Síguenos en redes sociales:

Actividad física, la mejor medicina preventiva para todas las edades

La actividad física está emergiendo como una herramienta fundamental en el ámbito de la salud y en concreto en el marco de la Medicina Personalizada de Precisión, con potencial de transformar la prevención, el tratamiento y el abordaje de las enfermedades

Actividad física, la mejor medicina preventiva para todas las edadesFreepik

La aplicación de la actividad física adaptada a las características individuales y a las necesidades específicas de cada etapa del ciclo vital, desde la infancia hasta la edad avanzada, se consolida como un pilar fundamental para el desarrollo físico, cognitivo y emocional, así como para el mantenimiento de la funcionalidad y la promoción de la salud a lo largo de toda la vida. Así se ha puesto de manifiesto en la VIII Jornada Anticipando a Medicina del Futuro, organizada por la Fundación Instituto Roche, que cada año reúne a expertos de renombre para reflexionar y debatir sobre las áreas de conocimiento y tendencias que serán clave en la Medicina del Futuro.

En esta octava edición, los expertos han puesto el foco en tres temas de gran actualidad y amplio interés social: la actividad física, la salud mental y las estrategias antimicrobianas.

Actividad física

La actividad física genera importantes efectos en la salud física y mental de las personas al inducir adaptaciones a nivel fisiológico, celular y molecular. Se han identificado variantes genéticas que influyen en la respuesta individual a la actividad física, y se han descrito múltiples mecanismos moleculares, epigenéticos y fisiológicos que pueden ser modulados por su práctica regular. Es por ello por lo que, al realizar un mismo tipo de ejercicio, las personas pueden presentar respuestas diferentes debido a sus características individuales. Se estima que entre un 20% y un 50% de la variabilidad en la capacidad física –y en la posibilidad de mejorarla con la actividad física– se debe a la carga genética de cada persona.

Ejercicio físico de precisión

Estos procesos explican sus beneficios sobre la salud cardiovascular, metabólica, inmunológica, neurológica y mental, reforzando su valor como intervención personalizada y de precisión. Paralelamente, el uso creciente de tecnologías de monitorización, como los wearables, ha facilitado la recogida continua y en tiempo real de datos sobre los patrones de actividad física y estilo de vida.

Esta información, combinada con información procedente de las ciencias ómicas (genómica, proteómica, metabolómica, entre otras), así como con datos clínicos y ambientales, hacen posible el diseño de programas de ejercicio físico de precisión, personalizados y orientados a maximizar los beneficios para cada persona.

"La actividad física se posiciona como una intervención no farmacológica adaptable y con gran impacto"

En un contexto en el que la medicina del futuro avanza hacia modelos más preventivos, predictivos y participativos, la actividad física se posiciona como una intervención no farmacológica adaptable y con un impacto significativo en la salud pública. Porque la incorporación de la actividad física de precisión no solo mejora la salud a nivel individual, sino que tiene un impacto directo y significativo en la salud de la población y puede contribuir a la sostenibilidad y eficiencia del sistema sanitario en su conjunto, gracias a su papel para la prevención de enfermedades.

En particular, tal y como declara el profesor Alejandro Lucía, catedrático de Fisiología del Ejercicio e investigador de la Facultad de Medicina de la Salud y del Deporte de la Universidad Europea de Madrid, reduce significativamente el riesgo de desarrollar diferentes enfermedades tales como cardiovasculares, metabólicas, neurológicas, musculoesqueléticas y ciertos tipos de cáncer.

Los beneficios

El ejercicio físico ha comenzado a consolidarse como un componente del abordaje integral del paciente oncológico, con aplicaciones clínicas en todas las fases del proceso: antes, durante y después del tratamiento. En términos de prevención, según indica Alejandro Lucía, la actividad física ha demostrado asociarse de forma significativa, con un menor riesgo (al menos entre un 10% y un 20%) de desarrollar varios tipos de cáncer en adultos, entre ellos, de mama, colon, endometrio, vejiga y estómago. 

El ejercicio realizado de forma regular también ofrece amplios beneficios en enfermedades no oncológicas, como las cardiovasculares. En concreto, induce la activación de mecanismos de señalización relacionados con la protección celular y la oxidación que pueden reducir entre un 30% y un 50% el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, y entre un 30% y 40% la mortalidad asociada. “En el caso del infarto agudo de miocardio, su práctica puede disminuir el riesgo entre un 26% y un 38%”, precisa.

Te puede interesar:

Asimismo, el profesor Alejandro Lucía recalca que, en insuficiencia cardíaca, el ejercicio disminuye un 15% el riesgo de hospitalización y muerte, y un 11% en el contexto de rehabilitación cardíaca.

No obstante, para lograr una implementación efectiva de la actividad física como herramienta preventiva y terapéutica de referencia, es necesario afrontar diversos desafíos, tales como la consolidación de la evidencia científica, la formación específica de usuarios y profesionales de la salud, la integración en la práctica clínica habitual y la concienciación de la sociedad sobre su valor estructural dentro del modelo de atención sanitaria.