“La genética carga el arma, el estilo de vida aprieta el gatillo”J.B.
Julio Basulto (Barcelona, 1971) es diplomado en nutrición humana y dietética y en su último libro Todos gordos (con perdón) expone las causas de la obesidad, al tiempo que aborda cómo prevenirla.
QUIÉN ES
Julio Basulto (Barcelona, 1971) es diplomado en nutrición humana y dietética. Es docente en diferentes instituciones y autor de numerosas publicaciones científicas. Su último libro Todos gordos (con perdón) expone las causas de la obesidad, al tiempo que aborda cómo prevenirla.
Terraplanistas, antivacunas… ¿Existen también negacionistas de la pandemia actual de obesidad? ¿Qué intereses mueve al negacionismo?
No creo que haya negacionismo de la obesidad porque es muy obvio. Aunque sí hay negacionistas del abordaje correcto de la obesidad, a veces por desconocimiento, pero en la mayoría por intereses promocionales, para ganar seguidores o fama, o por dinero, como es el caso de la industria alimentaria.
Hasta mediados del siglo XIX la suficiencia alimentaria era una expectativa. ¿Por qué 150 años después la obesidad es una pandemia?
El sedentarismo es una pandemia; España es de los países más sedentarios de la UE, y esto se une a la despiadada oferta alimentaria de productos malsanos accesibles, baratos y publicitados de manera agresiva, sobre todo, dirigidos a niños y colectivos vulnerables. Sumemos las desigualdades sociales. Además, la legislación no nos protege ante los intereses por mantener el analfabetismo nutricional, la agnogénesis nutricional, generación del desconocimiento nutricional. Tampoco tenemos tiempo para pensar y cocinar lo que vamos a comer. Esta sinergia de factores acrecienta una obesidad que se buclea en un círculo vicioso: personas obesas tendrán hijos con mayor riesgo de obesidad, con expectativa de futuro cada vez menos halagüeña.
'Todos gordos (con perdón)', el nuevo libro de Julio Basulto.
La evolución favoreció el metabolismo de acumulación en el 90% de la población. El 10% de delgadurrios, ¿son los únicos libres de obesidad, la genética les favorece?
La genética carga el arma, pero el estilo de vida aprieta el gatillo. Hoy, una persona con riesgo genético de obesidad pero en un entorno no obesogénico, con progenitores que no le obligan a comer y sin disponibilidad de alimentos malsanos, no desarrolla obesidad. El papel de la genética es pequeño si lo comparamos con el entorno como factor determinante. En un futuro podría cambiar, porque los hijos de los hijos de personas con obesidad podrían ir adoptando genes de obesidad de modo prácticamente irreversible.
"Un adolescente con obesidad tendrá riesgo de obesidad el resto de su vida"
Presenta la gordura como consecuencia de muchos factores. ¿Cuáles de ellos figurarían en el pódium de culpabilidad?
Muy pocos. Hablo del analfabetismo nutricional, de desconocimiento entre la población, pero en realidad no es culpa nuestra, porque no recibimos formación. ¿Quiénes diseñan los planes de estudios sobre la nutrición, quizá especialistas o nutricionistas? No. Lo hacen personas sin conocimientos o manipuladas por la industria alimentaria, los que yo denomino sanitarios negligentes. Cierto, existe una cierta responsabilidad individual, pero es mínima, porque nadie nos protege con indicaciones claras en los productos alimentarios ni se implementan impuestos a productos malsanos, porque el precio sí es un gran determinante.
“Niño/a gordo, adulto/a obeso”. ¿Se cumple el dicho? ¿Se enfrenta adecuadamente la creciente obesidad infantil?
No se enfrenta y los Gobiernos no hacen nada. El dicho es cierto, porque una vez que los adipocitos se crean en la infancia ya no se destruyen; disminuyen su tamaño, pero la célula grasa estará siempre disponible para guardar reservas; y si haces dieta volverás a ganar peso. Un adolescente con obesidad tendrá riesgo de obesidad el resto de su vida.
En el lenguaje coloquial, para muchos estar gordito y salud son hilos continuos, ¿el lenguaje blanquea la obesidad?
Desgraciadamente sí. Los estudios indican que las personas con hijos con obesidad los consideran en normopeso; y al revés, las personas con hijos en normopeso consideran que están muy delgados y los llevan al médico para que crezcan o coman más. Es una distorsión.
Al tiempo que la obesidad genera víctimas de entorno obesogénico, la sociedad discrimina y culpabiliza a la persona con obesidad, ¿afecta más a ellas que a ellos?
Afecta mucho más a mujeres que a hombres; ellas son las principales víctimas del contexto de negligencia generalizada. La mayor discriminación en España la sufren las personas con exceso de peso. Una persona obesa será discriminada no solo por la sociedad, sino también por su familia e incluso por profesionales de la salud, incluidos nutricionistas.
"La salud no se mide con báscula ni con cinta métrica, sino con hábitos saludables"
¿El movimiento body positive ayuda contra la gordofobia y a favor de la salud?
Sí, ayuda. La salud no se mide con báscula ni con cinta métrica, sino con hábitos saludables. Pero cuando parte de ese colectivo promueve la aceptación del cuerpo fomentando malos hábitos, hay que poner freno, como explico en el libro. Tiene que haber equilibrio entre aceptar el propio cuerpo y fomentar hábitos saludables, porque la obesidad comporta más riesgo, con menor esperanza y calidad de vida. Si todos necesitamos buenos hábitos, las personas con obesidad más aún.
