño o los trastornos del sueño, como la apnea obstructiva, están asociados con un mayor riesgo de hipertensión, obesidad y diabetes.
Con el fin de mejorar nuestro descanso y sentirnos más relajados, resulta muy útil introducir actividades como yoga, meditación guiada y técnicas de respiración. Apagar las pantallas al menos una hora antes de irnos a la cama y mantener la habitación fresca y ventilada también permite mejorar la calidad del sueño.