¿Sirve para algo vivir esclavo de la balanza o del IMC?
En general para nada. La obsesión en la vida siempre produce frustración. En todo caso, en personas con trastorno alimentario el control periódico del peso puede prevenir la obesidad , porque si has ganado diez kilos pero no te has pesado será difícil revertir lo desconocido; si te pesas y eres consciente será más fácil controlarla antes de que sea irreversible.
¿La obesidad es solo estética, solo salud o ambas porque la salud mental también es afectada por la estética?
Es cuestión de salud; la estética existe por una sociedad que discrimina, incluidos sanitarios, a personas con obesidad. El tamaño del cuerpo es uno más de nuestros complejos sociales; entrar en el normopeso que quiere la sociedad es difícil y no garantiza necesariamente la salud, porque si con 100 kilos cumples todos los protocolos y disminuyes un 10% te quedas en 90kg, pero continúas en sobrepeso. En lugar de en la estética de difícil reversión, hay que pensar en salud y buscar estrategias de autoaceptación del cuerpo, altura, edad, etc.
Dieta saludable, ejercicio moderado y sueño reparador. ¿Es el triunvirato idóneo contra la obesidad?
Es mucho mejor no pensar en comer sano y más en no comer malsano. Por eso digo, no comas mejor, deja de comer peor. El sueño es importante, como el ejercicio, incluido el de fuerza. ¿Conseguirás así entrar en normopeso? probablemente no, porque es improbable que un obeso entre en normopeso y lo mantenga diez años después. De todas formas, ese triunvirato mejorará tu salud, autoestima y autoimagen. Un triunvirato al que añadir el seguimiento por un dietista-nutricionista que te oriente. En una sociedad que tan mal se alimenta, el control del peso en una persona con obesidad necesita seguimiento por nutricionistas, psicólogos, entrenador personal y un médico para que le indiquen y vigilen las comorbilidades de su obesidad.
Glúcidos y grasas indeseables, ayuno forzado, dieta restrictiva… ¿Obsesionarse con esto evita la obesidad? ¿La mejor dieta es no hacer dieta?
Sin lugar a dudas, la mejor dieta es no hacer dieta, ni creerse los despropósitos de quienes propalan justo lo contrario de lo que dice la ciencia. No hagas dieta, porque hacerla engorda; adelgazar a corto plazo hace perder masa muscular y ganar peso. Céntrate no en comer mejor, sino en no comer peor y basa tu dieta en alimentos vegetales y poco procesados. No creas en dogmas restrictivos de ayunos, ni que los carbohidratos son satanás y las proteínas el Santo Grial, o que la dieta Mediterránea o las pastillas naturales son una solución y no una entelequia, porque ante el galimatías mental que fomenta la industria alimentaria conseguirá su objetivo de que ante la duda te premies con comida malsana. De ahí el epígrafe del comemierdas, que a río revuelto, ganancia de la agroindustria.
Julio Basulto afirma que la mejor dieta es no hacer dieta.
Ozempic, wegoby… ya es común en las farmacias. Solución para diabéticos, pero ¿para los no-diabéticos en realidad no es un trampantojo?
Sí, lo es. En la mayoría de quienes lo utilizan es un peligro. Habría que usarlo con cautela sabiendo que es un fármaco de por vida y asumiendo los posibles efectos secundarios que pueden acompañar de por vida, y siendo consciente de que ha de que hacerse ejercicio de fuerza; porque su uso hace perder masa muscular y eso es un atajo para retornar a la obesidad. No tenemos estudios a largo plazo que justifiquen su eficacia y seguridad. Además, en muchos casos sus ensayos clínicos han sido planeados y diseñados por los propios fabricantes. Es decir, el conflicto de intereses pone bajo sospecha su total fiabilidad a largo plazo.
La obesidad ha saltado del ámbito personal al social, ¿qué podrían hacer las instituciones públicas para reducir la obesidad?
Muchas cosas. Primero, abaratar los productos saludables y aumentar su disponibilidad. Segundo, dificultar que comamos alimentos malsanos, aumentando su precio vía impuesto, reduciendo su disponibilidad y que no se haga tanta publicidad dirigida a niños. En tercer lugar, facilitar el ejercicio físico en el diseño de las ciudades y financiar centros para hacer ejercicio. Planificar políticas y actuaciones que dificulten el sedentarismo; por ejemplo, corregir que en un hospital sea difícil encontrar las escaleras pero muy fácil toparse con ascensores enormes o una escalera mecánica. Y en cuarto término, que las medidas que aborden los Gobiernos, educacionales, informativas o punitivas, sean integradas; no sirve de nada poner un parche.
Todos debemos aprender a sortear la obesidad, pero ¿a quién dirigiría con especial dedicación su plan frente a la gordura?
Sobre todo a quienes se sienten discriminados por la obesidad, sean mujeres, niños, adultos, tengan diabetes o no; a cualquier que se haya sentido señalado por el peso; a quien ha ido al médico y éste le ha dicho que deje de comer tanto, que tenga más fuerza de voluntad o “cómo quieres que te opere si no pierdes diez kilos”. Y en especial a las mujeres, porque a ellas les sucede más.